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Portada de la novela Desquicidamente

Desquicidamente

Sonia Kunt enfrenta un giro drástico en su existencia al verse forzada a abandonar su rol de villana para asumir el de heroína. Con el firme propósito de dejar atrás una ciudad marcada por la agonía y un romance no correspondido, intenta huir en busca de sus anhelos personales. Aunque anhela escapar del sufrimiento y rediseñar su porvenir en libertad, el destino intervendrá de forma inesperada, guiándola por un sendero que jamás llegó a imaginar.
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Capítulo 2

“Estúpido egocéntrico”

La mañana estaba lluviosa, el sonido de su celular lo tenía despierto desde muy temprano, al parecer en su empresa lo requerían a la brevedad.

— ¿Qué sucede?—preguntó una voz somnolienta.

—Nada, solo duérmete— ordenó él mirando por la ventana hacia la fría mañana.

— ¿Te irás verdad?

— Ya sabes que sí.

— Pero me dijiste que...

—Sé lo que dije— giró su cabeza y con voz burlona dijo:

— Puedes quedarte todo el día y disfrutar unas horas. El hotel es maravilloso.

— Al diablo con tu sarcasmo— dijo colérica — siempre es lo mismo contigo, me usas unas noches y luego te vas sin tener en cuenta mis sentimientos- se vistió rápidamente.

—Cariño, tranquilízate, te arrugarás– Contestó sarcástico.

—Esta es la última vez— gritó desesperada.

—Todas dicen lo mismo —dijo serio.

—Maldito estúpido egocéntrico, me las pagarás, ya lo verás.

Con una nueva amenaza, de la dulce Melody en sus labios, Pedro Rila se dirigió a su ciudad natal. Allí él había quedado al mando de la empresa de su difunto padre, Carola su madre se vio imposibilitada de tomar el mando de la empresa que juntos fundaron, sumiéndose en una tristeza profunda. Pedro se vio abrumado no solo por la repentina perdida de su padre, sino por su nula capacidad de ventas y administración de una empresa, pidió ayuda a sus seres más amados, en ese momento, sus amigos.

Aunque Pedro tenía las mejores intenciones, cundo se puso al mando de la empresa, él sabía que ese mundo no era para él, y dio rienda suelta a su tosca rebeldía que había controlado con la música, que ahora tenía más que prohibida en su vida. Él mismo lo había decidido así, él tenía vida social desde que su grupo musical había terminado, y a la música ya no la necesitaba, lo alejaba de la realidad, bueno al menos su madre se lo dijo hasta el cansancio y al final la semilla que planto en él tuvo fruto.

La realidad de la empresa era tan desastrosa como la vida actual de Pedro, estaba casi en banca rota y el socio que había comprado una parte del imperio Textil, nunca se tomaba la molestia de ir a ver cómo iba todo por allí, en realidad Pedro no lo culpaba, pues él si pudiera haría lo mismo.

"Sus planes debían cambiar"

Sonia estaba lista para irse, solo faltaba que su taxi llegara, ella no iba a abandonar sus planes de irse al exterior, nada en el mundo la haría cambiar de parecer.

— Creo que no me escuchaste ayer cuando dije que tus planes debían cambiar— le informó Carlos, que estaba parado en la entrada del hospital.

—Nada ni nadie me hará cambiar de opinión— dijo segura.

— Quizás yo si— Sonia no podía considerar lo que sus ojos estaban viendo.

— Papá— susurró, quedándose paralizada en el lugar. Hacía dos años que no tenía permitido ver a nadie, era parte de su condena, su padre fue la primera persona conocida que vio en estos dos años.

Roberto, las había abandonado a ella y a su hermana de pequeñas, pero en un intento desesperado por salvarla a ella, Elisa, su hermana menor, había dado con él.

— Merezco más que un par de ojos abiertos como platos, ¿no te parece?

Sonia mandaba señales a su cerebro de quedarse en su sitio, pero su cuerpo no obedeció y se abalanzó como una niñita a los brazos de su padre. Ambos sollozaron entre abrazos.

— Es la escena más tierna que he visto en años.— los interrumpió Lara Parker, la esposa de su padre y su abogada.

—Hola — saludó Sonia.

–Pero mírate– dijo Lara mientras tomaba la mano de Sonia para observarla a detalle– Estás hermosa.

-Gracias- fue la escueta y tímida respuesta.

—Vallamos a comer— sugirió Roberto.

— Muero de hambre– les informó Sonia.

Se dirigieron a un lugar tranquilo donde servían la mejor comida del pueblo, Sonia pidió un gran plato de pastas con queso, su favorito. Roberto, por su lado, pidió un gran trozo de carne asada. Lara, pensando en su figura bien cuidada, pidió una ensalada verde con una pechuga de pollo al vapor.

— Y bien, ¿para qué soy buena?— Preguntó Sonia.

—Sonia, no sé cuáles eran tus planes, pero tienes que saber que debes acompañarnos.

—Ni lo sueñes, allí no hay nada que me interese, en absoluto.

— No digas eso, señorita, allí, viven tu madre y hermana.

— Y no te olvides de la pequeña Sofía– intervino Lara. La pequeña niña era hija de Elisa.

— No me refería..., es decir...– Sonia optó por callar, la sola mención de su sobrina, la llenó de angustia.

— Te entendemos, hija.

— La cuestión es que no te queda opción, pues el abogado de Alex Broom quiere reunirse con nosotros– informó Lara.

— ¿Alex?- preguntó arrugando el ceño, el maldito Alex la había abandonado con la promesa que lo hacía por su propio bien— nada tengo que ver ya con ese señor.

— Estás obligada a ir, hija.

— ¿Quién lo dice?– preguntó molesta.

— Créeme debes estar en esa reunión— aconsejó Lara.

Sonia suspiró profundamente, ladeó la cabeza a un lado y dijo:

 — Está bien, iré.

— Perfecto— oyó decir a su padre.” Es hora de enfrentar el pasado.”

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