Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Deseo Oculto

Deseo Oculto

Samuel, un joven de veintiún años atrapado en la monotonía, descubre en la orilla del mar un extraño amuleto capaz de hacer realidad sus deseos. Aunque al principio usa este poder para resolver deudas y lujos, su ambición crece sin control. Pronto descubre que cada milagro conlleva un precio siniestro que no previó. Con su entorno desmoronándose, deberá encarar una verdad espeluznante y elegir qué sacrificar antes de que el objeto lo consuma por completo.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

El aire frío de la mañana se colaba por las rendijas de la vieja ventana mientras Samuel se preparaba para salir. Su vida, que hacía apenas unos días se sentía estancada, había dado un giro inesperado. La piedra, ese pequeño y extraño objeto que había encontrado en la playa, estaba cambiando todo. Desde recuperar su apartamento hasta una pizza gratis, todo parecía moverse a su favor.

Sin embargo, una pequeña inquietud le rondaba la cabeza. Aún no había pagado un verdadero precio por sus deseos, o al menos eso parecía. Pero esa duda la acallaba con el brillo de la piedra, que guardaba en su bolsillo como un talismán secreto.

Al llegar al trabajo, Samuel intentó concentrarse, pero su mente divagaba constantemente hacia nuevos deseos. Trabajaba como cajero en un pequeño supermercado, un empleo que odiaba, pero que no podía permitirse perder. Todos los días eran iguales: clientes que lo ignoraban, el tedio de la rutina, y lo peor de todo, su total invisibilidad para las mujeres. Desde la secundaria, Samuel había sentido el peso del rechazo. Siempre había sido "el chico agradable" al que nadie prestaba atención. Las chicas lo miraban como si fuera parte del mobiliario, y eso le había hecho cerrar las puertas al amor por mucho tiempo.

Hasta hoy.

La idea le golpeó de repente, mientras organizaba unas latas en el estante. ¿Por qué no probar algo diferente? Algo que nunca había tenido: atención, interés... amor. La piedra había hecho magia antes, y esta vez, podría usarla para algo más grande. Algo que, en su mente, cambiaría su vida para siempre.

Samuel sonrió para sí mismo, mirando a su alrededor. El supermercado estaba tranquilo, con unos pocos clientes. En la caja, dos de sus compañeras de trabajo, Laura y Miriam, estaban charlando y riendo, como de costumbre. Laura era todo lo que Samuel alguna vez había deseado en una mujer: carismática, con una sonrisa contagiosa y ojos grandes y expresivos. Pero ella ni siquiera lo miraba. Miriam, por otro lado, era más seria, pero igual de inalcanzable. Siempre estaba ocupada con su trabajo, sin prestar atención a nada más.

Samuel respiró profundamente, deslizó la mano en su bolsillo y sintió el calor familiar de la piedra. Cerró los ojos, concentrándose en el deseo que había anidado en su mente:

-Quiero que se peleen por mí -susurró para sí mismo-. Que las chicas aquí luchen por mi atención, que me busquen, que quieran estar conmigo.

Al abrir los ojos, el día continuaba como cualquier otro. Nada parecía haber cambiado, y por un momento, pensó que la piedra no había escuchado su deseo. Pero entonces, Miriam, que nunca levantaba la vista de su trabajo, se giró hacia él con una sonrisa extraña, como si de repente lo hubiera notado por primera vez.

-Samuel -lo llamó con una voz suave, inesperadamente dulce-, ¿te gustaría salir a almorzar conmigo después del turno?

Samuel se quedó paralizado por un instante. Miriam jamás le había hablado de esa manera. De hecho, apenas intercambiaban palabras que no fueran sobre el trabajo. ¿Era posible que el deseo estuviera comenzando a cumplirse tan pronto?

-Ehm... Claro, sí. Eso suena bien -respondió Samuel, tratando de no parecer demasiado sorprendido.

Pero antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, Laura se acercó. Su habitual despreocupación había sido reemplazada por una expresión de preocupación. Se paró justo delante de Miriam, mirándola con los ojos entrecerrados.

-Oye, espera un momento, Miriam -dijo con un tono desafiante-. Yo iba a invitar a Samuel a almorzar. Deberías dejar que él elija con quién quiere ir.

Samuel tragó saliva, sorprendido por la súbita tensión entre ambas. Esto jamás había sucedido antes. Las dos chicas se ignoraban mutuamente la mayor parte del tiempo, y ahora, de repente, parecían estar compitiendo por su atención.

-No creo que tú debas decidir por él -respondió Miriam, cruzando los brazos-. Samuel, ¿qué dices? ¿Te gustaría salir conmigo o con ella?

El corazón de Samuel comenzó a latir con fuerza. Apenas podía creer lo que estaba pasando. Había deseado atención, y ahora la tenía, pero la situación no era tan divertida como había imaginado. Algo en las miradas de Miriam y Laura parecía forzado, casi antinatural, como si una fuerza externa estuviera manipulando sus acciones. Pero, ¿y si eso era solo su imaginación?

Antes de que pudiera responder, Laura dio un paso adelante, acercándose más de lo que nunca lo había hecho. Su tono se volvió seductor, casi en un susurro.

-Samuel, siempre he pensado que eres interesante. No tienes que ir con ella. Puedes venir conmigo.

Miriam no perdió tiempo y lo tomó del brazo, tirando de él hacia su lado.

-No lo escuches, Samuel. Yo te he invitado primero, y sé que te divertirás más conmigo. Vamos, ¿qué dices?

Samuel estaba aturdido. Todo parecía ir demasiado rápido. Nunca antes dos mujeres se habían interesado en él, y mucho menos de esa manera tan intensa. Quería disfrutar el momento, pero en el fondo sentía que algo no estaba bien. Todo parecía demasiado perfecto... y artificial.

Finalmente, se liberó de ambas, dando un paso hacia atrás.

-Eh... creo que puedo almorzar solo hoy, chicas. No hay problema -dijo, tratando de sonar relajado.

Pero Laura y Miriam no parecían dispuestas a ceder.

-¿Solo? -preguntó Laura, con una risa nerviosa-. ¿Por qué estarías solo cuando tienes a nosotras?

-Podemos compartir, si quieres -sugirió Miriam, sonriendo-. No tenemos que pelearnos por ti.

El sudor empezó a correr por la frente de Samuel. No sabía cómo manejar la situación, y el comportamiento de ambas se estaba volviendo cada vez más extraño. Cada palabra, cada gesto, parecía impregnado de una intensidad que no había anticipado.

De repente, el jefe del supermercado, el señor Ortiz, apareció desde el fondo del pasillo, observando la escena con el ceño fruncido.

-¿Qué está pasando aquí? -preguntó con voz grave.

Laura y Miriam se giraron hacia él, pero en lugar de bajar la tensión, ambas continuaron discutiendo, ahora ignorando completamente a Samuel.

-Yo lo invité primero -insistió Miriam, en un tono que sonaba más a reclamo que a una simple invitación.

-¡No es verdad! -replicó Laura-. Samuel vendrá conmigo.

El señor Ortiz los miraba con incredulidad. Luego se giró hacia Samuel, que se encontraba al borde de la confusión total. El ambiente se había vuelto tan tenso que podía cortarse con un cuchillo.

-Samuel, ¿puedes explicarme qué demonios está pasando aquí?

Samuel tragó saliva, buscando desesperadamente una excusa.

-Yo... no estoy seguro, señor Ortiz. No sé qué les pasa a ellas.

Pero mientras hablaba, sintió la piedra en su bolsillo. Sabía que la respuesta estaba allí. Su deseo se había cumplido, pero el precio que comenzaba a pagar era más alto de lo que había imaginado. Lo que había comenzado como un simple juego para satisfacer su ego ahora se había convertido en una situación incómoda y fuera de control.

Miró a las dos chicas, aún discutiendo, incapaces de volver a ser las personas que conocía. Y en ese momento, se dio cuenta de algo: la piedra no solo concedía deseos; los retorcía, los distorsionaba, y quizás, cuanto más grande fuera el deseo, mayor sería el precio que tendría que pagar.

La emoción de tener el control se esfumó, reemplazada por una sensación de peligro. Necesitaba ser más cuidadoso, mucho más cuidadoso.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Shinobi
9.5
En un entorno ninja hostil, la vida de Taylor, un joven talentoso pero solitario, da un vuelco al cruzarse con Alis. Ella es una maestra que oculta su identidad tras una bufanda, atormentada por errores de su pasado. A medida que Taylor evoluciona y aprende el valor del compañerismo, surge entre ambos una conexión profunda. Ahora, él luchará por sus sentimientos mientras Alis enfrenta el dilema de superar sus traumas para permitirse amar.
Portada de la novela Cazadora
8.5
La existencia se rige por castas de lobos, donde Alfas y Omegas luchan por sobrevivir frente a diversas facciones de humanos. Los Nazis trafican con criaturas para su beneficio, y el grupo X persigue la aniquilación total por puro dominio. En medio del caos, los Cazadores Lunares mantienen el equilibrio; ellos solo ejecutan a quienes vulneran las fronteras o las leyes naturales, operando con un código de honor estricto en este mundo hostil.
Portada de la novela Corona de la heredera traicionada
8.2
Engañada por sus padres y hermanos para beneficiar a una usurpadora, Emilia logra sobrevivir a un atentado que transforma su vida. Atrás queda su actitud sumisa; ahora renace con una determinación feroz para enfrentar a quienes la traicionaron. Mientras demuestra su maestría en medicina y antigüedades, sus rivales son derrotados. Pese al rechazo de su sangre, la familia más poderosa del planeta surge para protegerla y reivindicarla como su verdadera heredera.
Portada de la novela El color del Dolor
9.4
Unidos por el rencor, un grupo busca justicia tras años de cautiverio. Solán, marcado por las torturas de su niñez, lidera ahora a los gitanos en una ofensiva letal contra el Rey y su oscuro pasado. No obstante, su sed de sangre se ve cuestionada cuando aparece Gabrielle, un joven soldado que despierta sentimientos inesperados. Este encuentro obligará a Solán a decidir entre consumirse en el odio o proteger la humanidad que aún le queda frente a la guerra.
Portada de la novela Él me ahogó, yo quemé su mundo.
9.4
Alejandro diseñó Aethelgard para que yo, Valkyrie, volviera a caminar. Sin embargo, su amor era un engaño: me mantenía sedada para impedir mi mejora física mientras me traicionaba con Dalia. Tras robar mis bienes y humillarme públicamente en el juego, ordenó que me ahogaran. He sobrevivido y mis piernas han sanado. Ahora, impulsada por el rencor, regresaré al mundo virtual para aniquilar el imperio y la vida del hombre que intentó destruirme por completo.
Portada de la novela La mentira del entrenador, mi verdad final
8.6
La carrera de Ariadna termina en tragedia por una lesión, pero el dolor real llega al descubrir la traición de su marido y entrenador. Mientras ella enfrenta una enfermedad terminal, él festeja el embarazo de su amante y la humilla con desprecio. Decidida a no dejarse pisotear en sus últimos días, solicita el divorcio de inmediato. Sin ataduras, la joven emprende una travesía por el mundo para hallar su propia paz antes de que se agote su tiempo.