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Portada de la novela Deseo.

Deseo.

Dara inicia su etapa como directora de recursos humanos en una firma prestigiosa, esperando un éxito profesional absoluto. No obstante, se topa con el señor Belial, un superior de carácter implacable y comportamiento errático que desafía su propia naturaleza rebelde. Forzados a trabajar en equipo, ambos se verán envueltos en una lucha constante por ser profesionales mientras intentan ignorar un deseo latente que podría salirse de control.
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Capítulo 3

Salgo del ascensor y me dirijo nuevamente a mi oficina. Mientras lo hago vuelvo a escuchar cuchicheos a mis espaldas, lo que me saca de quicio.

Es cuando escucho "¿En serio ella es nuestra jefa?" cuando termina mi paciencia. En ese momento me detengo en seco, justo en medio del pasillo, como para que todos puedan oírme.

Con el bibliorato en manos, volteo un poco para observar a todos, quienes se han quedado en completo silencio, atónitos en realidad.

—Muy buenos días—los saludo y solo pocos me responden—. Como han de saber, soy la nueva encargada de recursos humanos en esta área, lo que me convierte en parte de ustedes—sonrío y continúo:—Puedo ser amable y amigable con todos aquellos que sean respetuosos conmigo, pero puedo ser todo lo contrario con aquellos que no sean capaces de por lo menos decirme las cosas de frente—observo hacia dónde se encuentra la mujer que había comentado algo sobre mi. Ella se queda en completo silencio, sin poder mirarme si quiera.—Si tienen alguna queja sobre mi persona, les invito a acercarse a mi oficina—señalo el lugar—, los escucharé y si tienen razón pues haré lo posible en mejorar. No quiero volver a escuchar cuchicheos cuando paso por aquí. Espero que nos respetemos mutuamente.

Me quedo en silencio, esperando a que asimilen lo que les acabo de decir. Y como era de esperarse, nadie es capaz de decir nada.

—Bien—digo al cabo de unos segundos—Espero que tengan un lindo día.

Les sonrío amablemente y continúo con mi trayecto a la oficina. Una vez dentro, me aseguro de cerrar la puerta y me dirijo a mi silla para tomar asiento y comenzar a leer "el libro negro".

Es probablemente el libro más largo que he leído en toda mi vida. Me ha llevado casi una hora terminar de leerlo, y me ha quedado claro varios puntos, principalmente la parte "resaltada" del libro:

1-Está prohibido interrumpir al jefe en cualquier reunión o momento inoportuno.

2-No se deberá acudir al jefe a menos que haya sido llamado/a para hablar con él.

3-Si se necesita hablar con el jefe (sólo con suma urgencia), se deberá primero hablar con la secretaria y pedir una cita.

4-Si tiene alguna duda, consulta o queja, no se deberá comentar al jefe a menos que llegue a últimas instancias. Los demás encargados podrán resolver lo que se pueda.

5-No está permitido alzar la voz al jefe en ningún momento.

Y son varios puntos más que me gustaría arrancar del libro. ¿En serio ha puesto una lista así? "No se puede hablar con el jefe" "No se le debe alzar la voz al jefe" "No se debe acudir al jefe". Creo solo les faltó "no se debe respirar el mismo aire con el jefe".

Suelto un profundo suspiro y cierro el libro para comenzar con mis tantas tareas aquí.

Tengo muchas cosas que hacer.

---.

Termino de ordenar los últimos nombres de los funcionarios en la notebook y observo el reloj en mi muñeca. Ya son las 6 de la tarde.

Recuerdo las palabras del señor cascarrabias y me apresuro en dejar todo en orden para ir a su oficina. Mi horario de salida en teoría es las 7 así que supongo que debo entregar mis listas y luego regresar, o algo así.

No sé qué me depara el futuro.

Tomo los papeles de mi maletín y me levanto de la silla para salir de la oficina. Me sorprende ver que los pasillos ya están vacíos y algunas luces apagadas. He estado tanto tiempo en la oficina sin salir que ni me había dado cuenta de que todos se han ido, aunque no pensé que se fueran tan temprano.

Subo al ascensor y me encamino al quinto piso. Me asombra ver que ni la secretaria no se encuentra. Por un momento deduzco que el jefe tal vez ya se haya ido al ver que el salón se encuentra a penumbras pero ha sido muy claro al decir que debía entregarle las listas a esta hora. No creo que sea tan irresponsable como para irse cuando me había pedido que venga.

Suspiro y camino hasta la puerta, que en este momento a causa de la penumbra se ve incluso como la entrada del infierno o algo parecido. Da miedo.

Golpeo 3 veces y espero. Unos segundos después escucho su voz gruesa diciendome que pase.

Entro y cierro la puerta a mi espalda. El señor se encuentra observando su notebook bastante concentrado. Me acerco un poco a su escritorio y me quedo parada con los papeles en mano esperando a que me preste atención. Observa su reloj y luego me mira de reojo.

—Tome asiento—me indica antes de seguir observando su notebook.

Lo hago y mantengo mi vista puesta en su rostro. No recuerdo ningún punto en el libro negro que prohibiera mirar al jefe, total, se lo ve muy concentrado, dudo que note que lo observo.

Recuerdo las palabras de Diana, y su esperanza de que mi jefe sea un hombre guapo se cumple. De hecho lo es, seria tonto negarlo. Mirándolo así incluso parece más joven, pero supongo que cuida mucho su aspecto y nada más.

Lo más llamativo de su rostro son sus pestañas, largas y espesas que me dan un poco de envidia. Luego no tiene nada que me interese. Sus pómulos son firmes, sus facciones marcadas, y sus ojos que por el brillo de la pantalla noto que son de color avellana. Bien, es guapo, pero terriblemente desesperante.

Creo que pasan 5 minutos desde que lo observo hasta que se digna en mirarme y me tiende la mano para que le dé los papeles, cosa que hago y al ver que no hace ni dice nada me pongo de pie nuevamente con la intención de irme.

—Puede retirarse—me informa.

Asiento y doy la vuelta para salir de su oficina.

—Y por favor, traiga una ropa menos provocativa mañana.

Me quedo boquiabierta y giro para encararlo.

—¿Disculpe?

Alza la vista y clava su mirada en mis ojos.

—Ya ha escuchado lo que le dije.

—No tengo ropa provocativa—digo—, si por lo ajustado de mi falda se refiere a que estoy "provocativa"—hago comillas con los dedos—, pues déjeme decirle que lo que sea que me ponga hará que me vea de esa forma para todo aquel que decida mirarme con descaro.

—¿No ha leído que no debe alzarme la voz?—me irrita cómo todo lo dice con tanta tranquilidad.

—No estoy alzando la voz.

Se levanta y camina hasta a mi. Pone sus manos en sus bolsillos y se para en frente mismo, haciendo que tenga que alzar un poco la cabeza para mirar su rostro.

—No me de razones para despedirla, señorita—dice.

—Si me despide será por un acto de soberbia.

—¿Soberbia?—suelta una risa sarcástica que retumba en la oficina.—Creo que no ha entendido muchas cosas aquí.

—He entendido más cosas de las que me gustaría—respondo—, y de todos modos, no me ha dejado demostrarle lo capaz que soy para muchas cosas—enfatizo la última palabra.

—Hasta ahora sólo me ha demostrado que es una mujer prepotente.

Contengo las ganas de no reírme en su cara. ¿El señor prepotente hablando de prepotencia?

—Solo digo lo que no me parece correcto—comento.

—¿Qué no le parece correcto?—me desafía y sus ojos se clavan más prundos en mí.

—Que usted, por ejemplo, me hable de despido cuando es mi primer día en el trabajo—me armo de valor y me acerco un paso, con la cabeza en alto—, cuando no le he dado motivos para hacerlo.

—Está rompiendo muchas normas al acercarse de esa forma—dice, aunque imita mis movimientos.

—¿Las normas de su lista?—cuestiono—. Olvidé que no debo respirar su mismo aire—ya no pretendo ser amable y hablo con firmeza—. Conozco mis derechos y obligaciones, señor.

—Espero entonces—se acerca más y se agacha un poco, haciendo que sienta su respiración en mi rostro—que cumpla sus obligaciones al pie de la letra.

Intento sostenerle la mirada pero no lo logro, me incomoda y no puedo evitar ponerme nerviosa.

—Buenas noches, Señor—es lo último que digo antes de apartarme y salir de su oficina.

Si fuera una caricatura en estos momentos estaría echando humos por las orejas a causa de la rabia que me genera ese hombre. ¿Cómo puede decirme prepotente cuando él se gana el puesto uno? Bien, es el jefe, el dueño y todo lo que quiera, pero soy consciente de que no puede despedirme por algo tan tonto.

Cuando salgo del ascensor, camino lo más rápido que puedo hasta mi oficina y agarro mis cosas para salir de la empresa.

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