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Portada de la novela Desamor y amor

Desamor y amor

Marcus, un influyente magnate, es obligado a casarse con una mujer enigmática que oculta su identidad tras una máscara. Aunque al principio la desprecia, su misteriosa personalidad termina por cautivarlo, despertando en él una obsesión posesiva. Sin embargo, el daño ya está hecho: harta del maltrato, ella decide solicitar el divorcio. Ahora, el hombre que una vez la humilló deberá luchar y suplicar para recuperar el amor de la esposa que está por perder.
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Capítulo 2

La criada subió cuidadosamente las escaleras con una bandeja de comida en las manos.

Al verla, Celeste la llamó para detenerla: "Eh, ¿adónde llevas eso?".

La sirvienta le contestó temblorosa: "La novia me pidió que le llevara algo de comida. Dice que lleva tres días hambrienta y que si no come, se morirá de hambre aquí".

"¿Eso es lo único que ella sabe hacer? ¿Comer? ¡Qué cerda!", espetó Celeste, con desdén.

Bajando la cabeza, la criada preguntó con cautela: "¿Se lo llevo? Ya antes se ha desmayado por el hambre...".

La mujer no respondió.

La criada esperó por unos segundos a que dijera algo antes de subir el resto de los escalones hasta el segundo piso. Después suspiró aliviada al darse cuenta de que el consejo de Millie había funcionado.

De vuelta al primer piso, el celular de Celeste, que estaba sobre la mesita, se encendió. Al ver el nombre que aparecía en la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par.

Gianna Brown, la madrastra de Millie, llamaba.

Celeste, furiosa, deslizó el pulgar sobre la pantalla para contestar.

"¡Gianna, zorra! ¿Cómo te atreviste a engañarnos? Solo espera. Haré que Marcus se quede con todas las posesiones de tu familia, ¡y no pararemos hasta que tu familia esté arruinada!".

"¡No! Se trata de un malentendido, señora Thomas. ¡Todo ha sido culpa de esa maldita Millie! Esa malvada mujer drogó nuestra comida anoche y nos durmió a todos. Cuando despertamos, ya era demasiado tarde. Se había casado con su hijo haciéndose pasar por Mia. Señora Thomas, si quiere culpar a alguien, culpe a Millie. Pero por favor, no descargue su ira con nosotros. Somos inocentes", le suplicó Gianna.

Celeste se sorprendió. ¿Drogar a todos? ¿Así que todo esto lo había planeado Millie sola?

"¡Cállate! Ya estoy harta de tus mentiras. Será mejor que empiecen a rezar por sus vidas porque pronto llegará su perdición", gruñó Celeste.

Al otro lado de la línea, Gianna siguió explicándose: "¡Señora Thomas, yo no le he mentido! Todo ha sido culpa de Millie. Aquí también somos víctimas. Su familia es la más prestigiosa e influyente, y siempre hemos querido tener una relación con ustedes, ¿por qué entonces íbamos a desperdiciar esta oportunidad?".

Los sollozos miserables de Mia también se oían en el teléfono.

"¡Mamá, Millie ha arruinado mi vida! ¿Cómo ha sido capaz de ser tan cruel conmigo? ¡La odio! Siempre he admirado a Marcus y soñaba con ser su esposa algún día, ¡pero Millie me arrebató esa oportunidad!", gritó la chica amargamente.

"¡Son una panda de idiotas!".

Enfurecida, Celeste colgó. No obstante, ya había caído en el engaño de Gianna y Mia.

Marcus, que había oído la conversación, miró en dirección al dormitorio del segundo piso, con ojos calculadores. Al parecer se había casado con una mujer intrigante.

"Ve y dile a esa mujer que venga aquí", le ordenó él a un criado.

Millie estaba a punto de engullir la comida que le había llevado la criada cuando alguien irrumpió en la habitación.

"El señor Marcus quiere verla", dijo el criado apresuradamente.

En el primer piso, Marcus observaba con los ojos entrecerrados cómo Millie se le acercaba tranquilamente.

La mujer ya se había quitado el traje de novia y se puso un vestido informal. Se detuvo ante Marcus y se rodeó la muñeca derecha con la mano izquierda, desprendiendo un aire dulce e inocente a su alrededor.

La máscara que llevaba ocultaba la mitad de sus rasgos, pero también le daba un aire de misterio, y las partes de su rostro que no estaban ocultas parecían lisas y suaves.

"Cariño, me han dicho que querías verme", dijo Millie con voz dulce, y tomando a todos desprevenidos.

Los ojos entrecerrados de Marcus se abrieron de par en par.

Pero la voz tranquilizadora de Millie solo lo distrajo un momento.

Porque al recuperarse del aturdimiento, resopló: "¿Cariño? ¿Quién ha dicho que me llames así?".

"¿Cómo debo llamarte, entonces? ¿Señor Thomas? ¿Marcus? Escoge uno y te llamaré así con mucho gusto". Ella procedió entonces a fingir ignorancia ladeando la cabeza.

Qué mujer tan astuta. La cara de él se ensombreció.

Se había dado cuenta de que Millie estaba jugando con él, pero no tenía prueba que respaldara sus sospechas.

Rhea tensó la mandíbula y siseó: "Deja de actuar. Ya sabemos que drogaste a tu familia para poder casarte con Marcus. Lo cierto es que nunca he conocido a una mujer más malvada que tú".

¿Drogarlos?

Millie levantó las cejas, pensativa. No recordaba haber drogado a ningún miembro de la familia Brown.

Su silencio incitó a Rhea a continuar. "Seguirás haciéndote la inocente, ¿eh? Tu madrastra se acababa de despertar y nos ha contado tus maldades. Eres una mujer muy desagradable. Y no te mereces a Marcus".

Millie entonces se había dado cuenta de que todo había sido obra de Gianna. Era cierto que el perro culpable ladraba más fuerte.

Entonces se volvió hacia la mujer que la había estado sermoneando. La cara de Rhea era más o menos ovalada, con rasgos atractivos. Era una mujer hermosa, aunque el desprecio despiadado en sus ojos la estropeaba.

"Lo siento... ¿Pero quién eres tú? ¿Te importa si te pido que te presentes?", le pidió Millie.

La ira apareció en el rostro de Rhea. "Tú...".

"¡Basta, Millie!". Con una expresión asesina en el rostro, Marcus crujió los nudillos de forma amenazadora antes de señalar una foto. "¿Eres tú la mujer fea de la foto?".

¿Mujer fea?

Millie hizo una mueca al ver que los nudillos de Marcus se habían puesto rojos. Debía estar muy enfadado con ella.

"Sí, cariño, esa soy yo en la foto, ¿pero cómo sabes qué aspecto tengo? ¿Me habías visto antes?".

De repente, Marcus tiró la foto, y esta cayó al suelo junto a los pies de Millie. Estaba tan enojado que sentía que pronto iba a explotar. ¿Acaso aquella mujer lo intentaba cabrear a propósito? Todo lo que hacía y decía lo enfurecía.

Sonriendo, Millie le dijo: "Cariño, no te enfades. No tengo ese aspecto en la vida real. Yo soy...".

Pero antes de que pudiera revelar algo importante, se detuvo.

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