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Portada de la novela Delirium: ¿ Amor, obsesión o locura?

Delirium: ¿ Amor, obsesión o locura?

Zafiro debe abandonar su vida y nombre para escapar de un acosador letal. En su huida, busca amparo en un protector aparente, solo para hallar que el amor y la locura se confunden peligrosamente. Atrapada entre un perseguidor implacable y quien dice salvarla, se enfrenta a una pesadilla donde la libertad es un lujo. En este entorno de mafia y acción, ella luchará por sobrevivir mientras los límites de la obsesión amenazan con destruirla para siempre.
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Capítulo 1

—Ayúdame dios mío. — ruega mirándose al espejo. 

El reflejo empañado le devuelve una mirada fría y destrozada. Dónde no hay ni un ápice de esperanza, solo miedo y tristeza. 

— ¡Que diablos haces allá adentro! — regresa aquit de una puta vez.! — vocifera la bestia que la espera en la cama .

De pie desde la puerta del baño lo mira acariciarse la entrepierna con  ojos lujuriosos. 

— ¿ Estás listo cariño ?

— ¿ Qué acaso no sabes como funciona este negocio ?

— Es mi primera vez. — ella baja la vista al suelo. 

— ¿ Cómo te llamas ? — le extiende la mano.

— Zafiro. — contesta ella y la toma con desconfianza. 

— Déjame que te cuente Zafiro. — la jala bruscamente hacia la cama. — Durante la próxima hora eres mía para hacer lo que yo quiera. No existen demoras o conversaciones innecesarias. Debes ser complaciente y estar dispuesta a concederme cada uno de mis caprichos.

— Por supuesto. — tragó en seco. 

— Acuéstate boca abajo. — le ordenó desabrochándose el cinturón. 

Ella obedeció sintiendo como temblaba su carne desde adentro. 

Las manos callosas acariciaron sus piernas. 

— Es casi como si fueras virgen… — murmuró él, salivando cómo un animal salvaje. 

El dolor de las embestidas la hacía querer gritar, pero no lo hizo. Ocultó las lágrimas en las sábanas rojas y soportó hasta que lo sintió caer a su lado jadeando. 

— Le diré a tu matrona que no eres buena para este oficio, estás tan rígida cómo un trozo de madera.

— Pero …

— ¡Cállate! — le gritó y se puso de pie para empezar a vestirse. — Me quedan aun veinte minutos así que no me tientes. No pienso pagar por ti… perra.

— No, no es justo .— protestó Zafiro, sentándose en la cama con dolor. 

El calor de una cachetada, la hizo caer de espaldas en la cama. 

— Nada en la vida es justo, estás muy buena pero era fría como un hielo y no te he disfrutado. Mejor dedícate a otra cosa perra inútil. — concluyó esculpiéndola y cerró de un tirón la puerta de la habitación. 

Zafiro se cubrió los ojos, llorando a Lágrima viva. Solo cuando escuchó la puerta abrirse de nuevo se percató de que lo peor  estaba por llegar. 

La noche aún era joven y su jornada no había terminado. Se compuso como pudo y al levantar la vista encontró frente a ella a un hombre mayor, con un impecable traje oscuro. 

— Buenas noches. — le dijo. — Mi nombre es Lorenzo Rossi. — 

— Buenas noches señor Rossi. Yo soy Zafiro. 

— He de decir que no me mintieron al contarme que la chica nueva era muy hermosa. — se acercó y la tomó por la barbilla. 

— Mira esos ojos azules… y esa boca perfecta. — le pasó un dedo por los labios. 

— Muchas gracias, es usted muy amable.

— ¿Por que llorabas?

— No se preocupe por eso, esta hora es solo suya… no hay lugar para preocupaciones, ni tristezas. — Zafiro bajó su bragueta. 

— ¿ Cómo llegaste aquí? — preguntó él apartando sus manos. 

— Eso no es importante. — rebatió ella. 

— Lo es para mí…pareces muy diferente al resto de las chicas en este antro. Has dicho bien... esta es mi hora y con ella haré lo que me venga en gana Así que contéstame,¿ quién eres y qué haces aquí?

Antes de comenzar la noche la matrona le había advertido que diferentes hombres podrían querer diferentes cosas. Algunos buscaban sexo y otros solo la más efímeras de las compañías. Así que Zafiro agradeció y contestó con una sonrisa esperando no tener que entregar su piel a aquel hombre.

— Soy estudiante de medicina. He tomado este trabajo porque mi madre está enferma.

— ¿ Qué tan enferma?

— Muy, ya los médicos no pueden hacer nada más por ella y los tratamientos son muy costosos.

— ¿ Y tú padre?  

— Murió hace poco tiempo y ahora solo somos ella y yo.

— Creo qué he visto salir antes de aquí a André.

— No supe nunca su nombre...

— Un tipo alto, corpulento muy agresivo y maleducado. 

— Sí, ese era él.

— ¿ Por qué ponerte en manos de alguien así?, búscate otro trabajo pequeña.

Volvió la espalda par salir de la habitación. 

— Espere... por favor. — Zafiro lo tomó del brazo. 

Cuando se giró la tenía enfrente. Desnuda, y con los labios  apenas a un centímetro de los suyos. 

— No tengo mucho tiempo y nada me paga lo suficiente. Necesito este trabajo para poder cuidar de ella. —  le devolvió la misma caricia, pasando el dedo por sus labios. 

— Eres hermosa…— el italiano olvidó razones y la apretó por la cintura. Acariciando su piel tierna.

Más de una hora pasó pero nadie vino a interrumpirlos y aunque el hombre fue muy tierno, Zafiro sentía que estaba a punto de vomitar con cada caricia que le regalaba. 

— Debo decir. — murmuró. — que las mujeres nunca han sido problema para mí, pero ni siquiera con mi difunta esposa he encontrado tanto placer como con estas horas entre tus piernas. — 

— Me halaga usted… — contestó Zafiro conteniendo el llanto. 

— Se que nos separan más de treinta años pero cada vez que me dices usted se convierten en cien. — 

— Perdón… — balbuceó Zafiro. 

— Me gustaría proponerte un trato. — le dijo sacando de la chaqueta que había dejado al borde de la.cama, un fajo de billetes. 

— Lo que sea. — contestó Zafiro desesperada al ver el dinero. 

— Pero primero debes ser consciente de que un trato conmigo es de por vida. Soy un hombre de gran poder y poseo muchas influencias, si  piensas en traicionarme no llegarás muy lejos. — 

Zafiro sonrió. 

— ¿ Acaso eres un criminal peligroso? — bromeó. 

Lorenzo no sonrió.

— Algunos podrían llamarme así. Yo me veo como un hombre de negocios, que sabe muy bien lo que quiere, y he decidido que te quiero a ti.  

Le acercó el dinero, dejando el rollo  entre sus muslos. Zafiro lo tomó temerosa, sin saber si la suerte le acababa de entregar una bendición o un castigo muy peligroso. 

— A partir de esta noche me perteneces. — dijo él poniéndose la camisa. — Nos veremos cada semana en esta misma habitación y tienes prohibido el contacto con cualquier otro hombre, dentro o fuera de aquí. — sus ojos chisporroteaban con locura y Zafiro sintió miedo.

— Pero mi jefa…

Lorenzo se le acercó poniendo una rodilla en la cama y la agarró por el cuello.

— Tu jefe soy yo… y si algún día piensas en desobedecerme destruiré todo lo que amas… no será difícil encontrarte. —

Zafiro apretó el dinero entre sus manos. 

— Pero eres una buena chica y no querrías que nada malo pasará, así que estaremos bien. — concluyó plantándole un beso en los labios.  

—Mañana tendré una sorpresa para ti. No llegues tarde. — Le dijo poniéndose la chaqueta en cuyo interior Zafiro divisó el inconfundible mango de un revólver plateado.

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