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Portada de la novela Del odio al amor hay un salto

Del odio al amor hay un salto

Tras años de soportar calumnias, burlas y un silencio doloroso en la preparatoria, America ha llegado a su límite. El principal artífice de su tormento es su antiguo mejor amigo, quien la convirtió en el blanco de humillaciones constantes. Decidida a no callar más antes de graduarse y marcharse para siempre, ella opta por confrontar el daño acumulado. En este último año escolar, America liberará su rabia y dejará de ser una víctima pasiva.
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Capítulo 3

-Entonces, ¿Qué te dijo?- Vanesa se tiró sobre la cama, no había necesidad de decir nombres, sabía de quien hablábamos. -Si... bueno, más bien, nada. Sus cejas se juntaron con duda, pero no me sentí capaz de decir de qué  habíamos hablado, y que por muy extraño que sonara, me dio la ridícula sensación de que Santiago pretendió ser amable, bueno, solo por un segundo. -Decídete. -Es que solo lo vi un momento, nada que valga la pena recordar. -Bien, supongo que debe andar por allí perdido, con nuevas marcas de golpes y esas cosas, me pregunto en qué andará metido. -¿Golpes?- Mi pecho se aprieta y la decepción corre como un reguero por mi cuerpo. Él siempre fue impulsivo, de carácter fuerte, pero trataba de controlarse o por lo menos los años en que fuimos amigos, ahora que me odia parece haber encontrado un nuevo objetivo, buscar pelea con quién pueda. -¿Por qué, te interesa saber? Supongo que ha estado haciéndose de nuevo amigos, nunca se le ve solo, ahora. —¡No me interesa! Eso es ridículo,no deseo saber en qué anda metido. Seguí peinando mi cabello, tratando de no digerir las palabras de Vanesa ¿Nuevos amigos? ¿Qué tan distintos eran estos de JC? ¿Y por qué debía preocuparme eso? Realmente nada de lo que él hiciera podría cambiar la opinión que tengo suya, para mi es una persona que dejó de existir desde el mismo momento en que me dio la espalda, en que ser su diversión se convirtió en rutina y en el momento en que me dejó claro el asco que le daba estar cerca de mí. -Es tan caliente... Giré al escucharla, estoy segura de que casi se me cae la quijada de la impresión. ¿Caliente?... -En cualquier caso es un idiota también. Trato de restarle importancia al hecho de que a mi única amiga piensa que mi enemigo es caliente. Obvie. —Solo espero que con sus nuevos "amigos" lo mantengan tan entretenido que se olvide de mí por un tiempo, solo hasta que acabe este año y pueda largarme de aquí y no volver a verlo. -Pero lo es sólo contigo,con nadie más es de esa forma,a todos los demás los ignora,a ti no puede ignorarte, América. Claro, es verdad eso también... -Me da igual, pronto se olvidara de que existo, cuando acabe este año y no vuelva a verme. -Yo no pienso lo mismo - Apoyó la mejilla en su mano y me miró intensamente. Mi cara enrojeció al darme cuenta a que se refería. -No digas tonterías. Su odio no puede durar para siempre. De un brinco llegó hasta mí. -Mírate, has cambiado mucho, América . No eres la misma, ahora te ves más decidida, más fuerte y que me parta un rayo si miento, pero te ves más sexy... ¿Sexy? ¿De dónde saca tantas ideas tontas? Existen tres tipos de personas sobre la tierra. Del tipo ardiente, que es donde Santiago entra, el guapo,que es donde bien puede entrar Vanesa y las feas , que es donde entro yo, así que sería bueno saber qué diablos tengo de sexy. -Necesitas un novio, empiezas a delirar por falta de hombres. Ella me miró como si mi afirmación la hubiera sobresaltado. Algo en su expresión me dijo que yo no estaba muy lejos de la verdad. Al mismo tiempo se pasó una mano por su cabellera, y restándole importancia a lo que acababa de decir, cambio de tema. -¿Qué se sentirá estar en sus brazos?. Ella estaba tratando de provocarme, quería saber si algo escapa de mis labios. De nuevo no tuvo que decir nombres. Mi corazón dio un brinco dentro el pecho y mis piernas fallaron. No, la idea de ver a Vanesa entre los brazos de Santiago es algo que definitivamente no me hace ni tantita gracia, aun no sé el porqué, pero no me gusta. -No creo que seas tan tonta como para acercarte a él. Le digo, aunque para ser realista, si lo desea lo hará,ella es una chica demasiado atractiva. -Ya lo he hecho, en la fiesta de Mar se acercó a mí. No hablamos mucho, sólo me preguntó porque seguía siendo tu amiga y si estaba esperando tu llegada ansiosa. -Es un idiota, no deberías prestarle atención. No parecía escucharme, sus ojos se quedaron pegados a mi ventana, tratando de verlo allí parado, supongo. ¿Por qué me molesta tanto la idea de saber que ella puede tener un interés en Santiago? Él no me interesa, me ha dejado demasiado claro lo que piensa de mí, entonces ¿Por qué me enoja saber que hablaron, a solas?... -Bien muchachota, es hora de empezar con la tortura, al mal paso darle prisa- Me dice mientras lanza libros a mi mochila. La tortura, ese sería un buen nombre para ir a clase. Pero solo un año y esto acabará, podre irme lejos y seguir con mi vida fuera de este maldito pueblo  que me tiene harta. * Deje escapar un sonoro suspiro en cuanto mis pies pisaron de nuevo el salón de clases. Seguía en el mismo sitio,nada estaba cambiando. Después de que Vanesa decidiera dejarme tirada aquí y se fuera huyendo- No sé de qué- Solo deseaba volver a casa y no salir jamás de ella. Aun así, fui hasta mi lugar de siempre sin dejar de quejarme en mis adentros. Mi cabello cubre gran parte de mi rostro, pero ni eso lograría evitar ver mi aplastante realidad. Tener que volver a este espantoso sitio, donde sé que todos me odian. Lo aparté ligeramente al mismo tiempo en que JC soltaba una risa burlona. La chica con la que hablaba le susurró algo a oído y él se giró para ver en mi dirección. ¡Santa mierda! Me di prisa para llegar a mi butaca, lo más apartado posible de ellos. Tomé el cuaderno de dibujo y me incline sobre mi lugar para esperar hasta que la clase empezara. No había mucho que hacer hasta entonces. Y cuando pasé una hoja alguien se paró frente a mí. Levanté la cabeza y me encontré con los ojos oscuros de JC. -Hola América, volviste. El aire de mis pulmones se atoró y no podía dejar escapar el jadeo que traía clavado en mi pecho. El oxígeno de mi cerebro se había esfumado de igual forma y no me permitió reaccionar a tiempo, porque no me moví. JC estaba frente a mí, me había tomado de la chamarra y tenía su respiración casi sobre mi rostro. -Creíste que no nos veríamos de nuevo. Articuló cada palabra en mi cara y puedo asegurar que algo de su saliva cayó sobre mí mientras hablaba. -Yo... Mi lengua se quedó atascada o no supe que pasó, porque no dije más. Mis ojos subieron de nuevo encontrando los de Santiago, que justo iba entrando en ese momento al salón. Parecía que no entendía que estaba pasando, mientras JC mantenía su mano estrujando de mí, yo no podía dejar de ver hacia Santiago y la forma en que se adelantó hacia nosotros. —¡Déjala! La voz de Santiago apenas fue audible,pero JC entendió perfectamente porque apesar de su mirada, él lo hizo. Esa era la razón por la que no quería volver a ese maldito lugar, ambos me esperaban, pero sólo a él temía verlo de nuevo. Mis dedos se apretaron sobre la muñeca de JC, esperando que me soltara, pero parecía no querer hacerlo y casi pude sentir su puño sobre mi rostro. Pero dios me probó su existencia. Un portazo sonó proveniente de la entrada del salón. Era el profesor Ramírez. Cerré los ojos y el aire salió de mi pecho por fin cuando JC soltó de mí y se fue a su lugar lo más pronto que pudo. Mi cara tuvo que haberse transformado en algo extraño. Santiago se sentó justo a mi lado y yo busqué con los ojos hasta su antiguo sitio, allí estaba JC y en el lugar que solía ocupar Santiago ahora estaba la misma chica que le había hablado al oído. Ella ya está apuntada en mi lista de gente indeseable, aunque si tuviera que hacer una, sería demasiado larga, así que mejor ignorarlos. Mi mandíbula se apretó al verlo ¡Mierda!... Me giré para no hacerlo, pero de nada me sirvió. Era imposible ocultar el hecho de que me tomó por sorpresa el tenerlo a mi lado. -Te salvaste de una- Me dijo. Él me había salvado,pero JC seguiría esperando. Debo dejar de mostrar miedo, éste año perderán su oportunidad conmigo. De sus labios colgó una sonrisa burlona. Nadie debía verse bien después de burlarse de alguien más, entonces ¿por qué este idiota lo lograba? -No es de tu incumbencia- Le respondí. En realidad, no debía seguir este juego de "soy tan fuerte que puedo con ambos". Pero confiaba en que la suerte estuviera de mi lado y ellos se darían por vencidos con el tiempo. ¡Claro! Como si lo hubieran hecho hasta ahora. Odiaba a JC por la sencilla razón de que es un imbécil que goza humillando a otros. Siempre existe el tipo que se sale siempre con la suya, que su carita de ángel le permite ser un demonio y ni dios mismo lo imaginaría. Pues ése es JC. De una escala del 1 al 10 en apariencia, él se lleva fácilmente un 11. Lo tiene todo para sobresalir y no ser un patán con nadie, pero después de dos años de burla por su parte, me doy cuenta de que hacerlo lo hace feliz. -Claro, en eso tienes razón- Me sorprendió su repentina respuesta, no esperaba que volviera a dirigirme la palabra. Hice caso omiso de su comentario. Decirle que se largara no era una opción, lo mejor era ignorarle. Aunque es la primera vez que le tengo tan cerca desde que nos distanciamos, bueno, sin contar con el acercamiento que tuvimos en la fiesta. -America Santiago me llamó, pero no me giré para verlo. Necesitaba seguir ignorándolo, dejar de verlo... necesitaba salir del salón tan rápido como me fuera posible. Las dos horas de clase se pasaron lentas y asfixiantes. El profesor Ramírez tiene una de esas voces que te arrulla y te hace entrar en un sueño profundo, pero al mismo tiempo si te sorprende, corres el peligro de quedar sin oídos. Porque toda la voz que se ahorra en sus explicaciones la deja salir de golpe justo sobre tu oreja. El timbre sonó para el cambio de clase. Todos se levantaron corriendo para irse, pero yo no lo hice. Me levante lentamente, como si retrasando la salida lograra evitar lo que venía. -¿En qué estábamos? La tensión subió de nuevo a mi rostro y mi cuerpo se quedó paralizado al escuchar la voz de JC justo detrás de mí. Seguía tratando de echarle cuadernos a la mochila, pero mis manos estaban quietas y sudorosas... -¡América! La voz de Vanesa me sorprendió, no había estado en clase y hasta ahora es que me cae el veinte de eso. No logro girarme, pero mis manos consiguen moverse de nuevo y tomó la mochila para salir de allí. Al girarme para enfrentarlo me di cuenta de que JC ya no estaba. Fue extraño, puesto que estaba muy interesado en patearme, Vanesa tampoco estaba. En todo ese tiempo no había levantado el rostro,porque aunque ya no les mostraré el miedo que les tuve, tampoco iban a poder provocarme. -El peligro pasó. No fue la voz de Vanesa la que logró sorprenderme, era Santiago. Y más que su voz, fue la cercanía de su cuerpo al mío. -No estaba en peligro. Logré responder. Sabía que lo había estado, pero no quería que él se burlara de mí de nuevo. -Deberías cuidarte, JC tiene algo contigo que ni yo logro entender. Mis ojos parpadearon confusos ¿Me estaba advirtiendo?- No es como si me importara, haz lo que quieras. Me dijo finalmente. Esa era otra de las razones por las que no logro entender lo que sucede con él. Hay ocasiones en las que logro sentir que el Santiago que conozco está por volver, pero siempre es solo un espejismo de aquello. Lo veo tomar sus cosas para salir del salón ¿Estaría esperando todo este tiempo? -¡Gracias!- Logré decirle con sarcasmo antes de que se fuera. Él me miró, sólo unos segundos, pero mi cuerpo se removio intranquilo.

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