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Portada de la novela Déjame Sentirte.

Déjame Sentirte.

Lo que empezó como la simple admiración por un vecino atractivo derivó en un calvario cotidiano. Mi paz se esfumó ante los constantes ruidos de sus encuentros íntimos, audibles a través de las paredes. La situación se vuelve crítica al descubrir que este hombre narcisista y descarado es, además, mi nuevo jefe. Atrapada entre la oficina y mi hogar, el destino me obliga a enfrentar su presencia las veinticuatro horas en un juego de tensión constante.
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Capítulo 1

INCUBO: Déjame sentirte.

Hoy fue un día de los que más odio, es viernes por la noche, todos en este momento quizás se estén preguntando. ¿Por qué odio tanto los días viernes? Pues les explico. A muchos les gusta el día viernes porque es el día en el que se termina la semana laboral, yo no soy la excepción. Solía ser feliz este día, era una mujer satisfecha como todos los demás, pero un problema se mudó hace unas semanas.   

Sé que todos podemos tener un vecino al que no soportamos, pero creo que ninguna persona en su sano juicio quisiera a una persona como ese imbécil y mujeriego de mi vecino. 

Prefiero una patada en la vagina que tener a este maldito de vecino. Pero, ahora se preguntarán, ¿qué es lo que hace que me molesta tanto? Se los diré. 

No soporto todo de él. Su arrogancia, su mal carácter, su actitud de divo. Ese imbécil se cree que los dioses lo esculpieron con sus propias manos.  

Pero, existe otro motivo por el cual lo detesto más, además de tener que encontrármelo todos los días en el elevador del edificio donde vivo, además de todo eso, lo más importante. 

 ¡Folla! ¡Folla! ¿Y adivinen qué? ¡Folla! 

 No sé cómo a ese hombre no se le cae la verga de tanto hacerlo, en verdad. ¡No lo entiendo! Día, tarde y noche. Lo peor de todo, vive arriba de mí, es un piso arriba. 

 —¡Más duro! Que rico, ¡Más adentro muñeco! Eres increíble, sin piedad. —gime una mujer.   

Ella no está gimiendo, está gritando. 

 ¡Maldición! Ahí está otra vez. No lo soporto, me voy a volver loca. 

 Alguien toca a mi puerta, sé que es mi mejor amiga Dana. 

 —Hola, Paula, ¿otra vez escuchas el espectáculo en vivo? —Me dice mientras ríe.  

—No hagas broma sobre eso, no sabes lo harta que estoy en este momento. 

—Mañana vendrá el gerente de sus vacaciones, puedes hablar con él sobre esto, sabes que la mujer que dejó a cargo ya se acostó con Sandro, es por eso que permite todo este escándalo. 

Sandro es el maldito gerente del edificio. 

—Eso espero, aunque es viernes, no creo que esté aquí mañana porque será sábado, más bien, creo que vendrá el lunes. 

 —¡Me voy a correr! ¡¿Quieres que me corra?! —Pregunta la perra en celo. 

—¡Sí, hazlo! Eres tan hermosa y excelente, perfecta —responde el maldito pervertido. 

—También es un adulador —dice Dana. 

 —No lo soporto más, te juro que me volveré realmente loca. 

Estoy a punto de ir a reclamar, así les echo a perder el polvo.  

—¿A dónde vas, Paula?  

—No te preocupes, solo iré a la recepción.  Dana asiente con la cabeza y me deja irme, sé que si le decía lo que haré en este momento ella me hubiera detenido. 

Subo hasta llegar a su apartamento, estoy a punto de tocar la puerta, pero me doy cuenta de que la puerta está abierta. ¿A caso a este pervertido le gusta que lo espíen teniendo sexo? 

Eso no me importa en este momento, por eso escucho este tipo de ruidos, es porque tiene un sillón cama en medio de la sala de estar. 

Observo por un momento, la verdad que  ese pervertido mujeriego tiene el mejor cuerpo que nunca haya visto y se mueve bien. 

《¡Paula, reacciona! Me doy una bofetada mental y salgo de mi trance》 Tengo una idea.  

Regreso a mi apartamento, por suerte tengo mucho hielo en la nevera. No estoy siendo mala, es solo que creo que en este momento necesitan estar un poco fríos.  

Entro a mi apartamento y Dana está sentada en el sofá de mi sala, ella no me dejará hacer lo que quiero. Tengo que hacer que se vaya de aquí. 

 —Dana, estoy realmente cansada, pero mañana te invito a una piña colada en el bar que está aquí cerca. 

—Está bien, Paula, yo también me iré a dormir, pero si te acepto la invitación, pasaré por ti mañana por la noche. 

—Buenas noches, Dana, te quiero y descansa. 

Dana se va de mi apartamento. Salto de la emoción, mi plan es perfecto. Tengo que darme prisa antes que lleguen al orgasmo.  

Tomo una cubeta, después la lleno con cubos de hielo y un poco de agua, mezclo con la mano para probar la temperatura.  

 Salto de la emoción al sentir como se me congela la mano.  

—¡Ahora, estoy a punto de venirme por segunda vez! —Grita la mujer. 

No creo que eso pase cariño, yo lo voy a impedir en este momento. 

Tomo la cubeta en mis manos y me dirijo al piso de arriba. Cuando estoy afuera en su puerta, entro y ni cuenta se dan, pero yo si me doy cuenta de algo.  Ella está de espaldas montándolo y él tiene los ojos cerrados, está es mi oportunidad. 

La mujer comienza a temblar, este es el momento. 

—¡Quiero unirme yo también! —Digo entes de arrojar el agua.  

Los dos se levantan estupefactos, no lo pueden creer, hasta que la mujer se voltea y me observa pálida por el frío. 

—¿Te corriste una vez más, linda? —Digo y después me río. 

—Ella no, pero yo si —dice el pervertido. 

Él se la está jalando frente a mí, un chorro de semen cae al piso, después más y más. Este hombre es un manantial, por un momento me había perdido mirando la escena. 

—No conocía esto de ti, Paula, pensaba que eras una mujer amargada y virgen, pero ahora me doy cuenta de que las apariencias engañan. ¿Cómo sabías que uno de mis fetiches es el hielo durante el sexo? —Me dice mientras él toma un cubo de hielo del piso y, después lo frota por su marcado abdomen.  

—¿Qué pasa, Paula? Dijiste que querías unirte y hacer un trío, podemos hacerlo, mira lo duro que estoy otra vez por el hielo y todo gracias a ti. 

Aún tengo la cubeta en mis manos, la tomo y se la arrojó en la cabeza.  

—¡Maldito pervertido! ¡No te soporto, deja de tener sexo y déjame dormir! —le grito antes de irme.  

Al principio me estaba riendo de esto, pero ahora estoy realmente molesta, ese pervertido me gano, tengo que encontrar su punto débil. 

Lo haré, o me dejó de llamar Paula Evangelina Pattinson.

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