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Portada de la novela Deja Que El Amor Crezca

Deja Que El Amor Crezca

Un prodigio de la medicina, conocido por su carácter gélido e inaccesible, ve su vida transformada gracias a la tenacidad de una mujer que logra conquistar su corazón. Tras formar un hogar y saborear la felicidad plena, la muerte se lleva a su esposa de forma repentina. Ante un ser místico que le permite elegir su destino en una nueva vida, él renuncia a todo poder, deseando únicamente volver a verla y restaurar el vínculo que el destino quebró.
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Capítulo 3

Había pasado más de un mes desde que Caroline renació. A pesar de que los sindicatos estudiantiles de las tres universidades volvieron a realizar concursos, ella tuvo mucha cautela para involucrarse nuevamente en alguna competición de debate.

Pero incluso siendo muy cuidadosa al respecto, no pudo contenerse y resbaló. Ted Sun y Caroline fueron compañeros en la secundaria, y él estudiaba actualmente en la Universidad de Medicina de Ciudad A. En su vida anterior, fue él quien la invitó primero a que lo ayudara en su preparación para la competencia de debate; tiempo después fue que conoció a Edwin. Ahora, después de su renacimiento, Ted insistió nuevamente en que lo ayudara a prepararse; incluso le ofreció dinero para convencerla y que le resultara más difícil negarse a participar.

Al principio, lo había rechazado con firmeza. Se jactaba de que no podía ser seducida por un monto tan bajo de dinero como el que le ofrecía. Sin embargo, después de mucha persuasión, finalmente accedió a formar parte del comité de preparación por un alto precio de treinta mil.

Como debían elegir el tema de la competencia, enviar invitaciones a los jueces, organizar el horario y atender muchas otras cosas, la cantidad de tareas requería que se quedaran hasta la medianoche trabajando. Luego, ella y Ted se acurrucaban juntos y dormían, durante la noche, en un raído sofá del edificio del centro estudiantil. A pesar de esto, ninguno había intentado provocar sexualmente al otro de alguna forma, simplemente descansaban en el mismo lugar.

Una noche, a eso de las nueve, Caroline regresaba de la universidad de medicina después de dos días de arduo trabajo. Estaba tan cansada que caminaba casi dormida hacia la entrada.

Había una piedra enorme en la gran entrada de la universidad, con una frase grabada: "La autoridad absoluta de los maestros". Cuando llegó al frente de la piedra, levantó la cabeza y vio a Edwin inesperadamente: estaba allí de pie, mirándola a unos pocos pasos de distancia.

Era la primera vez que lo veía desde su renacimiento, por eso cuando sus ojos se encontraron, sintió que su corazón se hundía, llevándose el cansancio que la consumía hace unos segundos.

Los ojos de Edwin estaban tan fríos como los recordaba, de un color profundo, y se veía encantador cuando los entrecerraba. Su mirada helada hacía que se viera más hermoso todavía. Casi podría jurar que era la obra maestra de un escultor. En su vida anterior, se había enamorado incontrolablemente de esos ojos; pero también había pasado cada uno de sus días buscando amor en ellos.

Su cuerpo temblaba de anhelo ahora que se reencontraban, así descubrió que seguía loca por él. Al darse cuenta de esto, bajó la cabeza sonriendo con amargura. Él no había cambiado en lo más mínimo, sus hermosos rasgos se mantenían intactos; pero Caroline sabía que no podía repetir los errores del pasado.

El chico permaneció quieto del otro lado de la piedra recorriéndola con la mirada. Instintivamente, ella huyó.

Corrió asegurándose de haberse alejado lo suficiente para estar fuera de su alcance. La atracción que sentía por él era tan fuerte, que incluso estando lejos podía sentir cómo la piel de su rostro seguía ardiendo bajo su mirada. Apretó los puños con desesperación, mientras intentaba calmar su respiración acelerada. En este punto, ya debería haber renunciado a su amor, ¿no? ¿Por qué seguía siendo tan vulnerable a él? Incluso después de todo lo que había ocurrido, todavía se sentía afectada por ese hombre. Esperó a que su corazón y sus pensamientos se tranquilizaran, antes de caminar lentamente hacia el dormitorio como si nada hubiera pasado.

Ella no tenía idea de que en el momento exacto cuando Edwin la vio, sus ojos, por lo general fríos y calmados, se encendieron de repente como una llama salvaje, desesperada e indomable. Había quedado rígido, sin mover un solo músculo, mientras la veía correr.

El dormitorio de Caroline estaba en el tercer piso del antiguo edificio, el cual fue construido en la década de 1970 con ladrillos rojos y tenía cinco pisos en total. Las ventanas de hierro verde eran pequeñas y no había balcón. A través de ellas podían verse los álamos verdes abajo.

Cada piso del edificio tenía habitaciones a ambos lados de un pasillo poco luminoso, con baños en los extremos este y oeste donde los estudiantes se lavaban y duchaban. Las habitaciones eran pequeñas, de solo diez metros cuadrados en los que se ubicaban cuatro camas altas; y debajo de ellas, un escritorio para cada alumno. Por último, había una pequeña mesa en el rincón para uso general de los compañeros del cuarto.

Caroline era la única chica local en su dormitorio.

Su cama estaba junto a la de Shelia Gu, una persona completamente diferente a ella: había nacido para vivir por los hombres y, además, por varios. Tenía una gran capacidad para atraerlos y engañarlos con su coquetería y belleza. No le gustaba Caroline, a quien consideraba una chica anticuada. Y a esta, a su vez, no le gustaba Shelia con su estilo de vida extravagante. Este rechazo mutuo hizo que, a menudo, ambas tuviesen un distanciamiento.

Cuando Caroline regresó ese día, Shelia era la única persona en el dormitorio. Se estaba aplicando una mascarilla, así que la ignoró y continuó examinando su rostro en el espejo.

En esa época, los teléfonos celulares no se podían conectar a internet y Caroline usaba, además, un modelo viejo. Así que, apenas entró en la habitación, lo primero que hizo fue encender la computadora de Kristi Qian para poder ver en línea las noticias del mercado de valores.

Kristi era rica y generosa, su familia vivía fuera de la ciudad. Jamás se había peleado con sus compañeros de clase por cosas materiales, pues las consideraba triviales. Tenía mucho talento para el mercadeo y, a menudo, emprendía pequeños negocios en la universidad.

Mientras Caroline miraba la curva ascendente del mercado de valores, su corazón, que acababa de recibir un golpe al ver a Edwin, se calmó un poco.

Fue entonces cuando sonó el teléfono de la habitación. Se quedó quieta donde estaba sentada y no se movió, ya que como Shelia estaba más cerca del teléfono, esperaba que lo contestara. Pero la otra chica lo que hizo fue salir de la habitación aún con la mascarilla en su rostro. Caroline se sorprendió por su comportamiento. '¿Está sorda o algo así?', se preguntó. Pero el teléfono seguía sonando, así que no le quedó otra opción que levantarse y contestar.

"Hola, soy Blake Li", dijo una voz en el auricular.

"Ah, hola. Mae no está aquí, puedes llamarla más tarde", le explicó.

"No es necesario, gracias. Por favor, solo entrégale este mensaje de mi parte: dile que no creo que seamos el uno para el otro, por lo que estoy terminando con ella", y colgó el teléfono.

La joven, atónita, tardó un poco en asimilar lo que acababa de suceder. ¿Por qué él le pidió a otra persona que le transmitiera su ruptura? '¿Qué tengo que hacer? ¿Debería contarle esto a Mae?', pensó. Antes de que pudiera decidir, Shelia regresó.

Pensó de inmediato: 'Ya veo, simplemente salió para evitar recibir el mensaje ella. Bueno, igual ya no me importa', pensó.

Más tarde en la noche, Mae regresó enojada y tan pronto como abrió la puerta, gritó hecha una furia: "¡Caroline! ¿Qué le dijiste a Blake?".

"Dijo que quería terminar contigo", respondió ella impulsivamente, sorprendida por los gritos de su compañera.

"¡No es asunto tuyo si nos separamos o no! ¿Quién te crees como para entrometerte en mis cosas?", gritó Mae, completamente alterada. Caroline no podía creerlo: "¿Qué demonios? ¿De qué estás hablando?

¿Perdiste por completo la cabeza? Él llamó para dejar ese mensaje. Lo que suceda entre ustedes dos no es asunto mío. ¿Qué querías? ¿Que le tapara la boca?", Caroline no era una cobarde, se defendió sin dudar. Y añadió: "No descargues tu ira con todo el mundo, ¿entendido?".

Pero la otra siguió gritando: "¡Eres una vergüenza! ¡Debes estar tan desesperada y hambrienta de amor que quieres robarte a mi novio! ¡Pues no te hagas ilusiones! ¡A él ni siquiera le gustas!".

"¡Cállate! ¡La vergüenza es tu mente pequeña! ¿Crees que todos tenemos tus mismos gustos extraños? ¡Jamás sería como tú, así que contrólate!", fue la respuesta de Caroline.

El ruido de la discusión aumentó y pronto comenzaron a insultarse. Algunas chicas de las habitaciones cercanas entraron para ver el drama que ocurría, mientras que Shelia, muy tranquila, seguía viendo el reflejo de su cara en el espejo. Fue Kristi la que detuvo finalmente la pelea cuando regresó.

Caroline había quedado muy enfadada esa noche después de lo que ocurrió, así que prefirió irse a casa. No quería dormir en la misma habitación que la chica loca, tenía miedo de no poder soportarla más y lanzarla por la ventana en un ataque de ira.

Además, también quería hablar de negocios con su padre.

No regresó a la universidad durante dos días, hasta que por fin una tarde, entró por la puerta caminando. Pero no pudo continuar, porque Ted la detuvo.

Se veía muy ansioso, el sudor le caía por todas partes y su franela gris estaba empapada totalmente. El chico sostuvo su mano: "¡Oye! La final comienza a las tres de la tarde. ¡Te llamé a tu teléfono pero estaba apagado!".

En ese momento, Caroline quedó helada al recordar que el debate final de la competencia era ese mismo día.

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