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Portada de la novela De trágica a triunfante: la novia que desafió al destino

De trágica a triunfante: la novia que desafió al destino

Tras la muerte de sus padres y el olvido de su primer amor, Nicole es forzada a unirse a un magnate ciego y despiadado. Todos esperan su fracaso, pero ella asombra al mundo con su talento oculto en medicina, arquitectura y tecnología. Mientras su esposo revela su verdadera identidad como un influyente millonario, Nicole ignora a quienes la traicionaron. Bajo el amparo de un hombre decidido a retenerla, ella transforma su tragedia en un triunfo absoluto.
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Capítulo 1

"Mis piernas no funcionan, así que esta noche no va a pasar nada entre nosotros".

La noche de bodas transcurrió en un silencio gélido. Adrián Mendoza permanecía sentado en su silla de ruedas. Su voz sonaba plana y distante en el dormitorio principal, iluminado por una luz fría.

Sentada al borde de la cama, Nicole entrelazó los dedos y se mordió el pálido labio inferior. "Está bien", dijo en voz baja tras una pausa, intentando sonar firme. "No tengo ese tipo de necesidades".

Adrián soltó una risa baja y sin humor ante su respuesta, que sonó como una burla.

"¿De verdad no lo entiendes?". Luego giró la cabeza hacia ella, mostrándole su perfil anguloso: el puente alto de la nariz y los rasgos bien definidos transmitían una severidad absoluta. Acto seguido, soltó sin piedad: "No necesito una novia comprada. Así que piérdete de mi vista".

Una oleada de calor le subió a las mejillas a Nicole, dejándola completamente sonrojada. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se negó a dejarlas caer.

Mucho antes de casarse con Adrián, sabía que este matrimonio concertado era una apuesta arriesgada, pero era la única salida que le quedaba.

El hombre al que amaba perdió la memoria en un brutal accidente automovilístico y, mientras padecía amnesia, se enamoró de la prima de ella. Durante tres agotadores años, persiguió fragmentos de su pasado, sacrificando su orgullo e incluso su cuerpo. Se dejó engordar, volverse aburrida e irreconocible, solo para terminar siendo vista como la villana que saboteaba su amor, y despreciada por ello.

Su padre fue asesinado por su propio hermano, mientras que su madre cayó enferma poco después. A pesar de todo, Nicole se tragó su dolor y soportó todo por el bien de su frágil madre.

Sin embargo, hace solo unos días, su mamá también murió a manos de ellos, y algo dentro de la chica se quebró para siempre. El hombre que tenía delante, el hijo ilegítimo de la familia Mendoza, frío y despiadado, no era más que un arma que había conseguido a través del matrimonio.

Bajando la vista, la joven forzó su voz para que no temblara, reprimió sus emociones y dijo en voz baja: "Si me echas, la Familia Mendoza solo enviará a otra persona a tu casa. Así que dime, ¿qué diferencia hay?".

Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Adrián. "¿Así que estás tan ansiosa por hacer de sirvienta?".

Con voz firme, Nicole respondió: "La Familia Mendoza ya le dio dinero a mi familia. El trato está sellado, no hay vuelta atrás".

Bajo la tenue luz de la lámpara, Adrián entrecerró los ojos de forma casi imperceptible. Una repentina curiosidad ociosa se despertó en él, y giró su silla de ruedas, acercándose a ella.

Hasta ese momento, Nicole nunca había visto a Adrián. Después de oír interminables rumores de que era un monstruo grotesco, cerró los ojos por reflejo en cuanto él se volvió hacia ella. De todos modos, no importaba, él era ciego y no podría notarlo.

Adrián estudió a la mujer que tenía delante con una concentración inquietante. Su figura era generosa y su rostro redondeado, pero sus rasgos eran sorprendentemente delicados, y su piel, tan lisa como la porcelana pulida. Desde su perspectiva, era, como mucho, aceptable. Entre todas las mujeres que le habían presentado a lo largo de los años, Nicole era la única que se negaba obstinadamente a desaparecer. Esa persistencia despertó en él una leve y molesta curiosidad.

"Ya que lo decidiste", dijo con frialdad, señalando la cama. "Ve a acostarte".

El repentino cambio de actitud pilló desprevenida a Nicole, dejándola clavada en el sitio. "¿No dijiste que eras...?", preguntó, sin abrir los ojos.

Él respondió con indiferencia: "¿Es obligatorio hacer algo?".

La brusca pregunta hizo sonrojar a Nicole. No se atrevió a insistir más, por miedo a que una palabra equivocada pudiera costarle todo. Se movió con rigidez y se recostó en el colchón con evidente incomodidad.

Adrián le echó un vistazo. Francamente, hasta un cadáver se habría visto más relajado que ella.

Con los párpados cerrados, Nicole se concentró en el débil zumbido de la silla de ruedas que se acercaba, con cada nervio en tensión.

Por fin, la voz grave del hombre rozó su oído. "Quítate la chaqueta".

Nicole contuvo el aliento. "¿Pero no dijiste que no ibas a...?". Las palabras restantes le quemaron la garganta, y un temblor recorrió sus dedos, después de una tensa pausa, finalmente logró decir: "¿Hacer eso?".

Con una calma imperturbable, Adrián respondió: "Necesito confirmar tu pureza".

El pánico agudizó su determinación y Nicole abrió los ojos de golpe, preparándose para golpearlo.

Sin embargo, la visión que tenía ante sí le robó el aliento, pues estaba lejos del monstruo grotesco del que se hablaba. Los rasgos de Adrián eran afilados y sorprendentemente atractivos, y su presencia resultaba abrumadora de cerca.

La sorpresa la paralizó por un instante antes de recuperarse. "Lo siento", dijo con voz ronca, intentando recuperar la compostura. "Creo que me equivoqué de habitación. ¿Eres... de verdad Adrián Mendoza?".

"¿Y por qué lo preguntas?".

"Porque no te pareces en nada a las historias", respondió ella con voz inestable. "Te pareces más a los otros jóvenes de la familia Mendoza".

Con una amenaza velada, Adrián se llevó una mano a la cara. "Eso es porque llevo una máscara cosida con la piel de un niño, arrancada mientras aún estaba vivo".

El terror recorrió los dedos de Nicole, lo que hizo que se le resbalara lo que tenía en la mano. El arma oculta bajo su falda se deslizó hacia abajo, haciendo un leve ruido al caer sobre el colchón.

La mirada de Adrián se posó en ese objeto, y reconoció con claridad que se trataba de una pistola.

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