
De Perro Guardián a Lobo Libre
Capítulo 2
La operación era un desastre.
Dos de mis hombres muertos, el socio de los Montenegro desaparecido y yo con una bala rozándome la costilla.
Todo por culpa de Mateo.
"¡Desactivé las contramedidas, Javier! ¡Era el protocolo!", gritó el niñato en la sala de reuniones, con la cara roja de rabia y miedo.
Su arrogancia era insoportable.
"El protocolo era esperar mi orden, Mateo. Tu orden", le dije, con la voz tan fría como el acero. "Ignoraste una orden directa y dos hombres están muertos por tu capricho".
Isabela, mi prometida, se puso a su lado al instante, rodeando a su hermano con un brazo protector.
"Javier, por favor, ha sido un error terrible, Mateo está destrozado".
Miré a Isabela, la mujer que amaba, la mujer por la que había dejado mi vida en el GEO. Su cara era una máscara de preocupación perfecta, pero sus ojos defendían a su hermano sin dudarlo.
"No es suficiente, Isabela. No esta vez", insistí, dirigiéndome a todo el equipo de seguridad que nos observaba en silencio. "Mañana, a primera hora, Mateo se disculpará formalmente delante de todos. Asumirá su responsabilidad".
Mateo me miró con un odio puro.
Isabela apretó la mandíbula, sus ojos se volvieron duros por una fracción de segundo.
"Como quieras, Javier. Lo que tú digas, cariño".
Su sumisión me pareció extraña, demasiado fácil.
Pero estaba ciego. Ciego por el amor que le tenía, ciego por la lealtad que sentía hacia su familia, a la que consideraba la mía.
No sabía que esa noche, al exigir justicia para mis hombres, había firmado mi propia sentencia.
No sabía que el perro guardián estaba a punto de ser sacrificado por haberle ladrado al hijo del amo.
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