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Portada de la novela DE LA OBLIGACIÓN AL AMOR

DE LA OBLIGACIÓN AL AMOR

Aiden Dumont busca resolver sus problemas mediante un matrimonio de conveniencia. Para lograrlo, decide casarse con Olivia Dacosta, cuya hermana, Mariana, fue su gran amor en el pasado. Aunque el vínculo nace como un pacto de negocios gélido y calculado, la convivencia despierta una pasión incontrolable entre ambos. Este sentimiento inesperado desafía sus propios términos, transformando una obligación contractual en un romance real que no pueden evitar.
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Capítulo 1

Olivia admiraba su pequeña figura en el espejo su diminuta cintura podría ser la perdición de muchos, su elegancia y el toque de inocencia en su rostro la dejaban ver muy adorable, pero sabía que no podía quedarse toda la noche en la habitación, no cuando en el primer piso de la Villa Dumonts se llevaba a cabo la celebración del cumpleaños Número 70 del Elder Dacosta.

- Mi niña, te estás tardando- la voz de su nana la sacó de sus pensamientos.

- No quiero bajar nana - Olivia fue sincera sabía perfectamente lo que la esperaba allí, su marido estará durante toda la noche con su hermana, personas burlándose de ella, sus padres hablando orgullosamente de Mariana, mientras ella solamente es vista ante los demás como una mujer sin escrúpulos por la primera condición del matrimonio además del 20% de acciones de la Empresa de Aidan, sus ojos estaban azules tristes hace 45 días se había casado con Aidan, pero fueron los 45 días más duros soportando el desprecio de la persona que amaba, cada vez que tenían intimidad él solamente la tomaba y la dejaba allí envuelta en una sábana, acompañada de los recuerdos de las miradas llenas de desdén y sus palabras hirientes.

- Al bajar te darás cuenta de que eres la mujer más hermosa de todas, mi pequeña Olivia - La mujer salió y Olivia también se vio obligada a seguirla.

El patio que se había convertido en un gran salón se encontraba llena de Empresarios, Aidan ya se encontraba hablando con ellos y tomado de su brazo como era de esperarse Mariana, la mujer usaba un vestido rojo que no dejaba a la imaginación absolutamente nada, realzando su sensualidad, pero Aidan sintió la penetrante mirada directa la vista hacia la entrada dándose cuenta de que su esposa había hecho acto de presencia la sonrisa fue sustituida de inmediato con un gesto de irritación, mientras Mariana se acurruca más en los brazos del hombre al darse cuenta. de la presencia de su hermana.

- Bajaste Olivia - Su voz se escuchaba muy falsa para la mujer que se encontraba observándolos, pero aquella voz para Aidan era poema.

- Tenía que bajar el abuelo está de cumpleaños - Respondió Olivia.

- Ya que estás aquí tomamos una foto con Mariana - Aidan tenía una mirada fulminante, sus ojos eran del mismo color de la profundidad de la noche.

- Aidan no es necesario- Mariana parecía avergonzada.

- Bien - Olivia tenía una preparación emocional para enfrentarse a su esposo y a su hermana, aunque en 4 paredes solamente ella sabía cuanto dolía sentir el desprecio de Aidan.

- No es necesario Aidan ella es mi hermana, buscaremos un fotógrafo.

- Mi dulce Mariana siempre preocupándote por todos.- Aidan beso a Mariana, Olivia apretó los puños, quería estrellar su mano en el rostro del hombre, pero supo controlarse.

Aunque inconscientemente el hecho de que Olivia parecía tener muros impenetrables y todo parecía ser indiferente para ella había molestado a Aidan, sus miradas se habían encontrado, Olivia se atrevió a enmarcar una de sus cejas.

- Los dejo, disfruten de la velada - El hermoso vestido blanco que Olivia traía puesto llamo la atención de muchas mujeres, era sencillo, pero marcaba la diferencia sin ser extravagante, la mujer se alejó, ya no soportaba verlos de esa manera, pero Aidan la sostuvo de la muñeca.

- Ninguna gota de bebida mientras más pronto quedes embarazada mucho mejor, no soporto tenerte cerca.

- Entonces suéltame, y el hecho de que aún no esté embarazada, quizás sea culpa tuya, no olvides que mantenemos intimidad muchas veces al día- Olivia había sonreído con superioridad apartándose con elegancia dejando a Aidan enfurecido.

- No le hagas caso - La suave voz de Mariana se escuchó a espaldas de Aidan, el hombre observa a su amada era hermosa por donde la mires, era dulce, sus ojos azules eran hipnotizantes e inocentes, pero al mirar los ojos de Mariana era como mirar los ojos de Olivia, a diferencia de Mariana ella era en ocasiones salvaje, tenía hambre de poder, era dura parecía no tener sentimientos por nadie.

- Muchacho- la voz de Oliver Dacosta hizo que Aidan se diera la vuelta mientras Mariana entrelazaba su mano con la de Aidan aquel gesto no paso desapercibido para el abuelo, pero guardo silencio. - Abuelo, feliz cumpleaños- Aidan hizo un gesto con la cabeza.

- Quiero que abras la pista de baile - Expuso el anciano sin mirar a su nieta.

- Abuelo, para nosotros será un placer hacer eso por ti - Mariana había interrumpido.

- ¿Eres su esposa? - Pregunto Oliver con desdén.

-Abuelo, soy la mujer que ama.

-¡Abuelo! - Olivia se volvió a acercar a ellos, ya que se dio cuenta de que el anciano se encontraba con ellos.

- Olivia, estaba informando que Aidan va a abrir la pista de Baile - Otro puñal lastimando su corazón, aquello fue lo que Olivia sintió al escuchar las palabras de su abuelo, sabe perfectamente que a pesar de ser la esposa de Aidan, Mariana era su gran amor - Así que espero niña que hayas bailado mucho en la escuela y que hayas aprendido a bailar.

- Abuelo, no creo que sea conveniente, yo creo que Mariana lo hará mejor que yo - Expresó Olivia a sentir la mirada de Aidan pasándose en ella.

- Nadie me discute Olivia - El anciano miró a su nieta posteriormente observo a la pareja - No hay negativa que funcione, no eres su esposa ante todos eres su amante, ni siquiera puedes darle un hijo - Soltó el Elder Dacosta mirando a Mariana.

En ese mismo instante los ojos de la mayor del Clan Dacosta se llenaron de lágrimas y Aidan rápidamente secó las lágrimas de su amada con el dedo pulgar, mientras el viejo se alejaba con Olivia.

- Mi preciosa Mariana, no llores, ya sabes que pronto todo esto acabará- Susurró Aidan.

- El abuelo tiene razón- Expresó entre sollozos Mariana - No puedo darte hijos, mi cuerpo mismo te obliga a buscar en otro lugar aquello que yo no puedo darte - Mariana no podía contener las lágrimas, ella al principio esperaba que Aidan no aceptará lo impuesto por su abuelo, deseaba que tener hijos no fuera su prioridad, que le dijera que no importa que no lo tendrán, pero todo fue muy diferente a lo que ella pensaba, la negativa nunca llego Aidan quería hijos, lo único que ella no podía darle, bueno y si tuviera la oportunidad de tener hijos sería solamente por ser el Heredero de la Familia Dumonts.

- No te quiero por los hijos que puedas darme- Expuso en un Susurró Aidan, todos los presentes observaban aquel gesto de amor, todos sabían que lo único que lo unía a Olivia Dacosta era el matrimonio en busca del heredero, pero que todo su amor le correspondía a Mariana Dacosta.

La pista de baile en ese momento fue despejado y Aidan se posicionó no podía negarse a la solicitud del abuelo, por el otro extremo Olivia se encontraba no podía negar que tenía los nervios a flor de piel, unos segundos después tuvo que avanzar todos miraban expectantes aquel acto, las manos de Aidan sostuvieron las suyas hasta que quedaron frente a frente, Aidan posó sus manos en la cadera de Olivia aquel contacto produjo escalofríos en el cuerpo de la mujer, mientras las manos de ella fueron puestas al hombro de Aidan, una íntima cercanía, mientras la música suave empezaba a sonar, eran una pareja envidiable se movían lentamente, la mirada de Olivia conectaba intensamente con la de Aidan, así continuaron hasta que la canción se detuvo salió de sus pensamientos cuando los aplausos no se hicieron esperar, en aquel baile no se observó el desprecio de él, tampoco había la indiferencia de ella.

- No te ilusiones, solo estaba finciendo, la única mujer a quien voy a mirar con amor es a Mariana, tú no eres ella, tú no eres nadie para mí, este baile no ha significado nada - su tono era frío, su mirada era gélida y con aquellas palabras susurradas al oído de su esposa Aidan se apartó, aunque sus palabras le dolían, Olivia dejo ver una pequeña sonrisa, ella no significaba nada para él y ella debía de aceptarlo.

Aunque el contrato dure toda la vida, ella para él podría ser un objeto más, podrían pasar mil años y ella nunca escalaría en el corazón del hombre, nunca existiría amor entre ambos, Olivia se dirigió a la cocina tratando de clamar el dolor provocado por las palabras de Aidan.

Mientras tanto, Mariana se dio cuenta del intento de contener la ira que crecía en su interior, odiaba que su hermana tuviera contacto con Aidan ya bastante, soportaba que su amado mantuviera intimidad con su hermana 3 veces a la semana, o al menos aquello era lo que Mariana pensaba.

- Sabías que ese lugar debía de utilizar tu hermana, solo estás ahí como su sustituta de vientre no tenías derecho de bailar con Aidan - Antes de que Olivia pudiera reaccionar una bofetada se escuchó en la cocina - Eres una aprovechada, eres una arpía- Teodora Dacosta la madre de Olivia y Mariana se veía muy furiosa.

-Madre, el abuelo.

- Escucharte, me da asco, cállate y lárgate de aquí, apagando el brillo de tu hermana hubieras muerto cuando se presentó el desprendimiento de esa manera no seguirías siendo un estorbo.

El corazón de Olivia se había perdido varios latidos, las lágrimas no pudieron contenerse, levantó la mirada y observó desde el cristal la imagen de Aidan y Mariana acurrucados bailando, secó las lágrimas tomando la decisión de abandonar la fiesta, pero la voz de Oliver Dacosta detuvo a la joven.

- ¿Desde cuándo una Nieta mía se esconde? - Preguntó el anciano - Ah, desde que tu miedo fue más fuerte que tu valentía, no tienes que tener miedo de amar.

- Quiero irme abuelo - Susurró Olivia.

- Te dejaré ir, pero solo si desde mañana dejarás de ser cobarde, toma un vehículo - El anciano había sonreído.

-Gracias abuelo - Olivia se alejó solamente al salir, se había dado cuenta de que estaba por llover.

- No vas a llevarte ningún vehículo- Mariana la agarró con fuerza - Te irás caminando por hacerme quedar como la amante al bailar con Aidan.

- ¿Qué te pasa? - Olivia había empujado con fuerza el cuerpo de Mariana, logrando que cayera al suelo mientras una sombra negra se precipitaba al lado de ellas.

- ¿Estás mal? - Aidan había llegado enfurecido y sin esperar mucho le había propinado una cachetada al pequeño rostro de Olivia - Nunca vuelvas a ponerle una mano encima de mí entiendes - Espeto el hombre furioso.

El rostro de Olivia ardía de dolor, pero sus ojos observaron al hombre con odio y engaño. - Tú tampoco vuelves a ponerme una mano encima, Aidan - Luego de escuchar aquellas palabras, el hombre había quedado aturdido mientras observaba como Olivia se iba corriendo, al mismo tiempo la lluvia había comenzado a caer.

La noche se sentía más fría, su vestido todo mojado se pegaba a su pequeño cuerpo mientras sus párpados se sentían cada vez más pesados, parecía que en cualquier momento caería al suelo.

- Mujer, acaso eres tonta, como te exponens a la lluvia de esa manera - La persona carga el pequeño y débil cuerpo de Olivia protegiéndolo de la lluvia.

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