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Portada de la novela De heredera a empecinada

De heredera a empecinada

Charlotte malvivía en un compromiso gélido con el magnate Bryant Barnes. Tras sufrir la agresión de Kalia, la amante de su prometido, Bryant la dejó morir ahogada en un lago. Tras ser rescatada milagrosamente, ella despierta de su engaño amoroso. Consumida por la traición y con el alma endurecida, Charlotte contacta a Jaden para orquestar una venganza implacable. Ahora, está decidida a reducir a cenizas el imperio del hombre que intentó destruirla.
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Capítulo 2

En cuanto terminó la llamada con Jaden, una nueva claridad se apoderó de Charlotte. El dolor en los huesos y en la mano rota persistía, pero la niebla de su obsesión se había disipado.

Primero, se ocupó del daño físico yendo al hospital, en donde le enyesaron la mano y le curaron los hematomas, al tiempo que ignoraba las miradas de lástima de las enfermeras.

Luego se fue a casa y empezó a borrar al hombre.

Pasó la noche entera limpiando el apartamento de todo rastro de Bryant Barnes. Quitó las fotos enmarcadas, rompió los portarretratos e hizo trizas las imágenes. Todos los regalos que él le había hecho, (indiferentes y obligatorios para cumpleaños y fiestas), los metió en bolsas de basura.

Los trajes a medida de su armario, las colonias caras de su tocador, los libros de su mesita de noche... todo desapareció. Ella trabajó con una furia metódica, sintiendo una sombría satisfacción que crecía al desechar cada objeto. Al amanecer, el apartamento estaba medio vacío, reflejando por fin la verdad de su relación.

Bryant regresó a la mañana siguiente, esperando enfrentarse a otro de sus "episodios". Sin embargo, cuando entró, se detuvo en seco, mirando la sala de estar vacía.

"¿Qué demonios es esto?", preguntó con voz irritada.

"Estoy limpiando", dijo Charlotte, con voz tranquila. Estaba sentada en el sofá, tomando café, con la mano enyesada apoyada en el regazo.

"¿Todavía estás molesta por lo de ayer?", se burló él. "Te dije que me encargaría de Kalia. No necesitas hacer un berrinche".

"Esto no es un berrinche", replicó ella, sin mirarlo. "Solo me estoy deshaciendo de cosas que ya no necesito".

Él entrecerró los ojos, estudiándola. Supuso que era una nueva táctica que empleaba, desesperada por llamar su atención. A decir verdad, estaba tan acostumbrado a que ella luchara por él, que no podía reconocer que por fin había dejado de hacerlo.

"Tus amenazas no funcionan conmigo, Charlotte. Me da igual que tires todas mis cosas", le dijo con frialdad.

Ella finalmente se volvió para mirarlo, con una sonrisa leve y curiosa. Ahora que el amor había desaparecido, sentía una extraña sensación de desapego. "Tengo una pregunta para ti, Bryant".

Él esperó, molesto.

"¿Por qué aceptaste este compromiso? ¿Cuál fue la verdadera razón?".

"Ya te lo he dicho", contestó él, agitando una mano desdeñosa. "Es por nuestras familias. Fue una buena decisión de negocios".

"Una decisión de negocios", repitió ella en voz baja. Un peón. Eso era todo lo que ella había sido para él. Pero, en este punto, ya ni siquiera le dolía darse cuenta. Era solo un hecho, frío y duro.

Tras respirar hondo, las palabras comenzaron a formarse: se cancela el compromiso.

Pero antes de que pudiera hablar, el celular de Bryant sonó.

De pronto, su expresión irritada se suavizó. El cambio fue tan brusco, tan completo, que fue como ver surgir a otra persona.

"Kalia", murmuró, con voz grave y suave como una caricia. "¿Estás bien? ¿Dormiste bien?".

Escuchó un momento, de espaldas a Charlotte. "No te preocupes, voy enseguida".

Con esas palabras, pasó junto a ella y se dirigió a una pequeña caja antigua que había sobre la repisa de la chimenea. Luego la abrió y sacó un collar de perlas. Era algo que Kalia había deseado, así que él se lo había comprado y guardado allí.

Sí, Bryant había vuelto por el collar de esa mujer, no por ella.

Finalmente, la última y microscópica pizca de duda se desvaneció. Todo se había acabado. Por fin, de verdad.

Al instante, una risa amarga escapó de los labios de Charlotte, seguida de una única lágrima silenciosa que trazó un camino por su mejilla magullada.

Tema aparte, tras descansar un poco, ella se preparó para la Gala Sterling anual, que se celebraría esa noche. Era uno de los acontecimientos más importantes del calendario social neoyorquino. Por eso, eligió un impresionante vestido negro de espalda abierta, que gritaba confianza y desafío.

En la gala, la recibió la escena que esperaba. Bryant estaba allí, y Kalia se aferraba a su brazo, radiante, con un collar de diamantes que Charlotte sabía que costaba más que un auto sencillo.

De la nada, su corazón se estremeció de forma familiar y dolorosa, pero se obligó a contenerlo. Después de todo, era solo un reflejo, fantasma de un amor muerto hacía tiempo.

Frente a ella, Bryant adoraba abiertamente a Kalia. Le traía champán, le ajustaba el chal cuando se movía, y se reía de sus chistes, con los ojos llenos de una luz que nunca, nunca mostraba a Charlotte.

A raíz de eso, los murmullos resonaron mientras esta última se movía entre la multitud.

"Míralo, ya ni siquiera intenta ocultarlo".

"Pobre Charlotte. Es un chiste. Todo el mundo sabe que él solo la usa por el apellido".

"Escuché que se está volviendo loca. Un amigo de un amigo dijo que tuvo un colapso total la semana pasada. Le doy seis meses antes de que termine en un sanatorio".

Las palabras flotaron a su alrededor, agudas y crueles. En el pasado, la habrían calado hasta los huesos. Pero esa noche, las sentía distantes, como un ruido que no tenía nada que ver con ella.

'No voy a volverme loca', pensó, con una fría determinación endureciéndose en su interior. 'Voy a vengarme'.

Pondría fin al compromiso, cortaría todos los lazos y le haría ver lo que había tirado a la basura.

Al momento siguiente, necesitando un poco de tranquilidad, Charlotte salió a uno de los grandes balcones con vistas a las luces de la ciudad.

Instantes después, una voz goteó veneno detrás de ella. "¿Todavía tienes el valor de mostrar tu cara después de que te derroté?".

Era Kalia.

"Pensé que estarías en casa, llorando en la almohada", se burló, acercándose. "Pero supongo que ya estás acostumbrada a la humillación".

Continuó: "Bryant solo te mantiene cerca por el nombre de tu familia". Su tono era completamente despiadado. "Él mismo me lo dijo. Le pareces aburrida. Predecible".

Charlotte se volvió hacia ella, con una expresión ilegible.

"Soy Charlotte Glover", dijo, firme y clara. "Era mi nombre antes de conocer a Bryant, y lo seguirá siendo mucho después de que él no sea más que un recuerdo sin importancia en mi vida. Tú, en cambio, no eres nada sin él".

Haciendo una pausa, se acercó un paso más, y sus ojos se clavaron en los de Kalia.

"Eres un parásito. Uno bonito y codicioso. Pero los parásitos no pueden sobrevivir sin un anfitrión. Y él nunca se casará contigo. Nunca tendrás un título, ni un nombre. Siempre serás solo la amante, el pequeño y sucio secreto".

Charlotte sonrió, lenta y fríamente.

"Ahora dime, ¿cuál de las dos es más patética?".

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