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Portada de la novela Cuentos Picantes

Cuentos Picantes

Explora una cautivadora serie de relatos de romance contemporáneo que destacan por su intensa carga erótica y secuencias explícitas. Esta entrega literaria propone una narrativa vibrante, enfocada en materializar las fantasías más profundas mediante encuentros cargados de pasión. El autor expande su colección con historias diseñadas para ser saboreadas lentamente, permitiendo que el deseo guíe cada trama. Vive una experiencia excitante donde la intimidad y el ardor son los ejes centrales.
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Capítulo 2

Bueno, recientemente había roto con un novio y estaba en esa fase divertida. Salía mucho con mis amigos, borrachos. Siempre bailando, y besándome con varios chicos, en esa emoción descargué Tinder, y allí conocí a un chico.

Era un señor de 48 años, con barba, no era guapo pero se veía muy elegante, y terminamos por emparejarlo. Hablamos un poco, pero no me importó mucho su conversación, terminamos sin hablarnos durante dos meses, pero nos teníamos en whatsapp.

Llegué a casa del trabajo un viernes y tenía muchas ganas de ir a un bar y publiqué esto en mis historias. Él vino y me pidió que fuéramos a tomar una copa y así sucesivamente, para que pudiéramos conocernos y así sucesivamente. Me terminó de convencer, así que me puse un vestidito y fui.

Cuando llegué estaba muy diferente a las fotos, no me gustaba casi nada, estaba un poco calvo y gordito, pero tenía unos ojos azules preciosos. Estaba de buen humor, hablamos mucho. Súper coqueta, no dejaba de decir que me veía muy hermosa, que en persona era más buena, que nunca había salido con una jovencita tan hermosa y tal… Yo solo quería irme porque ya estaba harta de él, corriendo su mano sobre mi muslo y tal.

Pidió tequila y yo decidí beber un poco antes de irme a casa. Estaba súper emocionado. Fui un poco suave, y él vino y me besó con placer, muy travieso, explorando mi boquita con su lengua, mordisqueando mis labios lentamente. Yo estaba muy caliente. Me susurró al oído, podía ver mis senos haciendo pucheros a través del vestido y quería mamar. Bebí aún más y él bromeó y chupó mi lengua. Entonces me llamó al motel cercano, solo para ponernos cómodos y hablar, dijo.

Me repetí mil veces que no se lo daría, al fin y al cabo tenía casi la edad de mi padre, y me arrepentiría después.

Terminamos yendo al motel, en su auto. Su pene ya estaba bastante duro, podía verlo incluso sobre sus pantalones. Tan pronto como llegamos a la habitación, él ya puso sus manos planas en mi trasero, apretándome por todas partes y le pedí que se detuviera. Estuvo de acuerdo y abrió un whisky. Tomamos un ratito y me empezó a besar de nuevo y a hacer piropos, a preguntarme cosas muy sexuales, si ya había hecho anal, y como estaba mi chochito. Le respondí que era hermoso y me pidió verlo, lo negué, riéndome mucho pero ya estaba cachondo otra vez.

Su polla palpitaba mucho y me pidió que le mostrara un poco. Lo dejé y se lo sacó del pantalón, un rabo grueso y venoso, con la cabeza toda babeando. Empezó a pedir un mamón alegando que era mi culpa por ser así, yo ya estaba bastante loco así que decidí mamar.

Me tragué todo el palo en mi boca, subiendo y bajando por el poste con mucho Horny. Gimió acaloradamente, empujando en mi pequeña boca. Succioné mucho su cabecita rosada mientras él jadeaba de placer. Entonces me pidió tocar mis senos, me dejé tocarlos, los pezones se pusieron duros y me rogó que los chupara… Solo un poco de chupetón no duele, ¿no? Me quité el vestido y estaba solo en bragas negras, el coño masticando todas las bragas. Pasó el dedo por mi gruta babeante y me regañó. Se disculpó y vino a chupar mis pechos con voracidad, mordiendo los picos y jugando, su gran polla rozando mi pierna.

Yo estaba muy emocionado y él aprovechó para meter su dedo en mi coño. Rápidamente me quitó las bragas y me metió el dedo dentro, estaba muy mojada. Abrí mis piernas y le pedí que me chupara el brote, ni siquiera lo cuestionó, bajó y agarró el coño con placer, lamiendo mi miel y chupando mucho el brote. Me vine sabroso en su boca, meneándose mucho. Mi coño estaba sensible y él estaba metiendo su polla con todo, diciendo que estaba muy caliente y solo quería probar un poco.

Como ya lo había tomado, me dio pena y lo dejé pasar, ya lo había disfrutado. Estaba metiendo la polla hasta el tallo y le dije que era hora de quitársela, hizo como que no escuchaba y siguió comiendo el coño. Le dije que se quitara la verga y se pusiera al menos un condón, dijo que eso haría, me empezó a frotar la raja y me volví loco. Luego fue mi turno de pedirle que no me sacara esa mierda. La polla era muy gruesa, llenaba todo mi coño, la fricción era demasiado deliciosa. Se volvió loco cuando le pedí que la siguiera metiendo, mi coño sediento masticaba mucho la polla, siempre muy golosa a la hora de tomar polla.

La polla entró hasta el tallo, apretando en las paredes del coño y él gimió diciendo que tenía un coño delicioso. Salió de mí y me puso en un marco. Me dio un pequeño escupitajo en el culo y me metió la cabeza en mi agujerito, en cuanto me metió me empezó a empujar. Rugí de dolor y excitación. El culo apretaba mucho la verga y le encantaba, me comía el culo y me daba varias cachetadas, llamándome puta y puta, me tiraba del pelo y me movía bonito, sintiendo como se me desgarraba el culo.

Cuando me dejó en la cama, fue a una mercería donde tenía prótesis de pene que el motel le proporcionaba para comprar. Sacó un consolador grande de ahí, rasgó la bolsa y me dijo que le chupara esa tórtola. Chupé hasta que me salió toda la baba, mucha curiosidad por saber a dónde iría eso... Me puso a cuatro patas y me metió todo eso en el culo. Se sentó en el sofá y bebió whisky y me lo dio a beber también, bebí medio vaso, y me frotó el coño que ardía de lujuria. Se sentó con las piernas abiertas y me dijo que me sentara en su polla. Me subí y ajusté la polla a la entrada de mi coño. Él subió, levantando las caderas y hundiendo su coño con fuerza. Dejé escapar un grito, algo que todo el motel escuchó, comencé a cabalgar sedienta, con esa polla comiéndome el coño y el dildo desgarrándome el ojete.

En un momento ya estaba tan emocionada que me corrí como loca. Grité mucho, rogándole que me follara y comiera mi coño, comenzó a empujar más fuerte y mi coño mordió la polla porque me estaba corriendo. Pronto se corrió mucho dentro de mí, llamándome perra traviesa. Me levanté con el coño chorreando semen y lo dejé filmar, sin mostrar mi cara. Pronto se excitó de nuevo y volvió a meter su polla en el coño, se vino encima, agarrando mis piernas y cavando profundamente, enrollando mi coño. Estaba loco por la polla de ese hombre cachondo otra vez, y mi coño tragó, rogando por la polla.

Quedó muy sabroso, cada bomba me ponía más alucinada y cachonda, estaba delicioso. Mi coñito muy goloso, era muy pequeño y apenas le cabía la polla, pero se la tragaba hasta el pedúnculo, muy traviesa. Mi parrilla rosada estaba muy dura de correrse y la miel fluía mezclada con su semen, en ese frenético vaivén.

Le di el coño con mucho gusto, gimiendo y empujando el coño hacia delante para que me metiera toda la polla. Le supliqué que destrozara mi coño gritando, para que todo el motel lo escuchara. Él era muy travieso, me llamó puta y metió su polla muy fuerte en el fondo del coño. Me volvió a poner de rodillas para mamar y yo me puse muy traviesa ya a cuatro patas, chupando toda la polla, tragándoselo todo, mientras él gemía. Llegó encima otra vez, rodando mi coño y llamándome perra. Mi cuerno muy duro en esa roça roça, me volví loco y me corrí en su polla de nuevo, mi coño temblaba de lujuria y pedía más y más polla.

Estaba golpeando la polla muy fuerte, abriendo mis piernas para aprovechar mi coño masticando toda la polla. Continuó frotando mi pequeña parrilla y me corrí tras ella durante días, un orgasmo múltiple como nunca había tenido en mi vida. Mi coño temblaba mucho y yo gritaba locamente de lujuria mientras él inundaba mi coño con un semen muy espeso. Cayó a mi lado, diciendo que finalmente le había soltado mi coño.

Después de eso, nunca más volví a salir con hombres más jóvenes, e incluso salí con él muchas otras veces, lástima que luego me enteré de que estaba casado.

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