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Portada de la novela Cuatro Hadas

Cuatro Hadas

Cuatro mujeres traicionadas y asesinadas por sus parejas renacen mediante los elementos naturales para convertirse en hadas. Tras entrenar sus dones, a los dieciocho años enfrentan un reto final: reformar a los atormentados hermanos Romanov, dueños de un imperio empresarial. Para alcanzar la inmortalidad, no deben enamorarse. Entre el deseo de venganza contra sus antiguos verdugos y la tentación de un nuevo amor, deberán decidir si abrir su corazón o sucumbir a la furia.
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Capítulo 9

Los señores Romanov cruzaron el umbral de su mansión, seguidos por las cuatro jóvenes, mientras sus hijos los esperaban sentados en los grandes sillones de cuero negros del salón.

— No lo puedo creer, están en silencio y sin pelear, esto es algo nuevo. — La sorpresa era autentica en la voz de Nessari.

— Que chistosa madre. — Respondió con molestia el mayor.

— Zigor, cuida tú tono de voz, que estás hablando con tu madre. Adelante niñas tomen asiento. — dijo el patriarca y ella obedecieron, el señor Oleg les agradaba.

Los hermanos se encontraban sentados de una forma casual casi descuidada, de espalda a la entrada, mostrando de esta manera la molestia que le causaba las ordenes de sus padres, pero cuando las jóvenes desfilaron frente a ellos, automáticamente su postura cambió, miraban a esas mujeres vestidas tan diferentes entre sí, al igual que las auras que sus cuerpos transmitían. Una más bonita que la otra, parecían piedras preciosas, ante ellos brillaban las representaciones en persona de un rubí, piedra que representa el fuego, un zafiro, en representación del agua, un diamante, transparente como el aire y una esmeralda, como la misma hierva que crece sobre la tierra.

Nefered, fue la primera en pararse frente a ellos, con unos vaqueros negros ajustados, una remera de algodón blanca y una campera también de algodón pero de color negra, a pesar de que su vestimenta parecía común, ella las hacía lucir como algo sumamente costoso, los grandes pechos le impidieron cerrar al completo el cierre de la campera, sus labios lucían un color rojo sangre y los ojos estaban delineados en negro, su cabellera lacia y negra como el carbón brillaba ante la luz que la bañaba, miró a los cuatro hombres, con desafío e inclusive un poco de odió, para ella todos los hombres eran iguales, unos monstruos. No en vano es sabido que, si a un hombre se le aparece un hada de fuego, lo último que verá en su vida es el rojo brillante de sus alas.

— Buenas tardes mi nombre es Nefered Ahmed. — se presentó de forma serena, pero concisa.

— Que nombre y apellido tan raro. — Comento Zigor con un poco de burla, y ella lo fulminó con la mirada, sabía quién era, ya que Nessari les enseñó fotos de sus hijos en lo que duró el viaje, levantando una ceja y mirándolo directamente a los ojos de forma desafiante y un poco soberbia respondió.

— Es un apellido egipcio, creí que un Romanov no necesitaría tal aclaración, señor Oleg, ¿está seguro de que él es el indicado para estar al cuidado de sus empresas, por un año? — dijo con toda seriedad.

Automáticamente sus hermanos rompieron a reír, Zigor quería saltar sobre ella y azotarla por su comentario, pero cada gesto de la joven le tentaba a hacer otra cosa también, como por ejemplo besar esos labios tan gruesos y perfectos.

"Esto me lo pagarás pequeña diabla, a la mierda la pelirroja.”

— Soy muy capaz de estar al mando de todo, soy el mayor, y para que lo veas bien de cerca tú serás mi asistente. — dijo imponiendo su voluntad, como era su costumbre.

— Bien, por mí no hay problema, podrá descansar tranquilo y disfrutar de su viaje señor Oleg. Yo me asegurare que todo esté bien. — Dicho esto, Nefered se sentó en la punta del gran sillón, enfrente de Zigor, mientras se mataban con la mirada.

"Estúpido mal criado".

"Pequeña diabla, ¿cómo te atreves?".

El padre de la familia casi no podía mantenerse serio, debido a que conocía el carácter de sus hijos, sabía que este sería un año largo para ellos, Y la risa estaba a punto de salir de su boca, pero se contuvo, no quería echarle más leña al fuego, aunque si supiera que Nefered era el mismo fuego y ardía por enseñarle a Zigor un poco de disciplina.

La segunda en presentarse ante ellos fue Melania, entró con la cabeza gacha, sus mejillas rosadas y su rostro casi cubierto al completo por las ondas que caían del largo cabello castaño, su vestido en tono beige era muy parecido a la segunda capa terrestre, pero los jóvenes lo único que veían era que parecía un vestido antiguo, como si estuviera en un siglo diferente al que pertenecía. Como si fuera alguna dama en una pintura, sobre su cabello, una corona de flores blancas la hacían lucir aún más pequeña de lo que era, tanto en estatura como edad y la inocencia bañaba su rostro al completo.

"Ella si es la indicada para mí, se ve completamente una persona sumisa.”

Antes que la joven tomara su lugar, Milos habló.

— Ella será mi asistente, la pido primero. — Dijo con soberbia ya que temía tener que discutir con algunos de sus hermanos por ella. Sus padres estaban molestos por su comportamiento, pero se quedaron en silencio, querían ver si estas jóvenes podían con el carácter de sus cuatro retoños.

Melania levantó muy despacio su rostro así de lento como la tierra tarda 24 horas en girar sobre sí misma y depósito en el joven sus ojos color chocolate. Hipnóticos y misteriosos.

— Mi nombre es Melania Katsaros, griego mi apellido al igual que mi origen por si hay alguna duda, no lo olvides por favor, soy una persona, no un objeto. — La voz de la joven era suave, pero firme, como un pequeño temblor, un suave terremoto que no causa daño visible a las estructuras de los edificios, pero si mueve los cimientos de ellas, para debilitarlas y que luego caigan por sí solas. Mientras que el color chocolate de sus grandes ojos la hacía parecer triste.

Todos estaban expectantes esperaban los gritos de Milos, ya que el joven era rígido y soberbio, no aceptaba replica alguna a lo que él decía y menos que lo reprendieran por algo, pero no sucedió, esos ojos lo seguían mirando, esperando una respuesta y él lo único que pensaba era.

"¿Por qué estás triste?"

— Disculpa Melania, no fue mi intención. — Nessari cruzó una mirada de asombro con su esposo Oleg, pero aun así no dijo nada. Su hijo jamás se disculpaba con nadie, pero no quería arruinar el momento de calma.

La tercera muchacha se presentó, Calíope, el color de su pelo era algo digno de ver, delgada, de piel rosácea y con unas pecas que invitaban a mirarla y contarlas, un vestido blanco que parecía moverse con alguna brisa primaveral, aunque eso era imposible, ya que estaban en el interior de la mansión, pero cuando controlas el aire, nada es imposible.

— Buenas tardes mi nombre es Calíope Sullivan, soy de descendencia irlandesa, espero poder ayudarlos.

Calíope era una joven amistosa y charlatana, por eso no tenía miedo en presentarse y lucir amistosa, pero Yannick, el maníaco del control creyó que lo que veía era muestra de una buena asistente y eso es lo que él quería, alguien práctico y contundente que lo ayudara a sobresalir de sus hermanos.

— Calíope, me gustaría que seas mi asistente, veo potencial en ti. — dijo con total seriedad Yannick.

Zigor rompió a reír sin tardanza, estos dos mantenían una competencia personal, en querer demostrar cuál de los dos era mejor en todo, y oír hablar así a su hermano le divertía.

— ¡¿Qué es lo gracioso idiota?! — dijo ya pensando en golpear al mayor.

— ¡Cálmate, no estamos solos, imbécil! — Respondió Zigor, conociendo las intenciones de su hermano.

— No deberían discutir, es una pérdida no solo de tiempo, sino que de energías que podrían utilizar para trabajar. —intervino Calíope, disipando la tensión como el viento se lleva las nubes.

Yannick, estaba convencido de que había elegido a la asistente perfecta. Por lo que decidió hacerle caso a Calíope y no entrar en el juego de su hermano mayor.

— Bueno, mi asistente será la que falta conocer supongo. — El aburrimiento en la voz de Kilian era notable, él prefería estar divirtiéndose con la hermosa morena que tiene por novia, antes de perder el tiempo en presentaciones. Por fin levantó los ojos de su teléfono y la vio.

Indivar se movió con un paso suave, segura de ella misma, al igual que el agua se desborda del río y reclama todo a su paso sin importarle nada, unos vaqueros ajustados blancos y una blusa celeste que resaltaba sus rasgos albinos y el color azul exótico de sus ojos lo cautivó de inmediato.

— Indivar Carver, alemana. — Fue lo que ella dijo, pero Kilian sentía como si esta mujer le hubiera recitado un poema, sus mejillas se pusieron rojas y tuvo que apartar la vista de ella.

"¿Que mierda me pasa?, Dios, ¡solo dijo su nombre! Esto es estúpido."

— Kilian Romanov. — respondió aclarándose la voz, aunque estaba seguro de que la joven lo sabía.

— Espero poder ayudarte Kilian. — Y kilian sentía que aparte de ser honesta ella ya lo había ayudado, desde el primer momento que la vio, su mente le mostró un par de aretes de oro blanco con dos gemas de aguamarina o zafiros quizás, colgando en ellas.

"Tú serás mi musa, mi inspiración, gracias a ti diseñare las mejores joyas".

Fue así como comenzó todo, estos hombres no entendían bajo que hechizo habían caído, pero así era, no podían pronunciar palabra alguna, mientras que estas mujeres los observaban, algunas con simpatía otras con recelo e incluso miedo.

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