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Portada de la novela Cuando el Destino Da una Nueva Danza

Cuando el Destino Da una Nueva Danza

Tras fallecer en la miseria por un incendio provocado y un escándalo de dopaje que arruinó su carrera en el baile, la protagonista recibe una segunda oportunidad. Despierta en el pasado, justo antes de la traición de Sasha y su novio Máximo, los arquitectos de su desgracia en México. Con el conocimiento de sus planes perversos, ella buscará evitar la destrucción de su familia y recuperar su honor, impidiendo que sus enemigos repitan su victoria.
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Capítulo 3

Las puertas del cibercafé se abrieron de golpe, y las luces rojas y azules de las patrullas iluminaron la oscuridad, creando sombras danzantes en las paredes.

"¡Luciana Garcia! ¡Salga con las manos en alto!".

La voz del oficial, amplificada por un megáfono, retumbó en el silencio.

Me quedé paralizada. Esto no estaba pasando. Yo había cambiado el guion.

"¡Policía! ¡No se muevan!".

Varios oficiales entraron, con sus linternas cortando la penumbra. El haz de luz me encontró, cegándome.

"¡Ahí está!".

Me rodearon. Justo en ese momento, como si fuera una obra de teatro perfectamente sincronizada, Sasha y Máximo entraron corriendo.

"¡Luci! ¡Oh, Dios mío, Luci! ¿Qué está pasando?", gritó Sasha, con lágrimas falsas en los ojos.

"Oficial, debe haber un error", dijo Máximo, poniéndose delante de mí como un escudo protector. "Luciana ha estado conmigo todo el tiempo. La dejamos en el hotel anoche".

Mentiroso.

"Señor, apártese", ordenó un oficial con severidad.

"¡No he hecho nada!", grité, mi voz temblando de rabia e impotencia. "¡He estado aquí las últimas veinte horas! ¡No he salido de este cibercafé!".

Me giré hacia la gente que me rodeaba, buscando un rostro amigo, un testigo. "Alguien, por favor, dígales. Me han visto aquí, ¿verdad?".

Pero sus caras solo mostraban confusión y miedo. Nadie dijo una palabra. Eran solo extraños, absorbidos en sus propios mundos virtuales, ahora atrapados en mi pesadilla.

El dueño del local se acercó, encogiéndose de hombros. "Lo siento, oficial. La subida de tensión de hace un momento… quemó el disco duro de las cámaras. No hay ninguna grabación".

Por supuesto. Qué conveniente.

"Luciana Garcia, está usted detenida bajo sospecha de fraude deportivo y uso de sustancias prohibidas", dijo el oficial al mando.

"¡No! ¡No tienen pruebas!".

"Oh, creo que sí las tenemos", dijo, y con un gesto, otro oficial se acercó a mí.

Antes de que pudiera reaccionar, metió la mano en el bolsillo de mi chaqueta, directamente en el bordado de la Piedra del Sol.

Sacó una diminuta jeringa, apenas más grande que un alfiler.

El aire se escapó de mis pulmones.

Sasha ahogó un grito, cubriéndose la boca con la mano. Máximo me miró con una expresión de profunda decepción.

"Luci… no puedo creerlo", susurró Sasha.

"Te vimos, Luci", añadió Máximo, su voz llena de un dolor fingido. "Te vimos en el backstage. Te vimos en el escenario".

La trampa era perfecta. Más elaborada de lo que había imaginado.

No importaba que yo no estuviera allí.

Ellos habían creado una Luciana para que ocupara mi lugar.

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