
Cuando el Amor es Solo un Escalón
Capítulo 2
La noche de la inauguración de la galería de Mateo, el aire estaba cargado de perfume caro y ambición.
Yo ajustaba el cuello de su camisa, un gesto que había repetido miles de veces en los últimos cinco años.
"¿Estás nervioso?", le pregunté, mi voz apenas un susurro.
Él sonrió, pero su mirada recorrió la sala llena de críticos de arte y gente rica, sin detenerse en mí.
"Hoy es el día, Catalina. Todo por lo que hemos trabajado".
Dijo "hemos", pero yo sabía que se refería a él.
Durante cinco años, cada centavo de mis ahorros como repostera, cada hora extra en la cocina, se había ido a su sueño. Pagué su matrícula en la escuela de arte, sus materiales, y finalmente, esta galería de vanguardia.
Él venía de la nada, con una familia ahogada en deudas de juego. Yo lo vi, vi su talento y decidí apostar por él.
Saqué la pequeña caja de terciopelo de mi bolso. Dentro, un anillo de diseño exclusivo que había encargado hacía meses. Era el momento perfecto.
Justo cuando iba a arrodillarme, mi teléfono vibró. Era mi asistente de la pastelería, llorando.
"Catalina, lo siento... la inspección sanitaria... nos han cerrado. Dicen que hay una plaga. ¡Pero es imposible, todo está impecable!".
Sentí un frío recorrer mi espalda. Mi negocio, mi única fuente de ingresos, mi orgullo, se había derrumbado en una noche.
Miré a Mateo, buscando apoyo, pero él estaba hablando animadamente con un grupo de personas. Entre ellos, vi a Sasha Chavez, una chica de su antiguo barrio que siempre me había mirado con celos.
De repente, un hombre mayor, con un traje impecable, se acercó a Mateo y le puso una mano en el hombro. Mateo se giró, su expresión cambió de la sorpresa al éxtasis puro.
La sala se silenció. El hombre, a quien reconocí como el patriarca de la familia Lester, dueños de una enorme fortuna en el negocio del vino, levantó una copa.
"Damas y caballeros, esta noche no solo celebramos el arte. Celebramos el regreso de un miembro perdido de nuestra familia. Les presento a mi hijo biológico, Mateo Lester".
Un murmullo recorrió la sala. Los flashes de las cámaras estallaron.
Mateo me miró, y por primera vez esa noche, realmente me vio. Pero no había amor en sus ojos. Había desprecio.
Se acercó a mí, su nueva confianza era asfixiante.
"Catalina", dijo, su voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran. "¿Qué es eso que tienes en la mano?".
Antes de que pudiera responder, me arrebató la caja, la abrió y soltó una carcajada cruel.
"¿Un anillo? ¿En serio? ¿Justo ahora que mi pastelería está en la ruina y yo soy un Lester?".
Su voz era puro veneno.
"Déjame adivinar. ¿Pensabas atraparme ahora que soy rico? Qué trepadora más patética".
El mundo se detuvo. El dolor fue tan agudo que me quedé sin aire.
"Mateo, no...", susurré.
Él arrojó el anillo al suelo. El pequeño objeto de plata rodó bajo los pies de los invitados.
"Se acabó, Catalina. Sasha", llamó, y ella se deslizó a su lado, sonriendo triunfante. "Ella entiende mi nuevo mundo. Tú no perteneces a él".
Me dio la espalda y se fue, dejándome sola en medio de la humillación, con el eco de sus risas y el sonido de mi corazón rompiéndose.
También te puede gustar





