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Portada de la novela Cuando el amor desafía las reglas

Cuando el amor desafía las reglas

Desesperada por salvar a su padre, Helena suplanta a su hermanastra y contrae nupcias con un poderoso heredero sordo. Lo que empieza como un pacto gélido y lleno de hostilidad por parte de él, evoluciona cuando el millonario decide protegerla de sus enemigos. Sin embargo, al expirar el contrato matrimonial, el hombre implacable se desmorona. Ante la inminente partida de Helena, él deja atrás su orgullo y le ruega, entre llanto, que se quede a su lado.
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Capítulo 3

"¿Qué te tiene tan inquieta hoy? Normalmente siempre estás tranquila", soltó Eleanor, con los brazos cruzados firmemente, mirando de reojo a Helena.

"No es profesional chismear sobre la vida personal de alguien en la oficina, especialmente si esa persona es uno de los invitados de nuestro programa", respondió la otra con claridad, manteniéndose firme.

"¿Y a ti qué te importa? ¿Ahora Alden y tú son súper amigos o qué?", rebatió Eleanor, con una brusca carcajada.

Helena dio un paso al frente para acortar la distancia entre ellas. Como era más alta que Eleanor, proyectaba una ligera sombra sobre ella.

"No, ni siquiera somos cercanos", respondió, manteniendo una expresión inescrutable. "Pero eso no significa que esté bien hablar así de alguien. Todos hemos pasado por momentos difíciles. Y él sigue de pie, lo que habla de que tiene más fuerza e integridad que el grueso de las personas que conozco".

"¡Quién lo habría dicho! Helena, no sabía que estabas enamorada de Alden", bufó Eleanor, con una mueca.

La aludida se tensó por un momento. Al instante siguiente, el rostro frío, inescrutable y atractivo de Alden apareció en su mente. Su esposo no entraba en lo que se consideraba convencionalmente encantador, pues no era cálido ni expresivo; de hecho, ni siquiera encajaba en el tipo de hombre que prefería.

Sin embargo, había mostrado decencia en los momentos importantes. Ese día, cuando ella estaba a punto de entrar en un ataque de pánico, él no se había aprovechado de su vulnerabilidad; por el contrario, la había calmado.

Además, gracias a que Alden la había aceptado como esposa, los Simpson le devolvieron a su padre, quien nuevamente se quedaba en la casa de reposo. Esa razón era suficiente para que ella lo defendiera.

"Seamos sinceras, alguien como tú, tan sencilla y poco atractiva, podría estar frente a él desnuda, y ni así te miraría", presionó más Elanor, sintiendo que había tocado una fibra sensible en su interlocutora.

Un repentino golpe rompió la tensión, capturando la atención de todas.

'¿Cuándo llegó Alden? ¿Habrá escuchado cada una de las palabras de Eleanor?', se preguntó Helena, poniéndose rígida.

"Las presentadoras de Nexus TV sí que saben cómo sorprenderme", comentó el recién llegado, con voz calmada, mientras entraba en los camerinos. La autoridad silenciosa que exudaba llenó inmediatamente la habitación.

Apenas Eleanor lo reconoció, se puso más pálida. "S-Señor Wilson... No me di cuenta de que estaba aquí", tartamudeó.

Todos entendían el poder detrás del apellido Wilson. El Grupo Wilson dominaba el mundo empresarial de Cheson. De hecho, Nexus TV no era una compañía cualquiera, tenía inversiones de la familia Wilson respaldándola.

Aunque Alden estaba discapacitado, Eleanor solo era una simple presentadora, así que no tenía derecho a opinar sobre él. Quienes habían celebrado sus comentarios malintencionados ahora miraban al suelo, en completo silencio y llenas de vergüenza.

"Solo estaba bromeando. No fue mi intención lastimar a nadie...", afirmó Eleanor, con una sonrisa fingida, dando un paso hacia adelante, sin parar de temblar.

Alden jugueteó con el anillo en su dedo mientras miraba casualmente a Helena. "Presentadora del tiempo, ¿a ti también te pareció graciosa la broma?".

Helena contuvo la respiración, pues no tenía idea de cómo su esposo se había enterado de que era la presentadora del tiempo para Nexus TV. Sin embargo, rápidamente recuperó la compostura y negó con la cabeza.

"Discúlpate", ordenó Alden, con un tono tan frío como el hielo, mientras volteaba a ver Eleanor.

"Por supuesto, señor Wilson. Ahora veo que me pasé de la raya. De verdad lo lamento. Prometo que no lo volveré a hacer...", exhaló temblorosamente la instigadora, dispuesta a arreglar la situación.

"No conmigo", la interrumpió Alden. "Con ella".

Helena parpadeó, sorprendida por esa inesperada solicitud. ¿Su esposo verdaderamente la estaba defendiendo?

Eleanor, por otro lado, estaba aún más atónita. ¿Desde cuándo Helena, la chica silenciosa y discreta se había convertido en alguien tan importante para que Alden la defendiera?

En ese momento, la instigadora apenas era capaz de ocultar la indignación que ardía en su interior. Ella era la cara de Nexus TV, la presentadora de noticias que todos reconocían. A pesar de ello, la estaban obligando a disculparse con una persona cuyo segmento apenas duraba diez minutos. Apretó la mandíbula, mientras sentía la vergüenza quemándole el pecho. Nunca la habían humillado tanto en su vida. Sin embargo, la gélida mirada de Alden la dejó sin palabras.

"Señorita Ellis, me disculpo. Eso estuvo fuera de lugar", se obligó a declarar, pues era consciente de que estaba acorralada.

A pesar de sus palabras, en su mirada no había ni ápice de arrepentimiento. De hecho, en sus pupilas ardía el odio. Estaba claro que ese asunto aún no había terminado.

Justo en ese momento, la puerta se abrió y Dominick Lloyd, el director técnico de la estación, entró y rompió la tensión. Sin ninguna presentación, le entregó a Alden un guion y un micrófono inalámbrico, mientras decía: "Señor Wilson, podemos comenzar con el ensayo apenas esté listo".

El aludido confirmó con un simple asentimiento de cabeza que estaba listo.

"Helena, ¿te importaría ayudar al señor Wilson con su micrófono?", preguntó Dominick, tras recorrer con la mirada el lugar.

Antes de que Helena pudiera reaccionar, Xavier colocó el micrófono en su mano, dedicándole un rápido asentimiento.

Todos los demás se fueron, uno por uno, siguiendo a Dominick, hasta que solo los esposos se quedaron en la tranquila estancia.

Helena se le acercó a Alden y le enganchó el micrófono en el cuello de su camisa, con movimientos cuidados y experimentados.

"Gracias", dijo con sinceridad, mirándolo a los ojos. Además de su padre, este era el único hombre que la había defendido.

Él bajó la mirada y observó cómo los dedos de su esposa se movían contra su camisa. La visión hizo que, inesperadamente, algo se agitara en su interior.

"No dejes que nadie intente insultarte así de nuevo", pronunció finalmente, en voz baja.

Helena levantó la vista, momentáneamente sorprendida, y luego le dedicó una amarga sonrisa. "Ellas siempre son crueles, aunque hoy Eleanor no está completamente equivocada".

Helena sabía que su compañera había sido dura, pero también entendía que solo estaba expresando lo que muchos hombres creían de ella. Además, su cuerpo y su mente rechazaban la intimidad con cualquier varón. Esa era causa de que su relación de cuatro años terminara.

En un parpadeo, Alden agarró a su esposa de la muñeca y la atrajo hacia sí. Su aliento acarició su mejilla, cálida y cercana, ocasionando que se le acelerara el pulso.

"Dime algo", comenzó, mirándola fijamente. "¿Todavía estás enojada porque no caí en tu intento de seducirme el día de nuestra boda, solo para demostrar tu encanto femenino?".

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