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Portada de la novela Cuando el amor desafía las reglas

Cuando el amor desafía las reglas

Desesperada por salvar a su padre, Helena suplanta a su hermanastra y contrae nupcias con un poderoso heredero sordo. Lo que empieza como un pacto gélido y lleno de hostilidad por parte de él, evoluciona cuando el millonario decide protegerla de sus enemigos. Sin embargo, al expirar el contrato matrimonial, el hombre implacable se desmorona. Ante la inminente partida de Helena, él deja atrás su orgullo y le ruega, entre llanto, que se quede a su lado.
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Capítulo 1

"¿Vas a quitarte la ropa tú misma, o quieres que te ayude?", preguntó el hombre, sin molestarse en ocultar el desprecio en su voz.

Helena Ellis se tensó de inmediato. Se quedó paralizada mientras él le bajaba lentamente el cierre del vestido de novia; lo siguiente que supo fue que el aire frío acariciaba su piel desnuda. Completamente en pánico, agarró la tela y se giró hacia el hombre; sus ojos se encontraron con su intensa mirada.

"Llevas un vestido que nunca fue para ti. Emily debería ser quien lo porte", soltó él, de forma implacable, golpeándola sin piedad con sus palabras.

El hombre frente a Helena era Alden Wilson, heredero del principal imperio empresarial de la ciudad de Cheson. Se suponía que él se casaría con Emily Simpson, la hermanastra de la joven. Pero como esta desapareció sin dejar rastro justo antes de la boda, Helena se vio obligada a intervenir y ocupar su lugar.

Todo comenzó cuando Gemma Simpson, su distante madre que apenas había hablado con ella desde que alcanzó la mayoría de edad, apareció sin previo aviso en su puerta. Y en lugar de saludarla, lo primero que hizo fue exigirle que se casara con Alden, tomando el lugar de Emily.

"Helena, ¿cómo piensas cubrir los costos de la casa de reposo para tu padre? Sus gastos solo irán en aumento. Si ayudas a Emily, solo por esta vez, la familia Simpson se encargará de las cuentas", suplicó la madre, apretándole con fuerza las manos a su hija.

Esta última no dudó en rechazar la propuesta de inmediato. Al día siguiente, su padre había desaparecido: los Simpson se lo llevaron, sin previo aviso. El hombre, ya frágil por una demencia senil cada vez más grave, se convirtió en moneda de cambio. Así fue como Helena terminó enfundada en ese vestido de novia, obligada a pronunciar los votos que debió haber dicho su hermanastra.

Sin embargo, no había tenido alternativa; hizo lo que tenía que hacer. Su padre era la única persona que siempre había estado a su lado, así que no lo abandonaría por ningún motivo.

Olvidándose de los dolorosos recuerdos, la chica bajó la cabeza y habló con Alden, que estaba frente a ella. "Señor Wilson, este matrimonio arreglado es un mero trato para los negocios. No hay ninguna diferencia si te casas conmigo o con otra persona".

"Mírame a los ojos cuando me hablas", indicó el aludido, en un tono frío y cortante. Acto seguido, levantó con firmeza el mentón de la chica, para asegurarse de que sus miradas se encontraran.

Solo entonces ella vio algo detrás de su oreja: un pequeño dispositivo, elegante y sutil. Se trataba de un implante coclear, un producto para mejorar la audición.

'Tiene una discapacidad auditiva. ¿Esa es la razón por la que Emily desapareció antes de su boda?', se preguntó.

"Ahora que sabes la razón por la que tu hermana me dejó plantado, ¿aun así quieres casarte conmigo?", soltó Alden, con unas sonrisa sarcástica y tensa.

Acababa de regresar del extranjero, así que la mayoría de la gente no estaba al tanto de la pérdida auditiva que había sufrido hacía catorce años.

"Me casaré contigo", pronunció Helena, ocultando el destello de duda en sus ojos.

"¿Y por qué?", la cuestionó él, con voz baja; su expresión se oscureció mientras dejaba atrás su actitud juguetona.

Helena inhaló profundamente y declaró con la compostura de una presentadora de noticias: "Mis padres me dijeron que este matrimonio solo duraría hasta que el proyecto en desarrollo esté completo. A cambio, me prometieron una generosa compensación por parte de la familia Wilson y me aseguraron que ese dinero solo sería mío. Hago esto porque necesito el dinero".

La familia Wilson obtendría mucho más que dinero de ese matrimonio. Sin embargo, la chica no lo hacía por codicia, pues no le interesaba conseguir riqueza o aumentar su estatus. En cambio, usaría el dinero para lo que había acordado con su madre: pagarle a su padre una casa de reposo adecuada.

"Vaya, no temes expresar lo que quieres, ¿verdad?", dijo Alden, con una risita. Muchas mujeres habían intentado acercársele por su riqueza, pero ninguna había sido tan audaz y franca como Helena. "Si llamamos a esto una transacción...", prosiguió con frialdad. "Entonces estoy en mi derecho de inspeccionar la mercancía".

La joven se tensó en el acto ante esas palabras. Se puso pálida, contuvo la respiración y dejó que los brazos le cayeran inertes a los lados.

'¿Está sugiriendo que quiere que empecemos nuestro matrimonio con sexo?', se preguntó Helena, mientras el arrepentimiento se extendía por su pecho.

Ella ni siquiera había besado al exnovio que tuvo por cuatro años, ¿cómo se suponía que se entregara a un hombre que acababa de conocer?

El ambiente se volvió opresivo, casi asfixiante. A Helena se le nubló la vista y le fallaron las rodillas; estuvo a punto de colapsar en el suelo, pero antes de que eso pasara, dos brazos fuertes la atraparon y la envolvieron en un abrazo.

La joven quedó sorprendida por la inesperada calidez de Alden y, poco a poco, la presión en su pecho comenzó a aliviarse. Había vivido con esa condición desde que tenía memoria; de hecho, no había sido capaz de intimar con ningún hombre. El mínimo intento de cercanía física la dejaba sin aliento.

Sin embargo, algo en el toque de Alden calmaba la tormenta en su interior. Sintió el pecho, firme y cálido, de su futuro esposo contra su mejilla y oyó su latido fuerte y constante. Lo siguiente que supo fue que él le rozaba su piel expuesta con la punta de los dedos; la gentileza del acto la dejó confundida. Justo en el momento en que ella pensó que las cosas escalarían a más, Alden se retiró sin previo aviso.

"¿Desde cuándo te sientes así?", inquirió este en voz baja.

"No... no estoy segura", confesó la chica, dubitativamente.

Un médico le había explicado que su condición no era algo que una medicina pudiera curar, pues estaba profundamente arraigada en su mente.

"Entonces, la familia Simpson debe creer que juntar a una mujer como tú y a un discapacitado como yo es el mejor acuerdo", comentó Alden, tras soltar una suave carcajada llena de ironía.

Helena no dijo nada, simplemente apretó el vestido con fuerza, luchando contra el miedo que se extendía en su pecho.

'¿Y si él decide cancelar el matrimonio? Si lo hace, ¿qué pasará con mi papá? La familia Simpson me dejó claro que si no me casaba, no me brindaría su ayuda. Y tal vez esa gente nunca me deje ver a mi papá de nuevo', se lamentó la joven.

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