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Portada de la novela Criada por la mafia

Criada por la mafia

Chiara dejó atrás su pasado criminal tras una tragedia infantil para refugiarse en EE. UU. Dieciséis años más tarde, siguiendo los pasos de su madre, vuelve a su país como interna de medicina con la meta de localizar a su padre biológico. No obstante, el peligro resurge: su amigo de la infancia se ha convertido en un sicario al servicio del hombre que la crió. Entre el deber médico y antiguos lazos, ella enfrentará secretos que amenazan su nueva vida.
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Capítulo 3

Cuando salí de la oficina de James, pensé que recuperaría el aliento, pero no fue así, caminé por el pasillo y cuando estaba por pasar fuera de la sala de descansos de los residentes, me detuve, aquellas palabras hicieron darme cuenta de que aquella presión, la misma que me impedía respirar, nunca cesaría.

—¿La viste? —Preguntó alguien.

—Es una zorra mimada, una vez que el doctor O’Neill se encargue de ella, será historia, ningún cirujano querrá tomarla bajo su servicio. — Dijo la que reconocí como Williams.

Pasé lo más rápido que pude por fuera de la habitación, estaba harta, adoraba la medicina, adoraba el quirofano, pero la presión de ser la hija de mi madre era algo…

Insoportable.

Me detuve cuando sentí que las piernas no me daría más, llevaba tres días corriendo de un lado para otro en el hospital. Apoyé ambas manos en la pared y me enfoqué en recuperar el aliento, solo en eso, por los próximos segundos, estaba tan cansada que estaba a punto de dormirme ahí mismo, de pie y en medio del pasillo del hospital.

Cuando sentí que podría dar un último aliento levanté la cabeza, no me había preocupado por las personas que pasaban detrás y comentaban, había sido objeto de rumores y comentarios desde que había entrado a la escuela de medicina. Ahora, había hecho un número impresionante con una de las cirujanas recidentes, sería un milagro que no hicieran comentarios al respecto. Mi mente continuó divagando en los posibles escenarios sociales de los próximos días en el hospital, cuando mi vista enfoco el mural en el que estaba apoyada, uno de anuncios, dónde los trabajadores y departamentos ponían sus avisos. Uno en particular llamo mi atención, o mejor dicho, una sola palabra.

“Abruzzo, L’Aquila”

Sin meditarlo, tomé el papel, sacándole de un tirón del alfiler que lo sostenía sobre el mural.

*

“Programa de intercambio para internos de segundo año.

¡Elige una de las siguientes ciudades para terminar los últimos dos años de tu internado!

¡Solo debes contar con dos cartas de recomendación, una de tu casa de estudios y otra de un doctor recidente, contar con un capital de $1000 USD y postular!

París, Francia

San Francisco, EEUU

Creta, Grecia

Río de Janeiro, Brasil

Roma, Italia

L’Aquila, Italia.

…”

*

No continúe leyendo el resto de los destinos, porque no me interesaban.

Volver a Italia, nunca lo había pensado… Mentira, en realidad, no me había atrevido a considerarlo, mamá nos había sacado de ahí, con el corazón roto, habíamos dejado atrás a Pappa…

Con los años descubrir que no era nuestro padre biológico fue una bofetada que Anna y yo tuvimos que simplemente aceptar, mamá nunca fue muy comunicativa sobre nuestra vida en Italia, había fotos de Pappa y los hombres de allá por toda la casa, pero ella no decía palabra alguna, sabíamos que todavía hablaba con Pappa. Él nos enviaba regalos, dinero y flores en cada cumpleaños y eventos importantes. Mamá decía que le gustaba recibir nuestras cartas, pero él jamás las respondía, y en algún momento de nuestra adolescencia, nos cansamos de intentar.

Él no era nuestro padre, probablemente solo nos quería porque amaba a mamá, jamás nos había llamado, mucho menos nos había visitado, solo enviaba regalos y nuestras cartas, probablemente terminaron en algún basurero.

Luego Ana, entró al “Walnut Hill School for the Arts” para el programa avanzado de ballet, mi hermana había nacido para ello, desde que Pappa nos había llevado al ballet en Roma, solo teníamos seis años, pero para Anna fue como si encontrara lo que realmente amaba. Mamá siempre la alentó y le permitió bailar en distintas academias complementarias a la escuela, pero con solo catorce años, todas sabíamos que para ella, no había nada más.

A los diecisiete, entraba al Ballet Bolshói, en Moscú, mamá estuvo a punto de negarle la entrada, Anna seguía siendo una niña, impresionantemente talentosa, pero una niña al fin y al cabo. Luego, un día, de la nada, simplemente le dijo que sí, que podía ir. Había sido más que sospechoso, pero ninguna de las dos iba a cuestionar la repentina suerte para mi hermana.

Hoy a los veinticinco, Anna era considerada una “Prima Ballerina”, estaba orgullosa de ella, siendo mellizas, éramos mucho más que hermanas, era mi mejor amiga, y sus éxitos me enorgullecían cómo propios, pero confieso que también le tengo un poco de envidia, Anna siempre ha sabido lo que quiere y ahora, lo tiene. Yo sigo estancada a medio camino, tratando de lograr mis metas sin ser humillada en el camino.

Aún no sabía bien por qué quería irme, tal vez necesitaba un break de tanta presión, o simplemente necesitaba llegar a un lugar donde se me valorara por mi profesionalismo, no por lo que se espera del linaje de mi madre. Fuera cual fuera la razón, quería… No, necesitaba irme.

Doble el trozo de papel en mi pantalón y me marché en busca de mis cosas, necesitaba llegar a casa cuanto antes, tenía absolutamente claro a quien le pediría las cartas de recomendaciones, por supuesto, a mi madre no. Emocionada por la decisión que acababa de tomar, hice las llamadas correspondientes de camino a casa en el asiento del taxi. Cuando llegué, mamá no estaba, por supuesto, una parte de mí se alivió, tenía que hablar con ella, y estaba casi segura que mi repentina decisión, no iba a gustarle. Nada más entrar en mi habitación, encendí mi laptop, no fue sencillo llegar hasta ella, llevaba tres días sin estar en casa y mi habitación era un asco, tenía ropa por todo el suelo, libros y fotocopias apiladas en torres por todas partes, mi cama no tenía un aspecto mejor, joder… Me prometí que después de dormir, me encargaría de ella.

Hice la postulación a través del sitio web que apareció en el pequeño anuncio de papel, luego me fui a la ducha, y una hora Después, cuando ya había comido, me llegó un correo de confirmación por parte de la encargada estudiantil, casi al mismo minuto, recibí las cartas de recomendación de mis dos profesores elegidos. Las adjunté y envié el comprobante de mi cuenta bancaria.

Los internos no recibíamos el mejor sueldo del universo, de hecho era bastante patético, pero yo no tenía mayores necesidades, tampoco tenía tiempo para salir con amigos y gastar, por ende, en los dos últimos años, había ahorrado casi todo mi sueldo.

Luego de enviar todo lo solicitado por la encargada estudiantil, me metí a la cama y como si mi batería interna se hubiera agotado, me dormí antes de que mi cabeza presionara con la almohada.

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