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Portada de la novela Corazones enredados: Enamorado de mi fea esposa

Corazones enredados: Enamorado de mi fea esposa

Verena finge ser poco atractiva para anular su compromiso con un prometido traidor. Sin embargo, tras un encuentro íntimo con Darren, el imponente y respetado tío de su pareja, su plan se complica. Pese a la reputación de hombre frío y despiadado del magnate, él se obsesiona con ella y se niega a dejarla escapar. La frialdad de Darren se desvanece ante la joven, terminando rendido a sus pies y rogando por su afecto en un romance inesperado.
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Capítulo 2

Verena siguió a Richard y pronto su mirada se posó en una escena peculiar: varias personas rodeaban a alguien. Darren, quien medía 1, 90 metros, destacaba entre la multitud. Su atractivo rostro tenía un dejo de frialdad e impaciencia.

Verena no se unió al grupo, sino que optó por observar en silencio aquel rostro que le resultaba familiar. ¿Cómo podría olvidarlo después de lo sucedido la noche anterior? Los recuerdos de su encuentro aún ardían en su mente.

Sin embargo, el hombre ahora lucía completamente diferente. Anoche brillaba bajo el sudor que caía en cascada por su frente, deslizándose por su rostro, su clavícula, el pecho y los abdominales. En contraste, ahora iba vestido con un traje y estaba meticulosamente peinado. Además, no había rastro de su bestialidad, que había sido reemplazada por una fría aura de reserva, similar a la de un monarca inalcanzable. El rosario budista en su muñeca acentuaba su porte sobrio y elegante.

Verena no se sorprendió de volver a verlo. Después de todo, había planeado ese encuentro de la noche anterior. Darren, por su parte, se giró hacia ella y frunció el ceño al notar su presencia.

Sus miradas se cruzaron por un breve instante, pero fue suficiente para que un escalofrío recorriera el cuerpo de Verena. La intensidad de su mirada le hizo sentir que él era capaz de desnudar su alma. Incapaz de sostener ese contacto, se escabulló entre la multitud, con la esperanza de pasar desapercibida.

"Darren, ha pasado un tiempo desde la última vez que estuviste en Fledo. Esperamos que puedas quedarte bastante tiempo", lo saludó con el máximo respeto William Briggs, el patriarca de la familia y padre del prometido de Verena.

"Está bien", respondió el aludido con frialdad, antes de dejar que lo llevaran a la mesa, donde fue recibido con entusiasmo por la familia Fowler, especialmente por Richard.

"Entonces, ¿cuándo comienza la fiesta de compromiso?", preguntó Darren, mirando su reloj, una pieza tan valiosa como dos casas en pleno centro de Fledo.

"Me temo que tendremos que retrasarlo", comentó William, secándose una gota de sudor de la frente.

"¿Retrasarlo? ¿Por qué?".

Los cuestionamientos de Darren pesaron mucho sobre William, quien sintió que le estrujaban el corazón. La verdad era que sus hombres todavía no habían encontrado a su hijo. Faltaba poco para que fuera mediodía y ante la ausencia de Eric, la tensión estaba en su punto máximo.

"Estamos esperando a Eric. Parece que no está muy interesado en comprometerse conmigo, ya que salió huyendo", dijo Verena en tono sarcástico, rompiendo el incómodo silencio.

Darren volvió a mirar a la chica, quien estaba en medio de la multitud. Aunque su rostro no tenía nada especialmente llamativo, su presencia era innegable cuando hablaba.

Él había establecido ese compromiso, cuando los involucrados eran unos niños, así que la ausencia de Eric era el equivalente a que le diera una cachetada.

"Te aseguro que no es lo que parece. Mi hijo está atendiendo asuntos urgentes, pero llegará en cualquier momento", se apresuró a justificar William.

"Parece que por más que lo buscas, no puedes encontrarlo. ¿Quieres que te diga dónde está?", le ofreció Verena, mirándolo con una expresión gélida. Acto seguido, le pasó la ubicación del departamento de su mejor amiga.

William, con un dejo de vergüenza, mandó a alguien a buscar a Eric. Este llegó poco después, evidentemente agotado por la noche de pasión que había pasado.

"¡Eres un sinvergüenza! No puedes comprometerte así, ve a cambiarte de ropa. ¡Y apúrate, que la ceremonia de compromiso ya debería haber comenzado!", le gritó William a su hijo.

"Papá, ya te dije que no puedo comprometerme con Verena. Es horrenda; solo pensar en ella me da náuseas. Si mis amigos descubren que estoy comprometido con alguien así, se burlarán de mí para siempre. ¿Cómo podría verlos a la cara si eso pasa?", se quejó Eric, culpando a la chica de todo y mirándola con evidente desdén.

"¡Te guste o no, hoy se hará la ceremonia de compromiso!", señaló su padre. Luego, volteó a ver a uno de los asistentes y le dijo: "¡Acompaña a Eric a cambiarse de ropa!".

Con eso quedó claro que el berrinche de su hijo no había influido en lo más mínimo en su decisión.

A Verena también la llevaron a prepararse para la ceremonia. En el vestidor, tuvo problemas con el cierre de su vestido: por más que lo intentaba, este se negaba a subir.

Mientras seguía con su predicamento, escuchó que la puerta se abría con un ligero crujido. Aunque ella estaba de espaldas, haciéndole imposible ver la identidad de la persona que había entrado, se inclinó hacia delante, dejando al descubierto su cuello y habló.

"¿Puedes ayudarme con esto?", imploró.

Una mano grande se colocó sobre su vestido y hábilmente destrabó el cierre, que finalmente subió.

"Gracias", comenzó Verena, girándose para expresarle su gratitud a su salvador. Se congeló al ver el hermoso rostro frente a ella, mientras el pánico se expandía por su corazón.

'¿No debería estar afuera, disfrutando de la adulación de la multitud? ¿Cómo logró escabullirse hasta aquí sin que nadie lo notara?', se preguntó la joven.

"¿Cómo entraste aquí?", cuestionó al intruso.

"Tú dímelo", respondió Darren, avanzando hacia ella, sofocándola con su presencia y prácticamente haciéndole imposible respirar.

"¡Eres bastante descarada para tenderme esta trampa!", la acusó, apretándole la garganta con fuerza.

El cuello de Verena era delgado, así que ella sintió que su vida estaría en peligro si se lo apretaba con más fuerza. La noche anterior, Darren no había mostrado compasión: le había dejado la piel del cuello marcada con chupetones, los cuales ella había tenido que cubrir con varias capas de maquillaje.

"Darren, ¿estás bromeando? Apenas me entero de que eres el tío de Eric", respondió ella, con una expresión de completa calma, sosteniéndole la mirada. A pesar de que su rostro no era llamativo, en sus pupilas brillaba la vida.

"¡Los que intentan engañarme no terminan bien!", le advirtió Darren, apretando aún más su agarre.

Verena sintió que el aire escapaba de sus pulmones. ¡Descubrió que ese sujeto era tan despiadado como decían los rumores! Y aunque su encuentro de anoche era parte de su meticuloso plan, sabía que no era el momento de confesar.

Eric coquetea como quiera. ¿Por qué tendría yo que quedarme en casa cruzada de brazos? De hecho, hoy lo encontraron engañándome con otra mujer y la verdad ya perdí la cuenta de todas las veces que me fue infiel este mes", comentó Verena con un dejo de resentimiento en su voz.

Aquella confesión pareció surtir efecto: Darren aflojó ligeramente el agarre alrededor de su cuello.

El hombre no se sorprendió, pues Eric era conocido por ser un casanova, ¿como se esperaba que alguien como él fuera tan célibe como un monje? Además, también sabía que hasta anoche Verena se había mantenido pura y casta.

"No me importa una mierda lo que pienses, ¡tu compromiso con Eric sigue en pie!", sentenció Darren, su voz fría como el hielo.

"Eres plenamente consciente de que este compromiso no llegará a ninguna parte. ¿Por qué sigues buscándome a escondidas? ¿No temes que te atrapen?", lo cuestionó ella, con una sonrisa en los labios.

Técnicamente, no había razón para que Verena y Darren se conocieran. Más de uno alzaría una ceja al enterarse de que los habían encontrado solos en el vestidor, momentos antes de la ceremonia de compromiso.

"Te sugiero que cuides tus palabras y modales. De lo contrario...", le advirtió con frialdad el hombre, evitando hacer contacto visual. Aunque no terminó la frase, el peso de su amenaza quedó flotando en el aire.

"Darren, prácticamente somos desconocidos. Me temo que no estoy entendiendo muy bien lo que quieres decir", replicó Verena, levantando la barbilla con confianza, insinuando que lo que había sucedido entre ellos quedaría en secreto.

"Más te vale que no se te olvide", resopló el hombre, soltándola y dirigiéndose a la puerta del vestidor.

Antes de que su mano pudiera agarrar la chapa, una voz femenina resonó desde el exterior. "Verena, ¿estás ahí? Tengo algo importante que decirte. Voy a entrar".

La susodicha permaneció callada y la mujer del otro lado de la puerta no dio señales de marcharse. Si entraba en ese momento, encontraría a Verena y Darren solos en la habitación.

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