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Portada de la novela Corazón de Miel

Corazón de Miel

Annie, una adolescente de dieciséis años, inicia un desafiante ciclo escolar en la preparatoria Sweet Armonis. En este instituto, las jerarquías sociales son implacables y los roles parecen estar escritos en piedra. Mientras forja lazos de lealtad y atrae miradas de pretendientes, la joven debe resistir el acoso de Allison y su séquito superficial. Entre la presión por encajar y el deseo de ser fiel a sí misma, Annie comienza un viaje decisivo.
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Capítulo 2

—¿¡Ke... Ken?! —pregunté asombrada y roja como un tomate.

—¡Esto debe ser obra del destino! ¡Estamos destinados a estar juntos! —gritó Ken mientras me abrazaba, intenté apartarme de él pero ya era tarde. Todos mis compañeros de clase me habían visto y estaban riendo mientras me señalaban.

—¡Tengan cuidado, chicos! ¡A la nueva le gustan los nerds! —dijo una chica rubia muy linda, sus amigas que se sentaban junto con ella reían mientras aplaudían su chiste.

Aparté a Ken de un manotazo y con la cara roja de vergüenza me senté en el único asiento que estaba cerca, al frente de la clase.

Llegó el profesor a imponer orden y se presentó a la clase. Se llamaba señor Farker y daba Lengua y Literatura; una materia que a mí siempre me encantó.

Cuando la hora del señor Farker terminó todos se estaban retirando para ir al almuerzo, pero antes de poder levantarme para ir al buffet, unas chicas se me acercaron.

—¡Hola! —dijo la pelirroja del grupo, era alta y esbelta—. Me llamo Ida, tú debes ser Annie, la nueva.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté mientras tomaba mi cartera.

—Priscila escribió un artículo sobre ti en el periódico escolar —respondió una preciosa chica morena, era muy alta y atlética—. Sabemos todo sobre ti, tus padres son ingenieros navales y vinieron aquí por una entrevista de trabajo; por cierto me llamo Keyla.

—¿Qué... Qué más escribió de mí? —quise saber.

—Que eres alérgica a las picaduras de insectos, amas a los animales y tu color favorito es el azul —dijo otra chica de cabello blanco y enormes y llamativos ojos amarillos. Pensé que era una vampiresa pues lucía un hermoso conjunto victoriano y tenía unas piernas perfectas—. Yo me llamo Rosemary, pero puedes llamarme Rose.

—Y que eres muy buena en las artes plásticas pero no así en los deportes —dijo otra chica de cabello castaño como el mío pero con ojos tan celestes como el cielo, se la veía recatada y aplicada—. Yo me llamo Melany.

—Y no nos olvidemos de tu grupo sanguíneo y tu IQ —susurró tímidamente una chica de cabello Lila que aferraba contra su pecho una carpeta de dibujo—. Yo soy Lila, un gusto en conocerte.

—Al parecer ahora soy el conejillo de indias de toda la escuela —mascullé mientras rascaba mi cabeza—, y yo que quería pasar desapercibida.

—Eso es imposible, no en esta escuela y menos con el grupo de Allison—Ida blanqueó los ojos.

—¿Allison?—pregunté.

—La chica que se burló de ti —señaló Keyla, mientras miraba hacia donde estaban Allison y sus amigas mientras bajaba la voz—. Son unas harpías.

—¿Pero que les hice yo?— quise saber.

—Ella es así con todo el mundo —Melany bajó la voz mientras se tapaba el costado de la boca y se acercaba más a mí para que sólo nosotras podamos oírla— A mí una vez me pegó goma de mascar en el cabello.

—Es mala por diversión —susurró Lila—. Es toda una...

—Si siguen hablando mal de Allison voy a contarle todo lo que están diciendo —gruñó una chica de vestido Lila y cabello corto que nos espiaba desde su asiento con cara de pocos amigos.

—Sólo decimos la verdad de esa perra. Ve a olerle el trasero, perrito faldero —dijo Keyla de muy mala gana.

La chica salió corriendo del aula, quizás a contarle a Allison lo que había presenciado. Keyla resopló molesta.

—Se llama Karla, es el perrito faldero de Allison desde hace años y no va a darse por vencida hasta que sea una de "las princesas". —Keyla la presentó como se presenta a un pariente muy molesto.

—En mi anterior instituto a las chicas como ella las llamábamos "plásticas" —dije.

Todas las chicas rieron, al parecer les gustaba mi forma de llamarlas.

—De todas las chicas de Sweet Armonis, a la única a quien Allison teme es a Keyla —confesó Ida—. El anteaño pasado Allison le robó el novio...

—Y tuvo que decirle adiós a su rubio cabello por doce largos meses —terminó Keyla con una sonrisa malévola.

—Cortó su cabello al ras con una rasuradora mientras dormía en el campamento escolar —susurró Lila mientras se reía.

Las chicas y yo salimos al patio de la escuela mientras me señalaban a la gente que conocían y me decían sus nombres.

—Aquél que ves allí es Chester, el de cabello rojo —dijo Ida. El chico en cuestión, al ver que hablaban de él, dirigió su mirada hacia mí y pasó su lengua entre los labios, provocando que me ponga colorada y aparte mi mirada rápidamente—. Es un Don Juan.

—Allison está loca por él —susurró Keyla—. Así que no te le acerques si no quieres terminar mal.

—No pensaba hacerlo —mascullé, dirigí mi mirada hacia el muchacho de cabello blanco y vestido con ropas muy elegantes— ¿Quién es el que está a su lado?

—Es el hermano de mi novio, se llama Louis —rio Rose, se acercó más a mí con una sonrisa de gato en sus labios— ¿Te gusta? Puedo presentártelo, no tiene novia.

—¿¡Qué!? No, sólo... Sólo quería saber su nombre —me sonrojé intensamente, maldición estas chicas van a hacer que me muera.

Continuamos caminando, pronto ubicamos a Nicholas que estaba colgando un cartel subido a una escalera; giró para verme y me saludó con la mano y una sonrisa en los labios. Yo le devolví el saludo.

—Veo que ya conoces a Nicholas —observó Lila.

—Es el que me ayudó esta mañana, el delegado principal —reconocí mientras volvía a perderme en sus ojos miel.

—Cuesta creer que es el hermano de Allison —dijo Melany mientras se sonrojaba—. Sin embargo, es perfecto...

No sé cuál de las dos noticias me shockeó más: Si enterarme que Nicholas era hermano de esa bruja malvada o que a Melany le guste ese Dios griego (y a quién no).

—Melany está enamoradísima de Nicholas. —Ida rio con ganas, al parecer era la más alegre de todas—. Aunque creo que todas nosotras lo estamos.

—Menos mal que tienes novio, Annie —susurró Lila mientras me tomaba el brazo.

—¿Novio? —repetí.

—Claro —respondió Ida—: El chico de lentes.

—¿Ken? Él no es mi novio, es sólo un amigo —confesé—. Nos conocemos desde hace años pero jamás hemos salido, no tengo novio.

—No tardarás en encontrarlo —dijo Keyla. Finalmente terminamos nuestro recorrido por las instalaciones del Instituto y nos preparamos para las próximas clases.

Era bastante agradable contar con el apoyo de compañeras que odien a Allison, aunque seguía sin entender su trato hacia mí.

Finalmente, el día había concluido, y antes de poder irme a casa me encontré con Ken en el hall de entrada. Al parecer estaba esperándome; estaba apoyado contra uno de los pilares y sólo se dio cuenta que estaba allí cuando levantó sus ojos del suelo y al verme se sonrojó intensamente. Se acomodó sus enormes gafas y empezó a jalar su suéter; se lo veía muy apenado por la vergüenza que me había hecho pasar.

—Esteee... Annie, perdóname por lo de hoy —gimió mientras no dejaba de jalar de su suéter, temía que lo fuera a romper—. Fue la emoción de volverte a ver luego de enterarme que no ibas a estar en la misma prepa que yo.

—No hay problema, Ken —sonreí.

—¿Quieres ir al parque a comer unas galletas? —preguntó esperanzado mientras sacaba de su mochila un paquete de galletas de chocolate.

—Eh... Está bien —accedí encogiéndome de hombros. Acomodé mi cartera y salí con Ken del instituto, era terriblemente bajito para ser un muchacho de mí misma edad, yo medía un metro sesenta y cinco y él medía diez centímetros menos que yo.

Nos dirigimos al parque donde compartimos su merienda. Ken me contó muchas anécdotas divertidas y reímos juntos, pero no podía entretenerme mucho tiempo ya que debía ir a hacer los deberes y comprar los útiles que me faltaban para poder empezar a estudiar.

Mi amigo me acompañó a la librería a comprar lo que me hacía falta de la lista y luego a mi casa, donde nos despedimos hasta el día siguiente.

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