Portada de la novela Corazón de Fresa

Corazón de Fresa

9.6 / 10.0
En Corazón de Fresa, la vida de Annie cambia cuando Kentin es reclutado por el servicio militar. Como una destacada modern novel, narra la lucha de una madre por mantener su hogar mientras su esposo enfrenta el peligro. Descubre esta romance novel sobre supervivencia, familia y deber.
Resumen de Corazón de Fresa
La tetralogía concluye tras Corazón de Chocolate. Annie y Kentin han construido un matrimonio sólido después de su graduación, pero la calma desaparece al enfrentar la crianza de sus tres hijos: Liam, Catrina y Dante. El equilibrio del hogar se rompe cuando Kentin debe partir al servicio militar, obligando a Annie a encarar la maternidad en soledad. Entre la incertidumbre y el peligro, el regreso de Kentin es un misterio en esta prueba final para su amor.
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Corazón de Fresa Capítulo 1

Terminé de hacerle el nudo de la corbata a mi esposo antes de entrar a la casa de los O'Connor. No habíamos tenido tiempo de buscar un hotel dónde alojarnos, pero eso ahora no era lo importante.

—Ya estas listo —anuncié, Kentin hizo una sonrisa forzada, y tomados de la mano entramos a la casa, había mucha gente, seguramente esta noticia no había pasado desapercibida, menos en Brai. El que nos recibió fue Gaeil, por primera vez en los años que nos conocíamos, estaba usando traje, y la situación lo ameritaba.

—Hola, Gaeil —saludé. Me abrazó y yo a él. Luego se dirigió a Kentin. Mi esposo y su medio hermano mayor se fundieron en un cálido abrazo. No se dijeron nada, pero en este momento las palabras sobraban.

—¿La abuela? —preguntó Kentin con la voz hecha un nudo. Gaeil le sonrió y nos guio hasta el estudio de Rick. Varias coronas y flores decoraban el salón, quizás para disimular un poco el ataúd dónde descansaba Mae.

Nos acercamos con cuidado y la miramos. Parecía estar durmiendo, su rostro no tenía el dolor de la muerte, ahora tenía la paz de aquellas personas que habían cumplido con su ciclo en la vida. Al verla, Kentin lloró, le tomó la mano y dejó fluir sus lágrimas. Gaeil le puso la mano en el hombro y se la apretó con fuerza.

—Déjenme sólo —suplicó mi esposo, nosotros obedecimos. Nos retiramos del estudio de Rick y caminamos despacio entre la gente que conversaba entre ella.

—¿Cómo estás, Annie? —preguntó Gaeil, yo me encogí de hombros. La muerte de Mae nos había tomado por sorpresa cuando Thomas llamó en medio de la noche para avisarnos que su madre había muerto.

—Aquí estoy, intentando ser fuerte por Kentin —susurré, mientras nos sentábamos en el sofá donde Winny, el terrier escocés de Mae, descansaba.

—¿Qué tal va el trabajo? —preguntó mi cuñado.

—Muy pesado. Cada vez la gente se demanda más entre sí o saca préstamos que luego no puede o no quiere pagar. Sin ir más lejos ya hemos embargado cerca de quince casas por faltas de pago y hemos subastado otras cinco.— le conté—. Luego vienen al estudio a llorar sobre la leche derramada, pidiéndonos que no le quitemos su casa y yo no puedo hacer nada. Sólo cumplo órdenes de mi jefe.

Gaeil suspiró.

—Ni que me lo digas. Yo tuve que vender a Betsy para pagar parte de la deuda que adquirí cuando quise remodelar el local —susurró Gaeil. Lo miré sorprendida.

—¿Vendiste a Betsy? —pregunté, no podía creer que Gaeil haya vendido a su adorada Harley-Davidson, en la cual había pasado los últimos diez años reparándola e invirtiendo mucho dinero en ella para dejarla impecable.

—Sí. Helena es una novia excelente, pero tiene muy malas visiones empresariales —dijo mientras se masajeaba la parte baja de la nuca—. Tuvo la idea de crear una sección en el bar exclusiva para mujeres, ya sabes… como ahora está de moda el feminismo exclusivo: buses para mujeres, asientos para mujeres, metros para mujeres… Así que decoramos todo cómo ella quiso, pero luego tuvimos un problema con una de las clientes porque, según ella, “los hombres no tenían derecho a usar la misma puerta de entrada y de salida que ellas, que eso era micromachismo”. En fin… Nos demandó y exigía una compensación por hacerla padecer ese sufrimiento innecesario. Por suerte ganamos la demanda, pero nos hizo una campaña de odio y difamación que nos perjudicó económicamente hablando: Perdimos clientela que era fiel, nos rompieron vidrios, dejaban comentarios negativos en nuestra página de Google…

—Vaya, Gaeil. Qué pena —susurré. Era impresionante hasta que nivel de fanatismo inverosímil podían llegar algunas personas. La idea del sector femenino estuvo buena, pero una cosa era velar por la seguridad de las mujeres y otra muy diferente era la estupidez que estaban haciendo algunas catalogándolo de “feminismo”.

—No te preocupes, lo solucioné volteando la pared hacia el patio. Remodelamos el decorado y ahora tenemos una sección para fumadores —continuó. Aunque al parecer, la nueva sección no compensaba los gastos—. Así que tuve que vender la Harley. No me dieron mucho, pero cada centavo cuenta, además el dinero se hizo para gastarse, ¿no es así?

En ese momento, divisé a Rick y Thomas que bajaban por la escalera en compañía de Lola y Fionna, la menor de los nietos O'Connor.

Gaeil y yo nos pusimos de pie y recibí a Rick con los brazos abiertos, el anciano empezó a llorar. Ver a Rick de esa manera me partió el corazón y dejé fluir mis lagrimas también. Para cuando Rick me soltó tenía el cabello mojado.

—No lo entiendo… yo soy mucho más viejo que ella, estoy más enfermo y débil —susurró Rick en medio de un sollozo contenido.

—Muchas veces no es por estar enfermo, Rick. Dios la llamó porque cumplió con su misión en la vida —le dije mientras le tomaba las manos, Rick era cómo un abuelo para mí. Thomas se acercó, al igual que todos los presentes llevaba un traje negro con corbata gris.

—Hola, Annie —dijo Thomas mientras me abrazaba con un abrazo.

—Hola, Thomas —susurré. Lola me dio un beso en la mejilla.

—Va a haber que ser fuertes por nuestros maridos, Annie —dijo Lola. Fionna se movía en sus brazos, yo la miré con detenimiento.

—Está creciendo muy rápido —le dije al verla: era una niña hermosa, había heredado el cabello negro de su madre y los ojos verdes de los O'Connor.

—Me enteré de que perdiste el bebé —susurró Lola y luego me tomó de la mano con la que le quedaba libre—. Lo lamento mucho, querida. Esas cosas suelen suceder más a menudo de lo que crees, especialmente en las primeras semanas de embarazo.

—Gracias, Lola. Mi obstetra me dijo que no me desespere, que aún soy joven y que baje un poco mi ritmo de vida —dije.

Había perdido el embarazo luego de una semana muy complicada en el trabajo, simplemente sucedió… Pero un dolor que me paralizó de la cintura para abajo me dejó sentada en el inodoro, sin poder moverme. Ocurrió en medio de la noche… Me despertaron los cólicos, apenas sí pude moverme para llegar al baño. Llamé a Kentin a los gritos. Se levantó de la cama y acudió a mi llamado; me dijo de ir al hospital, pero cuando estaba por levantarme un dolor fortísimo me atravesó el vientre y sentí como mi hijo abandonaba su sitio. La depresión que sufrimos mi esposo y yo después nos valió para quedarnos unos días en cama, sin ir a trabajar. Creo que si yo no me levantaba, Kentin tampoco lo hacía. Sin embargo, hasta el día de hoy, mi cuerpo aún recuerda el dolor por el que pasé, y todavía tengo el vientre tan vacío y tan lleno de dolor al mismo tiempo.

Gaeil se nos acercó y miró a Fionna con sus ojos celestes verdosos, le hizo una morisqueta y la niña elevó las comisuras de la boca en una sonrisa.

—Hola, hermanita —susurró mientras tomaba a Fionna en brazos y la cargó—. Pero que hermosa princesita que tenemos aquí.

Kentin llegó en ese momento con los ojos rojos de tanto llorar, me abrazó y yo a él, luego se acercó a su abuelo y repitió el gesto Finalmente rodeó con sus brazos a su padre y saludó a su madrastra, Lola le acarició el cabello con amor, cómo sólo una madre lo haría con su hijo.

—Hola, Fionna —dijo al ver a su hermanita menor. Gaeil se la pasó y Kentin jugó con ella.

—Papá, es hora del discurso —dijo Thomas, pero Rick negó con la cabeza.

—Hazlo tú, hijo. Apenas puedo mantenerme en pie —dijo Rick, Thomas asintió y empezó a reunir a la gente. Cómo la casa de los O'Connor era pequeña, tuvieron que depositar el ataúd de Mae en el estudio y dejar las puertas abiertas para que la gente pueda estar cómoda en el comedor y la sala.

Mi suegro pidió silencio y sólo cuando todos estuvieron quietos dio comienzo la ceremonia.

—Amigos, muchas gracias a todos por estar aquí en este día —empezó Thomas, Rick se sentó entre Kentin y Gaeil—. Mi madre fue una mujer que conoció la escases y la abundancia, el esfuerzo y los dulces frutos del trabajo bien hecho. Y el día de hoy, debe estar gozando de la gloria de Dios, de haberse reencontrado con sus seres queridos; así que nos podrá doler su partida, cómo nos duele a mi hermano y a mí, a mi padre, a sus nietos; pero no hay por qué llorar.

Una lágrima se le escapó a Thomas y trató de continuar, pero no pudo. Me miró suplicándome ayuda, y yo acudí de inmediato, Thomas me lo agradeció y yo comencé con mi discurso espontáneo.

—No conocí a Mae tan bien cómo lo hicieron sus familiares y amigos más cercanos. Pero hablo por Kentin, mi esposo, que su partida no debe ser motivo para llorar. Comparto las mismas ideas que Thomas con respecto a no llorar esta dolorosa pérdida, a ella le gustaría que hagamos todo lo posible para continuar con nuestras vidas con normalidad, con alegría y pensando en el mañana —miré a Kentin que seguía con los ojos rojos y Gaeil que apretaba la mano de su abuelo—. Hablo también por mi cuñado, que es el hermano que nunca tuve, al decir que ahora la familia debe estar más unida que nunca. Que Dios le dé el descanso eterno a Mary O'Connor.

Luego del servicio religioso y unos bocaditos, Gaeil, Thomas, David, el tío de Kentin y mi esposo tomaron el ataúd de Mae y lo depositaron en el coche fúnebre. Con lentitud nos movimos a los autos, Kentin no podía conducir por su estado, así que me las ingenié para manejar desde el lado derecho del coche.

Coloqué la llave y arranqué el auto mientras lentamente salíamos junto con la caravana. Kentin no paraba de llorar, solté la mano del volante y le acaricié la suya.

—Gracias por ayudar a mi padre —dijo mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.

—Es como si fuese el mío también, cariño —le dije. Luego de un cuarto de hora en silencio, llegamos al cementerio de Brai, busqué estacionamiento, apagué el motor y puse el freno de mano.

Kentin bajó del auto con aire sombrio y sus lentes de aviador para que no se le vean los ojos. Yo lo tomé de la mano y caminamos juntos hasta el coche fúnebre, los cuatro hombres O'Connor tomaron el ataúd y se dispusieron a depositarlo en el hoyo en la tierra, el último lugar de descanso de Mae.

Yo me uní con Lola y Rick para acompañarlo con los dolientes, con cuidado subimos por la colina hasta la parcela de Mae, una lápida de mármol estaba enterrada en la tierra con su nombre y un epitafio.

La vida no es lo que uno vive, sino lo que recuerda de ella.

Rick dejó una rosa sobre el arreglo floral y se apartó, lentamente el ataúd empezó a bajar hasta que tocó fondo y los sepultureros empezaron a llenar el agujero.

Rick se limpió las lágrimas y me miró con una sonrisa.

—Bueno... Al menos ahora podré tomar café por las mañanas y dormir sin los ronquidos de Mae —dijo.

Sólo reí cuando lo escuché a él reír.

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Tabla de contenidos de Corazón de Fresa

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