
Consentida por el CEO discapacitado
Capítulo 2
Seis años después, en el hotel cinco estrellas más lujoso de Valmead, se celebraba una fiesta de compromiso.
En el opulento salón de banquetes, destacadas figuras de la alta sociedad se codeaban, intercambiando sonrisas y alzando sus copas en un brindis continuo.
En el escenario, una enorme fotografía mostraba a los prometidos sonrientes y cariñosos.
Debajo de la imagen se leían sus nombres: Rowley Mitchell y Pattie Webb.
Poco después, la pareja subió al escenario y él tomó el micrófono para expresar su gratitud. "Damas y caballeros, su presencia en nuestra fiesta de compromiso significa mucho para Pattie y para mí".
Entre los invitados, Novalee, quien ahora llevaba el apellido Shaw en lugar de Webb, observaba la escena con una sonrisa burlona, enfundada en un elegante vestido negro.
Tuvieron que pasar seis años para que ese par de sinvergüenzas por fin se comprometieran.
Pero ella estaba de vuelta.
El recuerdo de lo ocurrido seis años atrás seguía vívido en su memoria. Estaba decidida a recuperar lo que era suyo y a hacer que quienes la habían herido pagaran, y con creces.
"Es toda una historia... ¿Sabían que el señor Mitchell era el cuñado de la señorita Webb?".
"Dicen que su exesposa sufría de depresión prenatal y desapareció sin dejar rastro justo después de dar a luz".
"Y la señorita Webb y el señor Mitchell criaron a la niña como si fuera suya".
"Es una niña adorable, aunque de salud delicada".
"Apenas hace dos años aceptaron la muerte de la señora Mitchell y publicaron su esquela".
"¡Qué bondadosos son el señor Mitchell y la señorita Webb! Muy compasivos, tanto con la difunta como con la niña".
Aquellos murmullos exasperaron a Novalee.
¿Compasivos? ¿Bondadosos?
¡Ja!
"Mami, ¿me escuchas?".
Una voz infantil en su auricular la trajo de vuelta a la realidad. Una chispa de determinación se encendió en su mirada.
Se llevó la copa a los labios y, con una leve sonrisa, respondió en un susurro: "Sí, cariño, te escucho".
"Mami, ya van a poner el video de los novios. Tienes que ir a la sala de control en el segundo piso. Ya tengo controladas las cámaras del pasillo para que no te vean. Camina unos cincuenta metros a tu izquierda y encontrarás las escaleras. Sube. Me aseguré de que la sala de control esté vacía. Tienes tres minutos, mami".
Con una sonrisa de complicidad, Novalee dejó su copa y se dirigió hacia la izquierda. "Entendido", murmuró.
La sala de control estaba vacía, tal como la voz le había dicho. Conectó una memoria USB a la computadora.
"Solo tienes que cambiar el video por el nuestro. Si la computadora estuviera conectada a internet, podría haberlo hecho yo". La voz infantil denotaba una ligera frustración.
"Dame un minuto", dijo Novalee con una risa apenas perceptible, mientras deslizaba el ratón con agilidad.
Mientras observaba la barra de progreso en la pantalla, se humedeció los labios.
"Treinta segundos".
"Mami, el presentador ya está comenzando su discurso".
"Diez segundos".
Desde el salón, la voz del presentador resonó: "Y ahora, acompáñennos a revivir la hermosa historia de amor de nuestros recién comprometidos".
Novalee exhaló por fin. "Listo".
Hizo clic y reprodujo el video.
La acústica del salón era excelente, así que el gemido que de pronto brotó de los altavoces se escuchó con una claridad absoluta.
"¡Ah, eres increíble!".
En la pantalla gigante apareció de pronto un video sexual. En él se veía a Pattie con un hombre que no era Rowley, su prometido.
Un murmullo de estupefacción recorrió el salón. Los padres se apresuraron a taparles los ojos a sus hijos.
"¡No miren! ¡Esto no es para niños!".
"¿Será real? ¡Las fiestas de compromiso de hoy en día son de lo más emocionantes!".
"¡Dios mío! ¿Pero qué está pasando?".
"¡No se lo pierdan! ¡Saquen una foto para subirla a Twitter!".
En el escenario, el rostro de Pattie se tornó lívido al escuchar su propia voz en el video. Desesperada, se aferró al brazo de Rowley y le suplicó: "¡Déjame explicarte! ¡No es lo que parece, alguien me tendió una trampa!".
Furioso, él le apartó la mano con un manotazo. Para empeorar la situación, la imagen en la pantalla cambió y mostró otro video, esta vez del propio Rowley con otra mujer.
El clamor en el salón se volvió ensordecedor. Quienes minutos antes admiraban la historia de amor de la pareja, ahora se sentían engañados.
"Parece que los dos se estaban engañando mutuamente".
"Bueno, todavía no están casados. No se puede llamar traición. Simplemente se divertían a espaldas del otro".
"Quién diría que eran tan liberales, con lo refinados que parecen siempre".
"No hay que dejarse engañar por las apariencias. ¡Es pura fachada!".
Pattie apretó los puños con tal fuerza que se partió sus uñas recién pintadas y exigió: "Rowley, ¿puedes explicarme qué significa esto?".
El rostro de Rowley se endureció. "No hay nada que explicar. No armes una escena".
Luego, les gritó a sus guardaespaldas: "¡Quiten ese video ahora! ¡El culpable debe de estar todavía en la sala de control, encuéntrenlo!".
Una voz cargada de pánico sonó en el auricular de Novalee: "¡Mami, van por ti! ¡Sal de ahí ahora mismo!".
Ella sacó la memoria USB a toda prisa y salió corriendo.
"Van por el ascensor y las escaleras. Escóndete en algún lado por ahora, mami", continuó la voz, teñida de angustia. Novalee recorrió el pasillo con la mirada, desbloqueó la puerta de un salón VIP y entró a toda prisa.
Las cortinas del salón estaban corridas, sumiendo la habitación en penumbras.
Sin embargo, Novalee no pudo evitar la sensación de que alguien la observaba fijamente. Era una mirada tan intensa que la obligó a girarse. Gracias a la tenue luz que se filtraba por las cortinas, distinguió a un hombre. Lo que la sorprendió fue que estaba en una silla de ruedas.
Antes de que pudiera reaccionar, oyó el sonido de pasos apresurados en el exterior, seguido de unos golpes en la puerta.
Sobresaltada, Novalee reaccionó al instante: se abalanzó sobre el hombre y le tapó la boca con la mano.
Este percibió un aroma desconocido pero agradable que emanaba de los dedos de ella.
A pesar de su obsesión con la limpieza, se sorprendió a sí mismo disfrutando de aquella fragancia.
"Disculpe, señor Patel, ¿está todo en orden?".
La aprensión de Novalee creció al comprender la importancia de aquel hombre. ¿El señor Patel?
Todos los invitados de la fiesta de Rowley y Pattie eran figuras notables, pero a este señor Patel incluso le habían asignado un salón VIP exclusivo. Era evidente que su estatus era muy superior.
"¿Señor Patel?", insistió el guardaespaldas, con creciente ansiedad. "Señor Patel, ¿se encuentra bien? ¿Está usted ahí? Si no responde, tendré que entrar a comprobarlo. Con su permiso".
La intensa mirada del hombre seguía fija en Novalee, como si estuviera sopesando sus opciones.
La mujer apretó la mandíbula; su rostro había palidecido. De repente, el chirrido de la puerta al abrirse rasgó el silencio.
En un instante, Novalee actuó.
Le soltó la boca, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó en los labios con una pasión arrebatadora.
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