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Portada de la novela Conociendo A Jonathan

Conociendo A Jonathan

Comenzar de cero es un desafío abrumador cuando el pasado se ha borrado por completo. En una isla paradisíaca, mi tranquila realidad se quiebra al conocer a un hombre de belleza divina pero alma sombría. Él me otorga lujos y promesas, reteniendo únicamente su amor. Pese a mi resistencia inicial, la atracción resulta inevitable. ¿Podré recobrar mis recuerdos y sobrevivir a su influencia? Jonathan es un enigma cuyo corazón nunca será mío.
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Capítulo 2

Despertar de un coma no es un buen comienzo, pero mi historia comienza así.

Un sonido me trae a la vida, un pitido tras otro, con mucho pesar parpadeo varias veces para abrir mis ojos.

Las luces lastiman mis pupilas, mi cuerpo empieza a revivir con pequeños temblores.

Intento mover mis dedos y mis piernas, me detengo al sentir como mil agujas se cuelan en mi piel, me asusto al encontrar mi cuerpo conectado a infinidades de cables.

El sonido que me despertó, deja de latir de forma pausada para acelerar los golpes.

Trato de relajar mi respiración, y automáticamente el sonido se vuelve pausado como los latidos de mi corazón.

Observo todo a mí alrededor, buscando un rostro familiar, o algo que remueva mi cerebro entumecido, pero no encuentro nada ni a nadie.

Indago dentro de mi mente algo, un recuerdo y solo encuentro vacíos sin llenar.

Me siento abatida, no es fácil despertar y no recordar nada.

Intento recordar mi nombre, pero eso solo hace desgarrar mi cabeza, el sentimiento de vacío se instala en lo más profundo de mi pecho.

La puerta se abre para dejar pasar a una mujer, que con una sonrisa bondadosa se acerca.

-Bienvenida Katherine –murmura la mujer.

Mi boca se siente rasposa, ningún sonido sale de ella, carraspeo varias veces pero me frustra al no conseguirlo.

-Tranquila voy por el médico –dice tocando mis manos.

Sale de la misma forma que entró en silencio.

Pocos segundos después ingresa la mujer junto con un hombre ambos vestidos casi de la misma manera.

Me causa gracias saber el nombre del médico, ´Daniel Ginc´ así lo lleva escrito en el bolsillo de su delantal.

Es frustrante no reconocer tu propio nombre cuando alguien te llama, “Katherine” se siente extraña, pero a la vez familiar.

- ¿Cómo te sientes? – pregunta el médico con su media sonrisa, no tendrá más de 40 años, con ojos cafés, mandíbula cuadrada muy masculina y por lo ajustado de su delantal, puedo asegurar que su cuerpo solo intensifica su sensualidad masculina.

Me inquieta cuando pasa su estetoscopio por mi pecho y luego me voltea con suma delicadeza para escuchar mis pulmones.

Fatal como si me tiraran de un avión sin paracaídas… así me siento.

Que pregunta tan tonta, pero me supongo es su procedimiento de rutina.

- Bien – es lo único que puedo decir para evitar el dolor en mi garganta.

- ¿Recuerdas algo? ¿Algo familiar? – dice el médico.

- No- niego con mi cabeza para dar mayor énfasis.

- Tuviste un accidente, es un milagro que estés con vida, estuviste un mes en coma.

Con una linternita sostiene mis pupilas abiertas.

-No encontramos ningún daño cerebral- afirma.

- ¿Qué accidente? -cuestiono.

El me observa apesadumbrado.

-Lo recordaras, solo date un poco más de tiempo, en algunos casos las víctimas de accidentes pierden pequeños trazos de memoria, pero van recuperando de apoco en un entorno familiar. En otros se tarda un poco más –queda unos minutos en silencio evaluando cuáles serán sus siguientes palabras, para enseguida decir.

-Un oficial estará aquí para brindar la información que necesitas – se despide apretándome los hombros en un gesto de consuelo.

Las noticias no pudieron ser peores, accidente, coma ¿Que más podría pasarme?

JONATHAN

Mi día no puede ir peor y eso que recién empieza, son las 8 am y tengo más camino transitado que la playa en verano.

¡Toda una maratón!

Anoche todo parecía normal, conduje al bar de un amigo pasado las 11 pm, mi idea original era tomar unas cervezas con esos idiotas que los llamas amigos y terminar montando alguna bella turista.

Nada de compromiso, solo demostrarle una de las maravillas de la isla, ósea YO y mi siempre compañero de batallas Hulk, y no lo digo porque sea verde, no no no, lo digo porque siempre está furioso para la guerra.

La noche ideal, chica linda en el baño, empotrándola por la pared, con su cabello liado a mi puño y el glorioso jadeo de la batalla terminada.

En unos segundos todos mis sueños se fueron como espuma de baño, todo gracias a Joaquina, Juana o era Jessica, en realidad no recuerdo el nombre, y el polvo tampoco fue algo muy memorable para anotar su nombre o teléfono.

¿Pero qué les sucede a las mujeres de hoy en día?, acaso no comprenden que cuando un hombre no te pregunta tu nombre ni tu teléfono, es porque solo quiere sexo…S E X O.

¡PERO NO! Ellas ya se están imaginando el modelo del vestido, la lista de invitados y el color de los ojos que tendrán los hijos……Entiendan que, si un hombre quisiera eso, por lo menos te pediría el teléfono antes de terminar golpeándola por la pared, mientras su súper pene entra en ellas. Súper Pene el mío claro, el de los demás no tengo idea.

En Fin, de tener una noche de ensueño, mi noche se convirtió en una pesadilla, cuándo la chica que no recuerdo el nombre, aparece exigiendo mi atención y para amedrentarme trae a su hermano.

¡Amedrentarme a mí!, es evidente que ella ni siquiera sabe quién soy. Seguro se dejó engañar por esta cara bonita sin recaudar la mínima información.

Es que es tan tonta que no sabe que soy como el Kennedy en esta isla, pero más joven, más guapo, más adinerado y lo más importante de todo que tengo una placa.

¡SI! Soy la ley.

Y la escena es de película cuando el mequetrefe este se para a mi lado, de manera intimidatoria, pero por solo dos segundos. Antes que me levante de mi cómoda butaca bajando en la barra mi fría cerveza y dejando escapar a una rubia que casi estaba sobre mis rodillas.

-Estoy embarazada –grita la mujer.

-Felicidades –murmuro queriendo retomar donde deje mi cerveza.

-Es tuyo –grita enfurecida.

Ni le doy importancia estoy es algo como un deja vu, no es la primera que quiere cargarme con un pequeño.

-Imposible –contesto sin dejar de mirarla.

-Mi hermana no miente –grita el mequetrefe.

-Primero hablo como quiero, son ustedes los que están interrumpiendo mi descanso, segundo es imposible que esté embarazada de mí –contesto con altanería.

- ¿Eres impotente o qué? –sonríe maliciosamente.

-Impotente no, cuidadoso si, piensas que este tipo de truquitos ya no me lo quisieron hacer antes, despierta princesa –rio a carcajada al ver su cara de desconcierto.

-Eres un imbécil.

Imbécil si, tonto no.

-Este imbécil es policía y mientras no aclares las cosas, esto terminará en una celda –por eso me gusta mi trabajo, ver las caras que ponen cuando sacas la placa.

¡ESTA LOCA!

Tras un largo e intenso interrogatorio, logramos digo logramos porque su hermano estaba muy interesado en sacarle la verdad.

Ella no solo no sabía quién era el padre de su hijo, además esta con más de dos meses de embarazo.

Lo cual me aclara, que embarazada se dejó aplastar por la pared del baño.

Y por estas clases de mujeres es que mi respeto hacia el sexo femenino deja mucho que desear, para algo más que un rapidito a excepción claro de mi hermana y mí querida madre.

Y así termino la madrugada compartiendo tragos con un hermano engañado ahogando sus penas en varios vasos de cerveza.

Y utilizándome como confesionario.

Escuchando la vida de un desconocido, arruinando mi noche, con un hulk queriendo guerra.

Termino arrastrando al desconocido a su casa, que más bien diría ahora amigo del alma ya que me resumió toda su vida en una noche.

El ajetreo me da solo tiempo de ducharme para llegar a la jefatura y tomar 3 tazas de café para poder estar lúcido, llego tarde y como castigo tengo que interrogar a una joven en el hospital.

Y por lo que leo en el informe de camino al hospital con mis donas y mi café es que la princesita a estado dormida por un mes. En otras palabras, me toca interrogar a la bella durmiente.

Ahora si estoy más que seguro que esto es un castigo, porque yo….

¡NO SOY UN PRÍNCIPE SOY UN VILLANO!

Recojo mis apuntes y me dirijo al hospital, saludo los rostros conocidos, el trabajo que odio es informar a los internados de las causas de accidentes o a los familiares de las muertes, esa tarea me desagrada.

Paso las puertas de vidrio acercándome al mostrador, mientras espero ser atendido y veo a Thais la ardiente recepcionista, no puedo dejar de pensar en ella como una conejita playboy.

Mientras atiende a otra persona, su mirada está pegada a la mía, con una sonrisa le digo "hermosa" solo para que ella lo escuche. En mi cabeza estoy agradeciendo que me enviaran hoy. Y ser atendido por este pastelito caliente.

Ella si amerita que le saque su número antes de empotrarla por alguna pared.

Pero no me malentiendan es solo para un súper revolcón con repetición.

Mi celular vibra en mi bolsillo, lo atiendo sin sacar mis ojos de la conejita Thais.

–Oficial Jonathan–contesto mientras mis ojos devoran las piernas de la recepcionista, esos tacos deberían ser ilegales.

-Hola cielo, te extraño amor-

Mierda me había olvidado de ella, la única constante en mi vida gracias a mi querida madre, pienso con ironía.

-Amor lo siento, olvidé por completo, ¿ya estás en el aeropuerto?, hoy es un día de perros en la jefatura – maldita llamada como si el universo estuviera en mi contra, en todo el maldito hospital se escucha mi conversación.

Eso significa que Thais hoy no es mi sirena.

- Tranquilo amor te conozco -dice con esa voz melosa que me da indigestión - sé que el día que me priorices a mi antes que tu trabajo ese día será un milagro, ahora estoy camino a casa ¿vendrás temprano hoy? –me pregunta

Joder siempre me olvido de sacarle las llaves o cambiar la cerradura, odio que tome derechos que no le corresponden.

No sé por qué sigo aguantando esta farsa, en realidad si lo sé, por el polvo alucinante, mi mamá está feliz, y lo más importante ella nunca se mete en mi espacio.

- Bueno sofí ya sabes cómo me tienes que esperar-

Escucho su carcajada antes de cortar. Por lo menos mi noche será entretenida, Sofí desnuda sobre la mesa, no lo puedo evitar, termino riendo en el medio del hospital.

- Buenos días piso y habitación de la Srta. Katherine –pregunto leyendo mis anotaciones.

- Piso 13 habitación 21 –contesta con una cara de fastidio.

Sonrió para mis adentros ¡Thais ya caerás!

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