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Portada de la novela Condenados a Amarse: Vida Tras Vida

Condenados a Amarse: Vida Tras Vida

Isabella Montoya renace con el firme propósito de enmendar sus errores con Alejandro, su esposo. No obstante, él también ha regresado del pasado y, consumido por el odio, la arrastra hacia un abismo de dolor que termina en tragedia. Tras un ciclo de sacrificios y arrepentimiento que acaba en suicidio, el destino les brinda una tercera oportunidad. Con la memoria intacta, ambos vuelven atrás para intentar romper la maldición que los condena a sufrir.
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Capítulo 2

Isabella Montoya despertó.

No en la oscuridad de una tumba fría, sino en su lujosa habitación.

Confusión.

Recordaba el fuego, el dolor, la traición.

Recordaba a Alejandro Vargas, su esposo.

El hombre que despreció.

El hombre que murió por ella, por Viñedos Montoya.

Cartas. Un diario.

Descubrió su amor demasiado tarde.

Un amor silencioso, sacrificado.

El arrepentimiento la consumió en sus últimos momentos.

Ahora… ¿esto?

Miró sus manos. Jóvenes. Sin cicatrices.

Se levantó, un impulso la guio al gran espejo.

Su reflejo. Más joven, sí. Pero ella.

Un ruido. Fuera de su habitación.

Reconoció la fecha mentalmente.

La noche de la fiesta de negocios.

La noche en que Alejandro fue drogado.

Un sabotaje.

Recordaba su propia crueldad esa noche.

"Si no puedes controlarte, vete a 'El Espejismo', seguro que allí encuentras compañía".

Esas palabras resonaron, llenas de veneno.

Su corazón se encogió. No. No otra vez.

Corrió hacia la puerta.

Alejandro.

Estaba en el pasillo, apoyado contra la pared, pálido, sudando.

Sus ojos, normalmente serenos, estaban vidriosos, llenos de una lucha interna.

"Alejandro", su voz tembló.

Él la miró, una mezcla de sorpresa y dolor en su expresión.

"Isa… ¿qué haces despierta?" Su voz era áspera.

Ella recordó su vida pasada, el dolor de su pérdida, el peso de su culpa.

No podía repetir los mismos errores.

Se acercó, ignorando la confusión en su rostro.

"No te sientes bien", dijo, su voz ahora más firme.

Lo tomó del brazo. Estaba ardiendo.

"Ven. Te ayudaré."

Lo guio de regreso a la suite de él, no a la de ella.

Él tropezaba ligeramente.

"¿Qué… qué haces?" preguntó, la droga nublando su juicio, pero una chispa de su antigua desconfianza brillaba.

"Cuidarte", respondió ella, simple, directa.

Lo llevó al baño. Abrió la ducha fría.

Él se estremeció al contacto con el agua, pero pareció aclararle un poco la mente.

Ella lo ayudó a quitarse el saco, la corbata.

Sus manos temblaban, no solo por el recuerdo, sino por una nueva emoción.

Una oportunidad.

Él se dejó hacer, demasiado débil para protestar, o quizás, demasiado sorprendido.

Bajo el agua fría, él la miró.

Sus ojos buscaron los suyos, interrogantes.

Ella sostuvo su mirada.

Un momento íntimo, cargado de tensión.

Él se apoyó en ella, su cuerpo pesado.

El agua los empapaba a ambos.

Ella lo abrazó, sintiendo los temblores de su cuerpo.

"Estarás bien", susurró contra su pelo mojado.

No sabía si se lo decía a él o a sí misma.

En su vida anterior, Alejandro había luchado solo contra los efectos de la droga.

Había pasado la noche en una ducha fría, solo.

Mientras ella dormía, ignorante.

Luego, él había trabajado incansablemente.

Salvó Viñedos Montoya.

Sacrificó su salud.

Murió joven.

Todo por ella, por su familia.

Y ella solo lo había despreciado.

Lo había llamado arribista.

Lo había humillado.

Las lágrimas se mezclaron con el agua de la ducha.

Lágrimas de arrepentimiento.

Lágrimas de una nueva esperanza.

Encontró su diario después de su muerte.

Cada página, una tortura.

Cada palabra, una declaración de amor no correspondido.

Detalles de sus sacrificios.

Noches sin dormir.

Reuniones interminables.

Amenazas de rivales.

Todo lo soportó por ella.

Para protegerla. Para que ella pudiera seguir con su vida de lujos.

Ella había sido tan ciega.

Tan cruel.

Ahora, tenía una segunda oportunidad.

No la desperdiciaría.

Juró protegerlo.

Juró amarlo.

Juró no fallarle esta vez.

El agua seguía cayendo.

El temblor de Alejandro disminuía lentamente.

Ella lo sostuvo, sintiendo el peso de sus errores pasados y la promesa de un futuro diferente.

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