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Portada de la novela Como un fénix renacido

Como un fénix renacido

Tras pagar con tres años de prisión su implacable venganza contra quienes dañaron a su familia, Christina enfrenta un mundo que la rechaza. Con su honor destruido, nadie esperaba su espectacular regreso. Sin embargo, Harold, un influyente y poderoso hombre, desafía las críticas sociales al demostrarle una devoción pública total. Apoyada en este amor incondicional, ella logra resurgir con fuerza, dejando atrás el pasado para alcanzar una vida de gloria.
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Capítulo 3

Harold cultivaba una indiferencia estudiada que, paradójicamente, solo lograba que los demás lo percibieran como un hombre cálido y afectuoso.

Con los nudillos blancos por la fuerza con que se aferraba a las empuñaduras de su silla de ruedas, Carrie observaba la escena, cada vez más tensa. ¡La prestigiosa familia Hewitt! Aquella manipuladora había logrado infiltrarse en su círculo más íntimo.

"Comprometida o no, es despreciable que una asesina se presente ante su víctima con tanto descaro", exclamó Simon con una frialdad cortante.

La suave risa de Christina tenía un matiz acerado. "Simon, pasé tres años en prisión por dejarla inválida. ¿Qué más podría deberle?". Sus ojos destellaron con una luz peligrosa. "Aunque no te equivocas del todo. La señorita Willis y yo tenemos muchos asuntos pendientes".

La decepción ensombreció el rostro de Simon mientras la miraba fijamente. "¿Cómo puedes hablar con tanta frialdad? Tus actos imprudentes le causaron a Carrie un sufrimiento inimaginable, ¡y sin merecerlo! ¡Christina, no tienes remedio!".

"¿Sin merecerlo?", replicó Christina con una risa gélida. "Ni la propia señorita Willis se atrevería a jurar que su sufrimiento fue inmerecido. Entonces, ¿con qué derecho lo afirmas tú?".

"¡Christina!". A Carrie se le quebró la voz, cargada de emoción, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Su apariencia frágil y su estudiada expresión de dolor parecían diseñados para despertar la mayor compasión posible. "¿No has arruinado ya suficiente mi vida? ¿Qué más quieres de mí?".

Christina bajó la mirada, ocultando la frialdad de sus ojos mientras sopesaba las palabras de Carrie.

Sabía que la gente como ella, incluso al verse forzada a soportar el mismo dolor que infligía, jamás se detenía a reflexionar sobre sus propias acciones.

Era hora de que la verdadera naturaleza de Carrie saliera a la luz.

"He oído que te has puesto en contacto con el doctor Wade para tratar tu pierna". Las mesuradas palabras de Christina la golpearon como un puñetazo y la dejaron paralizada por un instante. "Ahórrate el esfuerzo. Alguien como tú no merece volver a caminar".

Sin decir más, Christina se dio la vuelta y salió de la habitación del hospital.

Harold enarcó una ceja hacia Simon, con la voz cargada de sarcasmo. "Señor Gilbert, la ley está para defender la verdad, no para venganzas personales".

Sus palabras helaron a Carrie.

Antes de que pudiera articular una respuesta, Harold ya había salido tras Christina.

Cade observaba el drama con el ceño cada vez más fruncido. La vergüenza tiñó sus facciones mientras murmuraba una disculpa apresurada e inventaba una excusa para marcharse.

Carrie se volvió hacia Simon, con una expresión que era una mezcla magistral de vulnerabilidad y angustia apenas contenida. Se mordió el labio inferior mientras tiraba de la manga de él, y nuevas lágrimas asomaron a sus ojos. "Simon, tengo miedo. ¿Y si el doctor Wade de verdad se niega a venir?".

La mirada de Simon se suavizó al ver su rostro bañado en lágrimas. La atrajo hacia sí en un abrazo y su expresión se endureció con determinación. "No dejes que te asuste. Jamás me apartaré de ti. El doctor Wade ya viene en camino, Christina solo intenta manipularte".

Un atisbo de esperanza iluminó el rostro de Carrie. "¿Lo dices en serio?".

Simon vaciló un momento antes de asentir con lentitud. "Jackson lo organizó todo. Él y el doctor Wade tienen una relación profesional de muchos años".

"Simon, te lo agradezco muchísimo. Haré todo lo posible para prepararme para la cirugía. Pero la audacia de Christina me aterra…".

Tras un tenso silencio, Simon respondió: "Voy a publicar esas fotografías. Eso la pondrá en su lugar".

"Oh, Simon, eres demasiado bueno conmigo…". Carrie hundió el rostro en el pecho de él, mientras un fugaz destello de triunfo malicioso iluminaba sus ojos.

En cuanto Simon se fue, Carrie tomó su teléfono y marcó un número con dedos ágiles.

Su voz sonaba suave e inocente, con un toque de vulnerabilidad. "¿Señor Reed? Su prometida vino a verme hoy al hospital para disculparse, pero… descubrí que ha estado con otro hombre. Sé que Christina siempre ha sido muy liberal, pero no soportaría verlo a usted en ridículo…".

La voz de Aidan sonó por la línea, gélida y venenosa. "¡Esa infeliz! ¿Se atreve a engañarme? Me las va a pagar".

Los labios de Carrie se curvaron en una leve sonrisa mientras hablaba en voz baja. "Oí que Christina asistirá a una próxima conferencia de negocios para conseguir un proyecto para su familia. Quizás usted podría…".

La voz de Aidan tenía una frialdad glacial, acentuada por una risa amenazante. "Una mujer como ella no tiene nada que hacer en una conferencia de negocios. Su lugar está debajo de mí, suplicando piedad".

Sus pensamientos volaron a un encuentro ocurrido tiempo atrás con Christina en un bar con poca luz. El recuerdo seguía nítido: él, tirado en el suelo, con el orgullo hecho pedazos, mientras la penetrante mirada de Christina lo atravesaba. Detrás de ella estaba la chica temblorosa a la que él había acorralado, con los ojos aún húmedos de terror.

Las palabras de Christina habían resonado en el aire aquella noche. "Señor Reed, un hombre que usa su fuerza para aterrorizar a una mujer se rebaja al nivel de una bestia".

Su belleza lo había excitado, pero su desafío despertó en él una furia incontenible.

Antes de que pudiera quebrar su espíritu, llegó la noticia de su arresto: había dejado lisiada a Carrie y había recibido una sentencia de siete años.

Siete años atrás, su orgullo la había mantenido intocable y le había negado la oportunidad de someterla. Ahora, se negaba a creer que una mujer que había pasado por la cárcel pudiera seguir siendo tan indomable. Mientras Aidan evocaba en su mente las cautivadoras facciones de ella, sus ojos brillaron con una intención depredadora.

Mientras tanto, Christina salía de la habitación del hospital, ajena a las intrigas de Carrie.

Alzó la mirada hacia Harold con genuina gratitud. "Señor Hewitt, gracias".

Los ojos de Harold recorrieron sus facciones mientras le levantaba el mentón, con tono juguetón. "Christina, estoy seguro de que puedes mostrar tu gratitud de una mejor manera".

La insinuación no le pasó desapercibida a Christina. El anuncio de su compromiso solo amplificaría los rumores en torno a Harold.

Sin embargo…

Christina enarcó una ceja. "¿Y cómo prefiere que le demuestre mi gratitud, señor Hewitt?".

Él la sujetó de la muñeca y, en un instante, la presionó contra la pared de un oscuro cuarto de servicio. La presencia de Harold invadió su espacio, dejándolos a apenas unos centímetros de distancia.

Su reflejo danzaba en los ojos de Harold, y sus facciones irresistiblemente atractivas mostraban una expresión tan juguetona como seductora. Su voz descendió a un susurro aterciopelado. "Christina, permíteme enseñarte cómo una mujer debe agradecerle a su prometido".

La delgada pared apenas amortiguaba el bullicio del pasillo del hospital mientras la tensión se adensaba a su alrededor. El firme agarre de Harold en su cintura exigía su atención; su presencia era abrumadora. Christina retrocedió instintivamente hasta que la fría pared detuvo su escape.

Sus fuerzas parecieron abandonarla, y dejó que su cuerpo buscara apoyo contra el de Harold.

El parpadeo de sus pestañas delataba una compleja mezcla de aprensión y una inexplicable sensación de refugio.

Tras un beso largo y apasionado, Harold finalmente la soltó. La satisfacción y la picardía danzaban en su mirada intensa. "Christina, así es como una mujer le demuestra su gratitud a un hombre".

El corazón le latía desbocado mientras maldecía para sus adentros: "Qué canalla".

La persistente incertidumbre se desvaneció de sus ojos al encontrarse con la mirada de él. "Harold, ¿nos habíamos visto antes?".

Algo en su actitud, demasiado íntima hacia ella, le rondaba la mente; en especial esos momentos en que su mirada albergaba un inconfundible interés masculino.

Cierto, su reputación de mujeriego lo precedía, pero no era conocido por perseguir la belleza sin discreción.

Sin embargo, la negación de Harold fue inmediata.

"No". Sus dedos rozaron la mejilla de ella mientras una sonrisa enigmática jugaba en sus labios. "Como la futura señora Hewitt, tendrás que acostumbrarte a este trato".

Un calor se encendió en el rostro de Christina. Harold parecía dispuesto a continuar, pero el timbre de un teléfono interrumpió. Tras revisar el mensaje, levantó la mirada. "Ahora que la noticia de nuestro compromiso se ha difundido, organizaré una reunión entre tú y mi abuela en los próximos días".

Christina se tensó. "La cirugía de su abuela se acerca. Mis antecedentes…".

Incluso si Jane poseía un espíritu generoso, aceptar a una nieta política como ella sería difícil.

"Es solo una presentación", dijo Harold con despreocupación. "La boda puede esperar hasta después de su recuperación".

Christina guardó silencio.

Otros asuntos reclamaron la atención de Harold, lo que lo obligó a marcharse. Christina dejó el hospital poco después.

Al regresar a la mansión Marshall, se dirigió directamente al estudio.

El chasquido seco de una bofetada resonó en la habitación. Los ojos de Cade ardían de furia mientras se erguía sobre Christina. "¿Te atreves a desafiarme? Primero, te involucras con Harold a mis espaldas y luego te niegas a mostrarle a Carrie el más mínimo remordimiento. ¿Has olvidado que el Grupo Willis colabora con nuestros proyectos? ¿Cómo se supone que voy a explicarles tu comportamiento a las familias Reed y Willis?".

La voz de Christina se mantuvo firme, sin inmutarse. "Organizaste mi matrimonio con la familia Reed por miedo y codicia; su influencia y su dinero eran demasiado tentadores para resistirse. Pero considera esto: la influencia de la familia Hewitt supera con creces a la de los Reed. ¿De verdad crees que se atreverían a tomar represalias?". Sus ojos tenían un destello de perspicacia. "Y en cuanto a la financiación, ¿qué pasaría si Nimbus Enterprises iguala su inversión para el proyecto del Grupo Willis?".

El desprecio impregnó la respuesta despectiva de Cade. "¿Tú? Nimbus Enterprises opera con discreción, pero es una empresa de gran envergadura. ¿Qué te hace pensar que tienes algún vínculo con ellos?".

"Cierto, estoy marcada como una asesina". La sonrisa de Christina tenía un filo acerado. "Pero también soy la futura señora Hewitt".

La expresión de Cade se ensombreció, volviéndose inescrutable mientras su ceño temblaba con emoción contenida.

La historia entre Nimbus Enterprises y el Grupo Hewitt era de larga data, hasta hace tres años, cuando Nimbus rompió abruptamente todos los lazos.

Rumores recientes sugerían que ahora buscaban reconstruir ese puente.

A las diez de la noche, Christina se presionaba una compresa fría contra su mejilla ardiente, recordando con una claridad hiriente la amenaza final de Cade. "Dices que Nimbus Enterprises asistirá a la conferencia de negocios. Si no consigues su cooperación, terminarás en la cama del señor Reed".

Las motivaciones de Cade siempre habían sido transparentes: la pura ganancia guiaba cada una de sus acciones.

Aunque la influencia de la familia Hewitt era innegable, la reputación de Harold como un simple mujeriego disminuía su valor a los ojos de Cade.

Este arreglo matrimonial, aunque aceptable por ahora, solo servía como palanca para mayores beneficios.

Tras liberarse de las tensiones del día con una ducha, Christina se cambió y se dirigió a la pensión Wanderlust, donde su asistente de confianza, Julie Kirby, la aguardaba con información crucial.

Julie le entregó una carpeta gruesa y habló en voz baja. "Aquí se detallan las operaciones de Nimbus Enterprises durante su encarcelamiento. Señorita Marshall, recuperar los bienes de su madre de las manos de Cade no será fácil. Los ha fragmentado e integrado por completo en sus propios activos".

Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Christina.

El mundo había acusado a su madre de seducir a Cade, lo que resultó en el nacimiento de Christina.

La verdad era mucho más oscura: Cade había manipulado a su madre y luego se había apropiado de sus bienes tras su muerte.

Solo gracias a la previsión de su madre, al legarle en secreto Nimbus Enterprises a Christina, la empresa se mantuvo fuera del alcance de Cade.

Hace tres años, Christina había gestionado cuidadosamente Nimbus Enterprises desde las sombras. Luego vino el incidente con las hermanas Clarke, que resultó en su encarcelamiento por intento de asesinato.

Tras su liberación, Cade había convertido las posesiones de su madre en un arma, intentando usarlas para forjar una lucrativa alianza matrimonial con la familia Reed.

De no ser por esas preciadas pertenencias aún en manos de Cade, Christina habría roto vínculos con él hace mucho.

Su mera presencia le provocaba repulsión.

Su voz tenía una determinación gélida mientras exponía su estrategia. "En la conferencia, asegúrate de que Nimbus Enterprises destine fondos al Grupo Marshall, pero con una condición: el personal de Nimbus deberá supervisar todos los proyectos financiados".

Ya que Cade quería dinero, podía dárselo. Pero también se aseguraría de tener un lugar en el Grupo Marshall.

Mientras tanto, en el estudio de la familia Hewitt, Harold entrecerró los ojos con perezoso interés mientras revisaba el documento que tenía ante él. "¿Así que Nimbus Enterprises busca renovar la cooperación con el Grupo Hewitt?".

"Así es".

Nimbus Enterprises siempre había sido un enigma; su repentina retirada hace tres años debido a luchas internas había dejado muchas preguntas. Su renovado interés ahora suscitaba todavía más interrogantes.

"Interesante". Harold cerró el archivo con estudiada indiferencia. "Pero esos asuntos corporativos le corresponden a mi hermano mayor. Mi próximo matrimonio tiene prioridad".

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