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Portada de la novela Como estafar al Ceo siendo virgen

Como estafar al Ceo siendo virgen

Giovani debe casarse con una mujer virgen y mantener su pureza por dos meses para heredar el puesto de CEO. Para lograrlo, contrata a una empleada por tres millones de dólares. No obstante, el trato se tambalea cuando él descubre que la joven tiene un hijo que le dice mamá. Al notar el impactante parecido físico del pequeño consigo mismo, Giovani empieza a sospechar que es la víctima de una estafa maestra y que ella oculta un oscuro secreto.
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Capítulo 3

Giovani Lexon, revisaba una y otra vez los documentos sobre su escritorio, en su inmensa con una mueca insatisfecha en su rostro. Las fotografías que mostraban los cuerpos de mujeres no eran precisamente de su gusto, pues siempre tenían un pero. No era un hombre extravagante y exquisito, pero podría darse el gusto gracias a su estatus en la sociedad, era que al menos, si se iba a casar quería que la mujer que estuviera a su lado, aun si fuera por contrato, le agradara en todos los sentidos, iba a estar compartiendo con ella unos meses antes de volver a divorciarse, tenía que caerle bien para aguarla.

-No le agrada nadie- Kamil su guardaespaldas a su lado, parado con las manos detrás de su espalda alzó la mirada y soltó un suspiro.

Tiró las carpetas con desdén sobre la mesa y enfocó al hombre que se encargaba de mantener su seguridad. Kamil era su amigo desde que eran casi niños. Sus padres se lo habían traído después de encontrarlo en uno de sus viajes, donde su madre había muerto y él estaba solo. Aun recordaba a ese niño sucio y delgado que apenas si hablaba. Pero no era porque fueran personas de alma caritativa, bien los conocía bien él como para ser tan ingenuo. Solo había sido un regalo para su hijo mayor por su cumpleaños, como si fuera una mascota. Solo que él no tenía intenciones de tratarlo igual. El resultado, ahora era su hombre de confianza. Y los años lo habían cambiado para bien. Era más joven que él por solo un año, igual de alto lo que con algunos kilos de masa muscular por encima, ambos entrenaban juntos. Y su piel tostada complementaban bien sus ojos y cabello oscuro que siempre llevaba peinado de lado.

En cambio, él que diría. Él era nada más ni nada menos que Giovani Bayron Lexon Limuestus, un hombre de 29 años, hijo de una afamada y adinerada familia que, en algún momento, bien alejado habían tenido sangre noble por las venas. Por lo que tenía una fortuna deliciosa, la cual él había tenido que sudar para usar una parte. Si, familia tacaña. Mas no le importaba, después de graduarse había montado su propio negocio de inmobiliaria y había añadido sustanciosos hoteles con el tiempo por lo que el dinero no era problema. Lo había sudado, esa era la mejor parte.

Y a pesar de eso ahora mismo estaba enfrascado en un gran problema. Sus hermanos estaban luchando por la parte de su herencia después de morir su abuelo, que por casualidad de la vida habían aparecido en ella incluidas sus propiedades. Había indagado hasta lo más profundo y pagado costosos abogados, pero alguien había tenido que soltar buen dinero porque no fue posible encontrar algo. Así que estaba seguro que estaban confabulando contra él.

Como resultado ahora estaba ahí intentando que nada de lo que había ganado con su esfuerzo le fuera quitado, y eso era casarse lo más rápido posible pero la condición que les habían dado vaya que estaba dura. Como que su abuelo estaba en serio con ganas de fastidiar aun estando en el lecho de muerte.

Casarte con una mujer, de 24 a 25 años, eso no era tan complicado, incluso su novia actual tenía 25, estaba en el rango, pero cuál era el problema principal… que fuera virgen. Eso… podía ser un problema. No era como si el mundo se fuera a caer, había muchas mujeres que cumplieran con esas expectativas, pero no era tan fácil dado quien era él.

Primero se relacionaba en un ambiente un poco de élite y donde las mujeres usaban más sus dotes que otra cosa, segundo, necesitaba alguien que fuera fuerte de carácter y capaz de soportar toda la ola que vendría, su familia lucharía fuerte, y tercero, no deseaba a una mujer que se enamorara de él y después estuviera negada al divorcio. Le pagaría muy bien solo por hacer su papel, no para recibir su amor. Él no tenía intenciones, además que tenía novia.

Novia que entró en ese momento por la puerta como si fuera lo más natural del mundo.

-Gio, te traje trabajo- se detuvo delante de la mesa con una ceja alzada- Aunque veo que estás muy ocupado- la indirecta brilló en el aire.

El hombre solo mantuvo su rostro serio. Ella era su pareja, pero dentro de la empresa eran presidente y secretaria, aunque, al parecer, tenía que estárselo recordando con demasiada frecuencia.

-Sí, estoy trabajando Samantha, algún problema con eso- su voz salió dura de sus labios y la mujer se tensó como siempre la hacía cuando la fulminaba con la mirada. Solo Kamil estaba presente, pero ella podía tomarse algunas atribuciones incluso con otras personas presentes y eso podía desprestigiarlo. Y había trabajado demasiado como para que una mujer echara por la borda todo su esfuerza.

-Está bien- ella dijo con una gota de sudor en su sien- Solo te traje los documentos del plan económico de este mes- lo dejó sobre la mesa- Iré… a atender otras cosas.

Y rápidamente dio media vuelta y salió por la puerta dejando un silencio dentro de la oficina.

-¿Por qué me miras así?- Giovani agarró la carpeta y comenzó a hojear las páginas. Sentía el peso de la mirada oscura de Kamil. Siempre era tan potente que hasta dolía.

-¿Realmente estás enamorado de ella?- la pregunta salió del hombre serio, era el único capaz de hablarle así.

-Samantha no tiene nada de malo. Tiene porte, es inteligente, nos conocemos de la universidad, funcionamos bien en la cama, no es tan exigente. Tiene defectos como todos.

-Sabes que no me refiero a es…-

-Kamil- el tono que usó Giovani fue el mismo que usó con la mujer antes. Ese que indicaba que no cruzara la línea. Kamil lo entendió y cerró la boca.

Giovani no era alguien con un humor amargo, más bien era una persona tranquila y equilibrada siempre y cuando se respetara su espacio.

-Disculpe- dijo el guardaespaldas tensando la espalda.

Gyovani volvió al trabajo, pero la pregunta que le habían hecho aún resonaba en su mente. Samantha era una conocida de años y habían terminado como novios a mitad de la carrera, ella cursaba el primer año mientras él estaba casi terminando dado que él le llevaba cuatro años. Era una mujer que se podía llamar hermosa, con un cuerpo agradable y de las que siempre resultaban populares, lo que ella siempre tuvo ojos para él, y se lo hizo saber en todo momento. Con un cabello que abrazaba sus hombros de color avellana y de ojos color marrón, con un rostro en forma de corazón y labios carnosos, era alguien bastante bella. Y lo que más le gusta, era tranquila y trabajadora. No se quejaba de ella, al menos por el momento. No sabía cómo reaccionaría cuando le mencionara que tenía que casarse con alguien más. Porque después de años juntos ella era todo menos virgen.

Mas no era tiempo de pensar en ello. El trabajo llamaba por él y tenía mucho acumulado comenzando con los registros económicos de la empresa. Olvidando el tema inicial que le daba marcados dolores de cabeza simplemente se enfocó en revisar la carpeta llena de números. Tener el control de todos los activos era importante. Chequeó la mayoría en su computadora observando que estaban minuciosamente organizados.

-El jefe del área de economía está haciendo un muy buen trabajo- dijo él casi media hora después dejándose caer sobre su asiento- Creo que debería darle un estímulo monetario. En las últimas semanas está muy detallado con el trabajo.

Kamil carraspeó la garganta.

-¿Qué?- Giovani conocía tan bien a su guardaespaldas como para saber que algo no estaba bien.

-Disculpe que me entrometa, pero sería mejor que investigara mejor sobre ese tema-

El Ceo alzó una ceja.

-Es extraño que te metas en asuntos que tienen que ver con la empresa. ¿Por qué me dices eso?

-Porque el director del área financiera sigue haciendo el mismo trabajo de siempre. No ha cambiado nada en estos meses.

Y eso extrañó realmente a Giovani. ¿Qué quería decir su amigo con aquello?

***

A pesar de que sabía que debía volver temprano a su mansión a descasar para su viaje de negocios, al otro día, Giovani se dejó llevar por la sugerencia de Kamil y asintió a su propuesta después de que este insistiera de que necesitaba relajarse un poco. No era que pudiera hacerlo fácil con las fieras de su familia detrás de la herencia de su abuelo que aún estaba caliente en el ataúd, y la suya propia. Por lo que una buena copa de alcohol de vez en cuando era buena para el cuerpo y para la mente. Solo esperaba que Kamil lo llevara a un lugar medianamente bueno, era exigente con sus gustos.

El auto se detuvo delante de un bar del que Giovani nunca había oído, tampoco era que el fuera a ese tipo de lugares. Miró su reloj, ya estaba bastante animada la zona para solo ser las 8 de la noche.

-¿Es aquí a dónde me traes?- no lo dijo de forma despectiva, solo que tampoco se imaginó que Kamil también tuviera esos gusto. Se había esforzado a enseñarle a tener gustos refinados.

-Aquí trabaja un amigo mío, y le puedo asegurar que no se arrepentirá. La bebida y comida es buena, así como el ambiente.

Giovani asintió después de pensarlo. A pesar de la cantidad de personas que estaban en su interior, la música era agradable, por lo que algo nuevo de vez en cuando no le vendría mal. Así no tendría que estar pensando en la mujer virgen que tenía que buscar.

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