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Portada de la novela Como estafar al Ceo siendo virgen

Como estafar al Ceo siendo virgen

Giovani debe casarse con una mujer virgen y mantener su pureza por dos meses para heredar el puesto de CEO. Para lograrlo, contrata a una empleada por tres millones de dólares. No obstante, el trato se tambalea cuando él descubre que la joven tiene un hijo que le dice mamá. Al notar el impactante parecido físico del pequeño consigo mismo, Giovani empieza a sospechar que es la víctima de una estafa maestra y que ella oculta un oscuro secreto.
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Capítulo 1

Isabela miraba del hombre sentado frente a ella a los papeles en sus manos. Podía asegurar en ese momento que tenía una mina de oro en sus dedos que no podía desaprovechar, sobre todo porque necesitaba ese dinero y no precisamente para ella misma. Sentía la mirada de aquel atractivo hombre sobre sí, casi como una presión para que acabara de firmar, pero ella no era estúpida ni se dejaría conquistar tan fácilmente por ese rostro hermoso y varonil.

Ella… tenía prioridades

Además, lo más importante, si le iban a pagar una buena suma por sus servicios, unos cuantos ceros más no vendrían mal.

El contrato que ella había leído era bastante simple, corto, pero preciso.

Primero y más importante, ser virgen. Eso era lo imprescindible. Ella lo era con sus 24 años. Extraño dirían algunos para la actual sociedad, pero ella tenía eso… prioridades. Tener sexo casual o una pareja en su muy limitado tiempo no estaba entre sus planes.

Y ahí venía el segundo punto, ser soltera. También cumplía con eso.

Tercero fingir ser su prometida por dos semanas, donde sería presentada a la familia de su prometido ficticio. Después del casamiento, a los dos meses y cumplido el objetivo del contrato vendría un divorcio bien sustancioso, donde ella recibiría una buena suma de dinero.

3 millones de dólares para ser más específicos.

Lo mejor de todo es que en ese tiempo ella tendría que mantenerse virgen y hasta le harían una inspección cuando el plazo de los dos meses se cumpliera dentro del matrimonio, una condición un poco extraña, pero quien era ella para opinar, al menos, el sexo no estaba de por medio. Así que despertar desnuda en la misma cama con ese hombre no era estaría en el futuro cercano, porque dado el tamaño de él y la forma de su cuerpo, como que alguien perdería algo más que la virginidad y no podía darse el lujo de terminar en un hospital. Porque si así de grande era su cuerpo, como sería...

«Céntrate Isabela» se dijo mentalmente.

Ahora era momento de sacar provecho, pero sabía que decirlo directamente no sería una buena alternativa. No era graduada de economía con por gusto. Conocía muy bien cómo administrar el dinero, sobre todo sumas tan grandes como aquellas. Y si por casualidad pensaban que ponerle el documento en otro idioma funcionaría para salirse con la suya y aprovecharse de ella, estaban muy equivocados.

Era joven, no inepta. Aprendía muy rápido.

-Hay algunas cosas que me gustaría añadir- dejó los papeles delante de la mesa.

Notó que la ceja oscura del hombre delante de ella se alzó elegantemente, no afectando su imagen atractiva. A su lado el abogado se puso nervioso mas no habló. Su trabajo no era ser mediador.

Isabela frunció los labios antes de hablar.

-¿Podría darme una hoja y un papel? Quisiera agregar algunas cosas al contrato que creo, son imprescindibles, al menos para mi persona.

El hombre frente a ella se removió algo incómodo en su asiento, después de todo, el contrato de por sí ya era bastante generoso. Y sin muchas exigencias hacia ella.

-¿Qué más vas a poner? No es suficiente con tres millones solo por fingir ser mi esposa por muy poco tiempo. Ni siquiera exijo que cumplas tus tareas maritales- su voz sonaba grave, ligeramente molesta. Por lo visto estaba acostumbrado a que las cosas salieran como a él le gustaba.

Pero Isabela solo sonrió agarrando el papel que le ofreció el abogado que sudaba notablemente. La tensión se sentía en el aire.

-Sí, es una suma generosa, pero no es la primera vez que trato con contratos y hay algunas cosas que faltaron, después de todo, quien garantizar mi seguridad en estas cuatro paredes durante ese tiempo. Usted mismo lo dijo, tengo que vivir aquí durante todo ese tiempo y estoy segura de que las personas a mi alrededor, incluyendo las de la empresa, me mirarán raro por estar saliendo con el Ceo de esta. ¿No cree? -ella le sonrió de lado al hombre, corriendo un mechón de cabello rojizo detrás de su oreja.

-Yo lo haré- respondió con confianza el hombre.

Ella alzó una ceja incrédula. Si, como no.

-Tiene mucha confianza, pero eso no me es suficiente- para su corta edad Isabela había aprendido muy bien que ni siquiera en la familia se podía confiar. Por lo que comenzó a escribir mientras decía lo que ponía.

-Durante el tiempo vigente del contrato y hasta que nos divorciemos, por cada caricia serán 200 dólares, por cada agarre de mano 300, por cada beso 1000- veía como el azul de los ojos del hombre se volvía oscuro- No me mire así, tengo que llegar virgen al divorcio y sé que no me pondrá la mano encima, pero en público de seguro tendrá que hacer muestras de afecto, y aquí es cuando se aplica esto. Eso o denuncia por acoso- ella alzó los hombros con desinterés- Puede elegir. Anuncio que estoy abierta a propuestas.

No mentiría si dijera que su corazón martilleaba en su pecho nervios. Era alguien dura, pero acostumbrada a ganarse el dinero por ella misma, por lo que tratar con una situación así no era algo fácil.

-Está bien-la afirmación de él la sorprendió en un momento porque este hombre era todo menos sumiso y permisivo. Se notaba que estaba desesperado.

-Otras cosas más- ella siguió añadiendo, faltaba lo más importante. Notó que el hombre solo la escuchaba- 2000 dólares por cada insulto de algún miembro de su familia a mi persona, 5000 por cada golpe que de seguro alguno vendrá, no soy ingenua y 10 000 por cada intento de asesinato. Estamos hablando de que hay más personas luchando por la herencia, algún tiro puede venir desapercibido, hay que ser precavido en estos tiempos y no tengo intención de morir joven- hablaba con una sonrisa en sus labios que hizo sentir incómodos a los hombres en la sala- Y lo último, su novia no debe estar rondando las cercanías, primero, porque su plan se puede ir por la borda, y segundo, no tengo intenciones de caer en las garras de una gata celosa cuando lo que tenemos es simplemente profesional. Capaz que me lance por la escalera. No, no, no. Si desean verse, háganlo fuera de aquí en algún hotel caro de esos que puede pagar. Lo digo por el bien de todos.

Alzó la cabeza después de terminar de escribir con su rostro claro. En cambio, el del Ceo estaba totalmente sombrío.

-Muchas exigencias- su voz salió sumamente grave. Sus dedos golpeaban repetidamente el reposa manos del butacón estilo Luis XVII que costaba más que una casa.

-Para nada- ella inclinó la cabeza dejando que los mechones de su cabello recogido en un grueso moño- Solo estoy evitando salir en peores condiciones de las que voy a entrar. Usted es rico, he controlado las finanzas de personas con el status de usted y he visto lo suficiente para saber que debo tener cuidado. Solo serán unos pocos miles de más si todo va tranquilo. No creo que a su bolsillo le duela-

El Ceo entrecerró los ojos, pero al final suspiró.

-Agréguelo al contrato- le dijo al abogado que pronto comenzó a escribir en la laptop el resto de los puntos.

Durante esos minutos el silencio fue absoluto en la sala. Nadie hablaba. Simplemente, el hombre y la mujer se miraban tranquilamente, uno con un rostro serio, la otra con una leve sonrisa, como si aquella situación no la incomodase, as pesar de que tenía los nudillos blancos de apretar el borde de la cartera.

Después de unos veinte minutos, Isabela estaba firmando el nuevo contrato donde ella sería la más beneficiada. Si todo iba bien en menos de un año, sería millonaria. Quien pudiera quejarse de eso. Ella no.

Así que cuando dejó el bolígrafo sobre la mesa se enderezó y le sonrió más ampliamente a quien era su jefe en la empresa donde ella trabajaba.

-Bueno, desde ahora somos socios. Espero que trabajemos bien juntos fuera de la empresa.

El Ceo se levantó acomodándose el traje hecho a medida y que se amoldaba a su amplia espalda y estrecha cintura. Sus ojos no la dejaban ir. Un brillo inusual bailaba en ellos.

-Prepara todo, dentro de tres días irán a buscar tus cosas para que te mudes a esta mansión- él dijo sin más.

Isabela se levantó y asintió con la cabeza, teniendo que alzarla para ver su rostro. Él debía medir como mínimo 1,90.

-En ese caso me voy, tengo algunas cosas que hacer y debo empezar a empacar rápido.

En eso su celular sonó. Lo sacó del bolso, un teléfono bastante viejo que apenas daba intimidad cuando se hablaba y donde la pantalla estaba toda desgastada, incluso tenía teclistas. El hombre se preguntó porque no tenía un equipo más moderno.

-Hola- Isabela respondió tranquilamente.

-Hola, señora Smit. La llamamos porque su hijo tiene fiebre de nuevo, ¿podría pasar a buscarlo antes de la hora normal?

La sonrisa del rostro de Isabela se desvaneció completamente.

-Voy para allá- y simplemente colgó.

Fue a guardarlo, pero una mano se envolvió alrededor de su muñeca y fue tirada hacia adelante.

-Acaso me estás engañando- él sonaba muy molesto- ¿Hijo?-

Isabela no se dejó intimidar y agitó la mano para soltarse y retroceder. Se acomodó la cartera sobre su hombro.

-No lo he engañado. Usted necesita que fuera virgen, así que no hay problema con eso, lo puede comprobar ahora mismo, aunque nunca se dijo en el contrato que estaba prohibido que tuviera hijos- la sonrisa volvió a posarse en sus labios- Así que espero que le gusten los niños, Ceo.

Y diciendo eso, simplemente dio media vuelta y salió por la puerta de la mansión, dejando al hombre más confundido de lo que pudiera imaginar. Esta vez habían sido más inteligente que él.

Isabela dejó salir todo el aire de sus pulmones cuando sintió la puerta cerrarse a su espalda. Ufff, lo había hecho. Ahora solo necesitaba pensar en recoger a su hijo y tener una carga de energía porque sentía que había perdido 10 años más. Nada que 3 millones no pudiera solucionar

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