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Portada de la novela Cien Metros Cuadrados

Cien Metros Cuadrados

Hannah Montero intenta reconstruir su vida como escritora fantasma tras una dolorosa ruptura. Buscando paz, se muda a un dúplex, pero su tranquilidad se desvanece cuando Andrés Aguilar, un fotógrafo de su pasado, se instala en la misma vivienda. Obligados a convivir, ambos deberán enfrentar heridas abiertas y resolver sus diferencias. Sin embargo, no solo lidiarán con sus sentimientos, sino con un oscuro misterio que envuelve su nueva residencia.
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Capítulo 3

<< —¿Qué es lo que te impulsó a querer formar parte del anonimato? —Me preguntó, tras hojear durante un largo rato las hojas con las anotaciones que le había tendido para que las echara un vistazo—. A juzgar por tu manera de escribir, se te da muy bien, tienes talento; entonces, ¿por qué no darte a conocer públicamente? —Le observé detenidamente, intentando averiguar si estaba hablando en serio, o tan sólo intentaba ser “amable”.

—Tan sólo son breves anotaciones sobre cómo voy a desarrollar la biografía. —Observé, arrugando ligeramente la frente, mientras alargaba una mano para coger las hojas,cuando volvió bruscamente la cabeza hacia mí, y me miró con una frialdad que hizo que me quedara clavada dónde estaba, sin atreverme a mover ni un sólo músculo.

—¿De verdad crees que soy tan ignorante, que no sé diferenciar lo que son una anotaciones de un borrador? —Inquirió, sin parpadear siquiera. Yo simplemente me limité a sostenerle la mirada—. Tan sólo he admitido que tienes buena mano con esto, y a juzgar por tu organización, he considerado oportuno destacar el hecho de que podrías darte a conocer profesionalmente. —Apreté ligeramente los labios, empezando a arrepentirme de haber abierto la boca sin haber pensado antes de hablar, pues era obvio que aquél hombre que se encontraba enfrente de mí, no solamente parecía ser una persona estricta, si no que no parecía tolerar que le “corrigieran” lo más mínimo, o que aquél sumamente estúpido se dignara a cruzar una sola palabra con él, y por un momento, yo me sentí una tremenda estúpida por haber dejado muy claro -erróneamente- que sí le consideraba algo “ignorante” por su opinión—. En fin, creo que ya te he robado demasiado de tu tiempo. —Agregó entonces, entregándome los papeles de mala manera—. Creo que será mejor que sigas haciendo tu trabajo, o me saldrás más cara de lo que en realidad vales. —Aunque una parte de mí sabía que era su enfado el que estaba hablando en aquél momento, no pude evitar que aquellas últimas palabras me hicieran daño, pues no solamente había faltado el respeto hacia mi trabajo, si no que había querido humillarme cómo persona, y ésa era una de las pocas cosas por las que no estaba dispuesta a dejar pasar, así que, decidí que si quería jugar a aquél juego, ambos podríamos hacerlo.

—Tal vez yo no sea una de ésas mujeres que se ponen zapatos de tacón alto y posan frente a tu cámara semidesnudas, creyéndose ser “supermodelos” que aspiran a meterse también bajo las sábanas de tu cama. —Le espeté, haciendo que alzara las cejas, sorprendido por mi repentino arranque de ira—. Pero almenos yo tengo la dignidad que ellas perdieron hacen mucho tiempo, y no necesito desnudarme delante de un estúpido arrogante que cree ser el Dios de todas ellas: yo no vine pidiéndote trabajo —proseguí, mientras movía las hojas a la altura de su rostro para que entendiera exactamente a qué me estaba refiriendo—, fuiste tú el que solicitaste mis servicios cómo escritora, cómo el gran narcicista que eres, así que, no te confundas, guapito de cara, yo no soy una “cualquiera” que revolotea a tu alrededor para ser portada de una mugrienta revista, eres tú el que necesita que el mundo entero sepa de tu patética existencia. —Giré sobre mis talones, dispuesta a irme, cuando volví la cabeza para mirarle por encima de mi hombro, y agregué—: Ahora me iré a hacer mi trabajo, porque, efectivamente, ya me has hecho perder demasiado tiempo, más del que te mereces. —Y sin darle tiempo a contestar, me volví de nuevo hacia adelante, sintiendo su mirada clavada en mi nuca, y me dirigí hacia la confortable habitación que él mismo se había preocupado de prepararme para instalarme durante mi estancia.>>

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