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Portada de la novela ¿CEO?... ¡No me domines!

¿CEO?... ¡No me domines!

Una noche de pasión imprevista transforma el destino de una mujer cuando descubre que aquel extraño es su actual y dominante jefe. En el entorno laboral, la tensión escala mientras ella intenta ignorar la atracción por un CEO que no acepta un no por respuesta. Entre dinámicas de poder y un deseo prohibido, ambos se enfrentan en un duelo de voluntades donde los secretos compartidos y la jerarquía pondrán a prueba sus verdaderos sentimientos.
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Capítulo 2

Al menos ahora entiende a lo que se referían.

Con una sonrisa entra a la habitación.

Encuentra a su esposo, teniendo relaciones con su secretaria, es gracioso porque ella es su amiga. 

Observa en silencio con los brazos cruzados por varios segundos. Ninguno se da cuenta de su presencia, están tan ocupados gimiendo el nombre del otro.

— El amor es tan hermoso, ni siquiera se han dado cuenta de mi presencia. —Expresa con burla.

Al escuchar su voz, la mujer se intenta tapar con las cobijas, mientras Alex se comienza a levantar.

— Cariño, no sabía que vendrías tan temprano —Dice nervioso.

— Quería darte una sorpresa, pero creo que la sorprendida fui yo. —Dice con una sonrisa.

— Por cierto, amiga, me da gusto ver que te estás divirtiendo. —Menciona con una sonrisa-

Daniela es el nombre de su amiga. 

Agachó la cabeza sin decir nada.

— Sé lo que estás pensando, pero no es lo que supones. —Exclama rápidamente.

— ¿Así si?, ¿qué es? —Pregunta burlonamente.

Se pone los pantalones y se arrodilla enfrente de Rose, llorando agarra sus manos.

— Tienes que confiar en mí, ella solo me estaba haciendo un masaje y nada más. 

Se levanta para besarla, sin embargo, ella lo aleja, por lo que se frustra.

— ¿Acaso soy estúpida? —Pregunta furiosa.

— Jefa, por favor, déjeme explicarle. —Exclama rápidamente.

— ¡CIERRA LA BOCA! —Grita molesta-

— No dije eso. —Habla rápidamente.

— Eres un idiota.

— Yo te amo. —Dice entre lágrimas.

— ¿Amor?…

Ha, ha, ha, ha, no me hagas reír, el amor nunca existió en tu corazón.

La mujer los ve con asco, este intenta volver a acercarse, pero lo vuelve a empujar, provocando que caiga encima de Daniela. 

Intenta irse, pero él la detiene.

— Escúchame, por favor. —Ruega desesperadamente.

—… Está bien, te escucho. 

— Sé que te decepcioné y no te culpo, pero, tú más que nadie conoce sobre mi situación económica, me conoces de muchos años, sabes que jamás haría algo para lastimarte.

— … ¿Lo dices en serio? —Pregunta fríamente.

— Por favor —Suplica llorando.

La mujer lo agarra del mentón con su mano derecha, mientras que con la izquierda le limpia las lágrimas, él le lanza una sonrisa melancólica. Incluso fue tan bueno que casi se la cree.

— Dijiste que jamás harías algo que me lastimara y mira, lo hiciste. —Dice con una sonrisa.

— No, es…

Lo suelta sin dejarlo terminar.

— Ella me sedujo, yo no tuve nada que ver, por favor. —Dice desesperado.

—… No fue tu culpa. Pero el matrimonio queda cancelado de por vida.

Intenta decir algo, pero se detiene.

—… Está bien, si es lo que quieres —Dice seriamente-

El hombre se acerca y le estira el brazo, abriendo la mano como si esperara algo.

— Dame el anillo de compromiso. —Reclama firmemente-

— ¿Disculpa? —Dice sorprendida-

— Te dije que me devolvieras el anillo, yo te lo regale, me pertenece. — Exclama con seriedad.

— … Ha, ha, ha, ha —Ríe burlonamente.

— ¿Qué es tan gracioso? —Pregunta con furia.

— ¿Es un chiste? —Pregunta a carcajadas-

— Nunca imaginé que fueras tan inútil, eres tan cínico como para reclamar algo que evidentemente no te pertenece.

Se lo intenta quitar, pero ella no se lo permite.

— El anillo que tú me diste, lo compraste con mi dinero, no te quieras hacer el listo conmigo, que te haya tenido compasión y lástima es diferente. Gastaste por mucho tiempo mi dinero a escondidas, tendrás que pagar por lo que hiciste, qué mejor forma que quedarme con el anillo. —Dice con una sonrisa.

— ¡¡ESE ANILLO ES MÍO!! —Grita furioso-

— ¡¡Este anillo jamás te perteneció!!

— ¡Dame ese anillo!

— ¡No!

— ¡QUE ME LO DES!

*POOM*

Le tira un golpe a Rose, tan fuerte que la hizo perder la fuerza y caer al suelo.

Alex recoge el anillo, viendo como se dirige a Daniela para ponérselo.

— Con qué así quieres jugar…

¡¡GUARDIAS!!

Ambos se asustan e intentan golpearla para callarla, sin embargo, los guardias llegan justo de que eso suceda.

~~~

Los tiran afuera, desnudos y con solo un par de cobijas.

— Malditos salvajes, ¿cómo se atreven a lastimar así a una dama? —Comenta con molestia.

Daniela Gutiérrez Mercedes, una mujer morena, alta y con gran cuerpo, la mujer sin duda es hermosa.

— Dame el anillo, rápido Daniel —Dice seriamente-

— Ahora no puedo hacer eso.

— Dijiste que sería mío. —Expresa con tristeza.

  Te lo daré —Dice seriamente-

— ¿Te casarás conmigo, verdad? —Pregunta deslumbrante.

— Claro que me casaré contigo, pero necesito el anillo en estos momentos.

— Me lo prometiste durante años.

— Y lo cumpliré. —Dice con una sonrisa.

—… Está bien.

Daniel le entrega el anillo.

Hay muchas cosas que suelen ocultarse por el bien de la persona, pero hay otras que suelen ocultarse por un plan beneficioso y eso tiene que ver con Rose.

Por otro lado, Rose, se dirige afuera, manda a que quemen todo lo que tenga que ver con él, también tener prohibido pisar esta residencia, luego de eso, se retira en su auto.

Durante el camino, varias lágrimas se hicieron presentes en ella, intenta no seguir llorando, aunque, es inútil.

Comienza a recordar pequeños fragmentos de él con ella, las veces que decía que la amaba y que quería estar siempre con ella. 

Pasa por sitios que fueron cerrados con el paso de los años, donde ella lo invitaba a comer, entre otras cosas.

Luego de un par de minutos se encuentra en las montañas afuera de la ciudad, específicamente en una roca gigante que los turistas suelen frecuentar. Todo ese rato lloró hasta más no poder, realmente había creído que el amor que ambos sentían era real.

Un par de horas pasaron y decidió regresar, solo que al regresar se topa con algo que no le gusta, Alex se encuentra en la puerta intentando entrar a la mansión.

— ¿Qué no sabes que soy?…

Soy el futuro esposo de la señorita Rose Arriaga…

—…

— ¡ABRE ESA PUERTA! —Reclama a todo pulmón-

— Lo siento, tenemos órdenes muy específicas en no dejarlo pasar.

— Está enojada, luego se le pasara, déjame entrar —Dice furioso-

— Lo siento, señor, no podemos hacer eso —Dice firme.

— ¿Acaso quieres que te demande? —Pregunta sin paciencia.

El guardia lo ignora.

— ¡DÉJAME ENTRAR!

— Gustavo, puedes retirarte.

— ¿Mi señora?…

El guardia hace reverencia al ver que llegó su señora.

— Está bien, estoy bien —Dice son una sonrisa-

Gustavo se retira un poco desconfiado.

— En cuanto a ti.

Mira a Alex de pies a cabeza.

— Vete de mi hogar, no me hagas repetírtelo.

— Esta es mi casa.

— Lo era, hasta que decidiste acostarte con mi secretaria.

Saca unos papeles para enseñarlos a Rose.

Al leerlos detenidamente, la furia en ella se descontrola.

— Desgraciado.

— No me dejaste la opción Rose.

— Es imposible que yo haya firmado eso.

— Verifícalo por ti misma, es real.

Ella sigue negándolo, hasta que recuerda que unos meses atrás, bebió hasta más no poder, recordando que si firmó algo, sin embargo, pensaba que era su imaginación.

— Todo esto me pertenece.

La casa, el dinero, sus cosas, todo le pertenece a Alex, debido a que Rose firmó un documento donde lo dejaba con todo el poder.

Todo está pasando tan rápido, que no logra digerir.

— … Iré por mis cosas.

— Le pertenece a mi futura esposa.

—Déjame adivinar, ¿Daniela? —Dice con sorpresa hipócrita-

— Por supuesto.

— Veamos si puedes mantener mi imperio.

Se empieza a ir mientras observa cómo Daniela sale corriendo hacia los brazos de él.

Rose~

Te caes, te levantas, lloras, ríes, no importa cuantas veces tires la toalla, el punto es volverla a recoger, empezar de nuevo es lo que voy a volver a hacer…

Verá de lo que soy capaz…

Ha, ha, ha…

Me vas a conocer Alex…

Continuará…

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