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Portada de la novela Matrimonio Concertado con el CEO: El playboy domesticado. Libro 3.

Matrimonio Concertado con el CEO: El playboy domesticado. Libro 3.

Elena Corzo y Michael Powell inician su vida conyugal enfrentando grandes desafíos emocionales. En este tercer tomo, Elena lidia con la inseguridad y el miedo a que su esposo extrañe su pasado como playboy. Por su parte, Michael se siente herido ante la desconfianza hacia su lealtad. A pesar de la pasión y el apoyo de sus amigas, la pareja debe confrontar a terceros que amenazan su estabilidad para proteger su unión y superar sus temores internos.
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Capítulo 2

Michael. 

Por fin la he hecho mía, sólo queda esta noche y todo estará donde debe de estar, ella en mi vida, en mi corazón, en mi casa y en mi cama, no sé cómo he aguantado todo este mes, sin volverme loco. No entiendo, como antes miraba a otras mujeres, esto no tiene nada que ver, las ansias locas, la tentación inaguantable, las ganas de gritar a los cuatro vientos que la amo, y que nadie la tendrá sino yo. Todo eso, y más, nunca lo he sentido con nadie, nunca me he tenido que retener a mí mismo, incluso recurriendo, a los escoltas de mi mujer para que la protejan de mis ansias de tenerla.  

Creo que desde que conozco a esa preciosa mujer, mi mundo se ha vuelto patas arriba.  Pero no cambiaría nada de lo que hemos vivido, cuando la vi entrar a la iglesia, todo cobró sentido, esa preciosidad, esa diosa etérea, era lo que siempre había estado buscando, yo al contrario que mi hermano y mi primo, no luché contra mi destino, desde que puse lo ojos en ella, me enamoré, a pesar de que sé que a ella no le pasó lo mismo, fue duró conquistarla, y aún más convencerla de que yo la amo, incluso hoy en día pienso que aún no lo sabe, piensa que sigo siendo ese playboy. Pero me esforzare si hace falta el resto de mi vida para demostrárselo. Cuando su padre me la entregó, me dijo: 

- “Te entrego lo más importante que tengo en mi vida, mi mayor tesoro, el fruto del amor de la mujer que amé más que a mí mismo, hasta que dios se me la llevó, por eso, no espero menos que la ames igual y la cuides como lo más valioso que tienes, y cuando dios te dé una hija, para que sientas lo que yo siento ahora el día que la entregas a la persona que ella ama, no lo olvides porque, esta promesa, yo no la olvidaré.”- sentí como me emocionaba, y sentía el peso de los que iba a hacer en ese momento.  

Cuando al fin la besé después de que nos declaran marido y mujer, fue como beber agua cuando estas sediento, no tienes suficiente y encima esa maldita mujer no hace más que agarrarse a mí, y besarme con las mismas ansias, mientras sus gemidos amortiguados por mis labios se dejaban oir por encima del sonido de mi celerado corazón. 

Y aquí estábamos en el banquete de boda aguantado felicitaciones y la etiqueta del evento, mientras los seis lo único que deseamos era desaparecer a un lugar donde sólo pudiéramos estar solos con nuestras parejas, con nuestras mujeres o nuestros maridos, sin tanta pompa y obligaciones sociales, la verdad es que me estaba hartando de todo, mi madre se estaba pasando contacto brinde tanto coctel tanto baile y tanto de todo que para mí hacia una hora que me sobraba. 

- “William, ¿qué tal se te da los secuestros exprés? le pregunté a al jefe de seguridad responsable de la ya señora Elena Powell, a través de mi móvil una vez que pude esquivar algunos invitados, e ir a la terraza mientras mi madre presentaba a sus nuevas nueras al resto de los invitados. 

Había visto la cara de ira de mi hermano así que sentí lo que él sentía, y el maldito Keanu, había conseguido escapar de su madre y de todos, y por lo que vi a señora Miriam Powell también había desaparecido, así que imaginé que salvar a las novias del banquete dependía de nosotros los novios, antes de ir a la terraza me había acercado a mi hermano, y le había dije: 

- “Búscate una excusa, Kevin ya se fue, saca a tu mujer de aquí y desaparece.”- al parecer mi frase funciones, porque el humor de mi hermano empeoró esos sólo podía significar. Que mi hermano pronto sacaría su esposa de allí, sin importar nada ni nadie.  

Yo mientras continuaba mi llamada en la terraza. William ya estaba acostumbrado a mis locuras, así que ni se inmutó ante mi pregunta. 

- “Depende señor si hay una buena distracción podremos secuestrar a su mujer y a usted en tres minutos…y creo que la está habiendo ahora gracias a su hermano, señor corra hasta su mujer, y llévela hacia la puerta lateral que da al invernadero, en breve serán…secuestrados.”- así me dijo mientras yo oía un escándalo y varios gritos en el interior.  

Al entrar comprendí porque, mi hermano había cogido a su mujer en sus brazos, pese a las protestas de este ante, según oía, el ridículo que estaba haciendo y los de mi madre, que recriminaba el comportamiento nada apropiado de su primogénito. Mientras mi padre y mi abuelo se reían a carcajadas. Keanu la sacaba de la sala rodeados de sus escoltas que le hacia un pasillo para facilitarle el escape. 

- “Eso es hermano tú como siempre a lo grande, que todos sepan cómo será el futuro CEO general de Powell S.L. Holding.”- dije y aproveché que todos estaban distraídos mirando la escena para acercarme a mi mujer, y sin pararme a hablar tiré de ella del brazo hacia el invernadero. 

- “¿Se puede saber qué haces, playboy? Deja de tirar de mí que, nos va…”- no la deje terminar de un tirón fuerte, la derribe en mis brazos, y comencé a besarla como si mi vida se fuera en ello, dejándola totalmente desconcertada y callada, me la subí al hombro y corrí hasta la terraza que daba al invernadero. 

El beso debió de funcionar, porque mi esposa estaba totalmente silenciosa, sólo faltaba poco para que ese silencio pasara a gemidos de placer, sólo me faltaba muy poco. Mi mente ya lo estaba anticipándolo todo.

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