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Portada de la novela CEO en ruinas

CEO en ruinas

Samantha Ríos, una ejecutiva despedida injustamente tras una traición, decide enfrentar al influyente Hugo Salazar. Lejos de rendirse, funda su propia empresa tecnológica con el objetivo de despojar a su antiguo jefe de su dominio en el mercado. Lo que inicia como una feroz competencia corporativa pronto se convierte en una guerra sin tregua. No obstante, entre estrategias y ambición, brota una química prohibida que amenaza con transformar su odio en pasión.
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Capítulo 2

Samantha caminaba sin rumbo por las calles de la ciudad. El bullicio a su alrededor, el ruido de los autos y las conversaciones ajenas, parecían un eco lejano, una realidad que no lograba conectar con su mente en ese momento. La noticia de su despido aún la golpeaba como un martillo. No solo había perdido su trabajo, había perdido su lugar en un mundo que había construido con años de esfuerzo. Y lo peor de todo: Hugo lo había hecho sin miramientos, sin una pizca de humanidad.

Detuvo su paso frente a un café y observó su reflejo en la ventana. No reconocía a la mujer que miraba de vuelta. La mujer en el espejo parecía perdida, derrotada. Había pasado semanas pensando en sus proyectos, en el futuro, y todo eso se había desmoronado en una hora. Se acercó a la ventana y, con un suspiro profundo, se apoyó en ella.

- ¿Qué voy a hacer ahora? - murmuró para sí misma.

La idea de rendirse cruzó por su mente, pero rápidamente la desechó. No podía, no debía. Había invertido demasiado en su carrera, en su vida. ¿Acaso iba a dejar que un hombre como Hugo la derrotara así, sin más? No. Se recompuso, erguió la espalda y caminó hacia el interior del café.

La camarera, una joven de cabello rizado, la saludó con una sonrisa que, en ese momento, le pareció completamente ajena a su dolor.

- ¿Qué te gustaría tomar? - le preguntó amablemente.

Samantha miró el menú, pero su mente no estaba allí. Su mirada estaba fija en los recuerdos que aún la atormentaban. Finalmente, sus ojos se posaron en el café negro. Sencillo. Necesitaba algo fuerte, algo que la sacudiera de su confusión.

- Un café negro, por favor.

Se sentó en una mesa en la esquina, intentando no pensar en lo que había sucedido. Pero no pudo evitarlo. Su teléfono vibró sobre la mesa. Un mensaje. Era de Laura, su amiga más cercana, una de las pocas personas que había sabido la verdad sobre sus planes con Hugo.

Laura: "¿Cómo estás? Sé lo que acaba de pasar... ¿estás bien?"

Samantha dejó el teléfono sobre la mesa y se echó hacia atrás en la silla. La pregunta era absurda. Estaba lejos de estar bien. Todo en su vida se sentía como un fracaso. Pero, ¿iba a seguir llorando por algo que ya no podía cambiar? No. Había una chispa de furia en su interior que no podía ignorar.

- No estoy bien... pero no voy a rendirme - dijo en voz baja.

Una mano se posó sobre su hombro y Samantha se giró rápidamente. Era Laura, su amiga, con la misma preocupación en sus ojos que Samantha había visto tantas veces. Laura era la única que entendía lo que había costado llegar hasta allí.

- Lo siento mucho, Sam. Sé que esto es un golpe fuerte, pero no dejes que te consuma. Ya sabes lo que eres capaz de hacer. No dejes que Hugo gane.

Samantha miró a Laura, una sonrisa amarga se formó en sus labios. Sabía que Laura tenía razón, pero, en ese momento, la rabia se apoderaba de ella más que cualquier otra emoción.

- ¿Ganar? - repitió con un tono seco. - Él ya ganó, Laura. Pero no se va a quedar con la victoria tan fácilmente.

Laura se sentó frente a ella, sin soltarla del todo.

- ¿Qué vas a hacer, entonces? - le preguntó con cautela. - ¿Te vas a quedar aquí lamentándote por siempre? ¿O vas a luchar por lo que sabes que vales?

Samantha la miró fijamente, sus ojos brillando con una nueva determinación.

- No me voy a quedar lamentándome. Pero tampoco voy a dejar que me humillen así. Hugo pensó que podía deshacerse de mí sin consecuencias. Lo que no sabe es que acaba de despertar algo que nunca debió haber tocado.

Laura la observó en silencio, luego asintió, comprendiendo el cambio en su amiga.

- Entonces, ¿qué harás? - preguntó.

- Voy a construir mi propia empresa. - La respuesta fue firme, casi inmediata. - Voy a competir con él. Le voy a demostrar que no fue un error contratarme, fue un error dejarme ir.

Laura levantó las cejas, sorprendida.

- ¿Estás hablando en serio? ¡Eso es... genial! Pero, ¿cómo vas a hacerlo? Necesitarás capital, contactos... eso no es fácil, Sam.

Samantha se reclinó en la silla, pensativa. Sabía que no sería fácil, que la batalla sería cuesta arriba. Pero algo en su interior le decía que tenía lo necesario para triunfar, incluso si eso significaba desafiar a Hugo y todo lo que él representaba.

- Sí, no será fácil. Pero yo he estado en ese mundo. Conozco cómo funciona. Y tengo algo que Hugo no tiene: voluntad. Determinación. Y una rabia que ni él ni nadie puede apagar.

Laura sonrió, aliviada por ver a su amiga tan decidida. Le dio un abrazo rápido antes de levantarse.

- Entonces, no te detengas. Y si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme.

Samantha la vio irse, y por un momento, se quedó sola con sus pensamientos. El café estaba ahí, enfrente de ella, pero ya no importaba tanto. Lo que realmente importaba era el camino que acababa de decidir tomar.

La venganza, aunque dolorosa, se estaba gestando en su interior. Hugo había subestimado a la mujer frente a él. Y eso sería su error más grande.

Sacó su teléfono y buscó entre sus contactos. Sabía que no podía hacer esto sola. Pero, con la ayuda de los aliados adecuados, estaba lista para empezar de nuevo. Estaba lista para derribar a Hugo.

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