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Portada de la novela Cautiva de las sombras.

Cautiva de las sombras.

Victoria Zabet, una joven ciega marcada por un pasado trágico, ve su aislamiento interrumpido al convertirse en el botín de guerra de Alessandro Santoro. Conocido como La Sombra, este despiadado líder de la mafia siciliana busca cobrarse una deuda de sangre contra el hermano de Victoria. En medio de una venganza implacable, la pureza de ella choca con la crueldad de él. ¿Logrará la bondad redimir al verdugo o el abismo terminará por devorarlos a ambos?
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Capítulo 1

Candy y Amir estaban en el jardín de su enorme mansión, observando como sus hijos habían crecido, buscando similitudes y diferencias entre ellos, la mansión se sentía un poco vacía luego de la partida de Eros y Zafiro a la universidad, junto con ellos marcharon sus sobrinos y quienes ellos habían casi criado al completo, Hades y Dulce, ahora solo quedaban en aquel lugar su hija adoptiva, Rosita de 13 años, que destacaba de sus hermanos adoptivos por sus rasgos de descendencia mexicana, la joven sabía perfectamente que era adoptada, Candy se aseguró de contarle como habían sido sus padres y lo mucho se habían amado, como su madre Rosa murió por complicaciones en el parto, algo que a pesar de todo lo que la medicina había avanzado no se pudo evitar y como su padre Miguel quien era el chofer de la familia Zabet la cuido durante dos años y amo con todo sus ser, hasta que de una forma heroica entrego su vida, por salvar a Candy, y los pequeños Eros y Hades. Rosita sabía que ellos la adoptaron, porque eran lo mínimo que podían hacer por aquella pareja que le fue tan leal, pero también sabía que la amaban como si realmente fuera una hija más.

Los quintillizos de 11 años eran otra cosa, tenían cierto parecido físico, pero a medida que crecían su complexión física cambiaba.

Stefano era el más alto, su cabello era de un color castaño oscuro, de piel blanca y ojos Verdes similares a los de su madre, parecían dos jades, aunque poseían la dureza de la mirada de su padre, en cuanto a su carácter, era el más explosivo, siempre estaba metido en algún pleito y más cuando se trataba de defender a sus hermanos.

Felipe quien le seguía en estatura también tenía la piel clara, de un color crema, cabello unos tonos más claros que Stefano, sus ojos al igual que los de su hermana Zafiro y su padre Amir eran azul profundo, como mirar el mismo corazón del océano, él era el más bromista de todos, y eso lo llevaba a meterse en problemas, por lo que su hermano Stefano debía defenderlo, de todos, menos de su padre Amir y este último era el que más sufría las bromas de su hijo, por alguna razón a Felipe le encantaba ver a su padre furioso, más cuando manchaba sus trajes de diseñador con pintura, pero para su suerte siempre contaba con Vicky para que lo ayudara.

Mateo tenía mucho de su tío Matt, quien todavía poseía el título del ángel de la muerte, de carácter serio, mente brillante, más dado a escuchar y analizar antes de hablar, con la piel clara y al igual que su tío cabello dorado y ojos celestes, una mirada fría y calculadora lo definía.

Ámbar era el mayor dolor de cabeza de Amir, consentida por su tía Melody la niña de 11 años ya sabía utilizar un arma a la perfección, algo que a Candy no le simpatizo mucho, pero si Candy tenía algo en claro era que ella acompañaría a sus hijos, los guiaría, pero también los dejaría ser libres, algo que Amir no soportaba, ya que la pequeña pubertad era muy enamoradiza aun a esa corta edad, con un cuerpo bien desarrollado que siempre la hacía ver como alguien incluso mayor a Rosita, de cabello tan rubio que parecía blanco cuando lo dejaba ser, ya que el hobby de la pequeña era cambiar de color de cabello todos los meses, sus ojos eran dos esmeraldas dignas de ser observar.

Y luego estaba Victoria, ellos eran quintillizos, pero Vicky como la llamaban, parecía ser la menor de todos, era la viva imagen de Candy, al igual que Zafiro, pero a diferencia de la mayor de las hermanas que tenía el carácter de Amir, la joven Victoria era literalmente la miniatura de su madre, de estatura la más baja, cuerpo delgado, podía pasar por una niña de 9 años con facilidad, sus ojos de un verde único, que en los días nublados adquiría un verdeazulado, tierna, dulce, amigable, dispuesta a darle un abrazo a quien lo pida y defender hasta al mismo diablo de ser necesario, esta niña, era los ojos de Amir, el alma de Candy y el corazón de cada uno de sus hermanos, poseía una luz tan única como Candy, por lo que tenía los mismo problemas, ella parecía un ángel en la tierra, por lo que era fácil quererla u odiarla.

— Dime hija ¿Por qué no has dicho nada de ese niño?

— Porque si yo digo que me molesta Stefano lo golpeara.

— Eso lo entiendo y me parece bien que no quieras que tu hermano se meta en problemas, pero ¿Por qué no hablar con nosotros?

— No quiero que lo regañen mamá.

— Vicky, entiendo que trates de ayudar a todo el mundo, Dios, tu madre es igual, pero a veces ser tan buena provoca que despiertes los demonios de los demás, ¿entiendes?

— Los demonios una vez también fueron ángeles papá. Todos dicen que él es un demonio, se lo dicen tanto que incluso el mismo se lo cree, todos merecemos una oportunidad.

Si, la pequeña Victoria era igual que su madre, y Amir sabía muy bien lo peligroso que eso era, sabía todo lo que su esposa había sufrido incluso él mismo la había herido, pero hay cosas que son inevitables, y por más que tratemos de cuidar a nuestros hijos, no podemos caminar por ellos.

Una semana antes que los quintillizos cumplieran 12 años, la familia Zabet-Ángel sufrió uno de los golpes más grandes y dolorosos hasta ese día, se encontraban en un partido de béisbol de los niños dorados, como los llamaban en el colegio, Amir había cancelado todas sus reuniones, jamás se perdía un juego de sus hijos, a su lado su esposa Candy veía con orgullo a sus pequeños, que cada día estaban más grandes, Matt llego junto con Mel a alentar a los niños.

Fue solo un segundo, un instante, donde Victoria se levantó del banco, pronto seria su turno, giro a ver a sus padres y tíos, levanto su delgado brazo para saludar, cuando el golpe se escuchó, el sonido que indicaba que el bate le había dado a la bola, para desgracias de todos, la bola hizo un recorrido de esos raros, nadie presto atención a lo que decía el árbitro, ya que todos estaban siguiendo la trayectoria de la bola, que parecía ir en cámara lenta hacia su víctima, que solo tuvo tiempo de girar, no sintió nada, no hubo tiempo a sentir nada, por lo menos para ella, en la tribuna y en el campo de juego las cosas fueron diferentes.

Amir y Matt corrieron como jamás lo habían hecho, mientras en el campo de juego, cada uno de sus hermanos dejaba el lugar donde estaban para correr a ver a su hermana, esa que siempre le encontraba el lado positivo a todo, la que no le importaba quedarse sin postre si alguno de ellos quería repetir, la que interfería cada vez que Felipe era regañado por sus bromas, la que aconsejaba a Ámbar como combinar su ropa, la pequeña Vicky que tranquilizaba a Stefano cuando se trenzaba en una pelea, aquella pequeña que era la única con la que Mateo juagaba al ajedrez porque solo ella le podía ganar, la delgada niña que ahora se encontraba inconsciente en el suelo del campo, porque la bola de madera cubierta de cuero había impactado contra el lateral de su cabeza.

Fue la primera vez que Amir y Matt lloraron en público, el dueño del mayor imperio de joyas que siempre se mostró frio e indiferente al mundo y el mayor asesino de reconocimiento mundial se derrumbaron al ver a la pequeña inconsciente y con sangre brotando de su sien, mientas Candy y Melody trataban de tranquilizar a sus hermanos.

Lo que siguió luego de eso fue un calvario, en el mismo instante donde Victoria recupero el conocimiento cuando la estaban atendiendo en el hospital, el mundo de los Zabet-Ángel tambaleo una vez más, estaba a punto de caer.

— Papá, no veo, Papi no veo nada.

Fue la primera vez que la niña se mostró ansiosa y asustada, jamás había sabido lo que era el miedo, nunca les sucedió nada malo, nunca le paso nada que sus hermanos o padres no pudieran solucionar.

Los días pasaban, sus hermanos y primos mayores regresaron de la universidad, pero no valía de nada, ellos solo podían acudir a los mejores médicos y así lo hicieron, Eros, Zafiro, Hades y Dulce no les quedó más remedio que regresar a Europa, debían continuar con sus estudios, pero regresaron a casa cada vez que la pequeña Vicky fue ingresada en cirugía, tres operaciones a lo largo de un año, la primera fue para la extracción del coagulo que podría ser el responsable de la pérdida de visión de la niña, la segunda, al igual que la tercera fue solo para confirmar un diagnóstico que la familia se negaba a aceptar, Victoria Zabet no volvería a ver, sin importar cuanto brillaran sus ojos, estos no podrían cumplir con su función nunca más.

— No me importa que digan, la llevaremos a Cuba y…

— No papá, ya no quiero más operaciones.

— Hija…

— ¿Acoso ya no me amas?

— Claro que te amo, jamás dudes de eso.

— Entonces acepta mi decisión, ya no quiero cortar nunca más mi cabello, quiero tratar de ser lo más parecida a lo que era hace un año.

El sollozo de Amir le indico a la pequeña el lugar donde estaba su padre, llorando como un niño, mientras su madre trataba de tranquilizarlo, camino hasta él con lentitud y lo abrazo.

— Mi pequeña niña, ¿Cómo poder vivir sabiendo que tu mundo transcurrirá en total oscuridad? — las palabras de su padre tenían tanto dolor, que casi lo podía ver.

— Podre vivir porque ustedes son mi luz, siempre que los tenga a mi lado, sentiré su luz y me guiaran, como lo han hecho hasta ahora.

A medida que los años pasaban Victoria se hacía más fuerte, ella era una joven talentosa y predispuesta a aprender, ella era el mejor ejemplo de resiliencia que podía existir, aprendió a leer braille y continuo con sus estudios, agudizo sus otros sentidos, olfato, tacto, oído, para cuando la joven cumplió 18 años, eran muy pocas cosas las que no podía hacer, o mejor dicho las que no quería hacer. Se reusó a ir a la universidad, así como había dejado de salir de la mansión, ella conocía cada rincón de su hogar y se movía por el con la misma facilidad que sus hermanos, pero se reusaba a salir al mundo exterior, no se sentía cómoda, no quería ser una carga para nadie, aunque no lo era, Victoria aprendió a distinguir cada pieza de Ajedrez, en su mente no necesitaba ver para visualizar el tablero, por lo que continuo ganándole a Mateo en aquel juego, su trabajo guiando a su hermana en cómo vestirse también continuo, tocaba cada prenda de ropa y con ayuda de Ámbar que le decía sus colores, Victoria se daba a la tarea de organizar su ropa, su trato con Felipe y Stefano no cambio mucho, continuo defendiendo a Felipe de su bromas, las cuales crecían junto con su edad y a Stefano lo tranquilizaba solo con una palabra, todo iba bien, lo único que los quintillizos no aceptaban era que la joven se reusara a salir de la mansión y que no quisiera concurrir a la universidad.

— Vamos Vicky, podríamos compartir departamento y…

— No, y no insista Felipe, ya se lo dije a los demás, no voy a arruinar su experiencia en la universidad porque tengan que cuidar de mí.

— No arruinarías nada. — contradijo con tristeza su hermano, que no podía evitar mirar sus ojos cada vez que hablaban, ella no parecía una persona no vidente, sus ojos seguían igual de brillantes.

— Si lo arruino, ¿ya olvidaste que gracias a mi Stefano casi mata a Ricky?

— Lo debería a ver hecho, se lo merecía por idiota. — aun recordaba lo que sucedió hacia una semana para su cumpleaños, por lo que sus manos se convirtieron en puños.

— Ricky solo dijo la verdad, lo que nadie quiere admitir.

Ricky había sido el mejor amigo de Stefano, desde prescolar, y siempre había sentido cierta atracción por Victoria, aunque luego del accidente Amir prohibió que las amistades de sus hijos ingresaran a la mansión, ya que cada vez que alguien corría de lugar un sillón o silla, Vicky terminaba en el piso, por lo que Ricky había visto crecer a Victoria a través de fotos. Cuando Stefano lo invito a celebrar su cumpleaños número 18 y obviamente el de sus hermanos, Ricky vio la oportunidad de interactuar con la pequeña rubia, ya que Victoria seguía siendo la más baja de todos.

Así lo hizo, la noche transcurría muy bien, Vicky se movía por todos lados y sus ojos seguían llamando la atención por como cambiaban con la luz. Ricky bailo con ella y recordaron viejos tiempos cuando eran niños, incluso le dio su primer beso. Lo que el joven no sabía era que los hermanos siempre se mantenían atentos a cada movimiento de Victoria.

— Eres realmente hermosa, si no fueras ciega te pediría que fueras mi novia.

— Si no fueras tan idiota te aceptaría. — respondió con toda tranquilidad, podía sentir la mirada de sus hermanos en ella y no quería generar problemas.

— No lo tomes a mal, pero debes entender que nadie querría cargar con una novia y menos una esposa ciega. — el joven no usaba muy seguido sus neuronas, pero en ese momento tampoco estaba usando la vista que era lo que según él le impedía salir con la joven, de haberlo hecho, hubiera visto que Stefano se encontraba a su lado.

— Estas muerto.

Fue todo lo que el más alto de los quintillizos dijo y arremetió con toda la furia y fuerza que poseía contra el que hasta ese entonces había sido su mejor amigo, de esa forma la fiesta termino, con Ricky hospitalizado y Stefano en la delegación, donde no estuvo más de unos minutos ya que Amir logro que lo liberaran en poco tiempo.

— Ricky es un hijo de puta que debería estar muerto, no sé qué está esperando Hades para actuar, creo que el lugar del tío le queda grande. — dijo con enfado y es que su primo ya tenía el título del ángel de la muerte bien ganado.

— No seas estúpido, Hades no lo hará, yo se lo prohibí. — La palabra de la pequeña era sagrada en la familia, ella era la flor más delicada que crecía en aquella mansión y se la cuidaba como tal.

— Felipe, debes ir a arreglar tus cosas. — Candy los estaba escuchando y decidió intervenir, ya que cuando su pequeña se enojaba o se alteraba, luego la atacaba un dolor de cabeza que la mantenía en cama por días.

Felipe se retiró y su madre se sentó en el lugar que él había ocupado minutos antes en jardín.

— Ricky está equivocado.

— No mamá, no lo está ¿Qué hombre se fijaría en una ciega?

— Uno que ama con locura.

— Mamá — dijo en forma de queja.

— ¿Conoces el cuento de Mario Banedetti el amor y la locura?

— No, ese no.

— Bien, en ese caso ponme atención. Cuentan que una vez, se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura les propuso, oigan vamos a jugar a las escondidas.

La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin poder mantenerse en silencio preguntó ¿escondidas? ¿Y cómo es eso?, es un juego explico la locura, en donde yo cuento desde uno hasta mil, mientras ustedes se esconden y el primero que encuentre tomara mi lugar para continuar el juego, el entusiasmo danzó, seguido de la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda y a la apatía, que nunca se interesaban por nada.

1, 2, 3. Comenzó a contar la locura, la primera en esconderse fue la pereza, que como siempre cayó detrás de la primera piedra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra del triunfo, que por propio esfuerzo había conseguido llegar a la copa más alta del árbol.

La generosidad casi no logra esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía bueno, para alguno de sus amigos, si era un lago cristalino, ideal para la belleza, si era la copa del árbol, perfecta para la timidez, si era una ráfaga de viento, magnífica para la libertad.

Así es que terminó escondiéndose en un rayo de sol, el egoísmo encontró un lugar bueno desde el principio, ventilado cómodo, pero solo para él, la mentira se escondió detrás del arcoíris y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes.

Cuando la locura terminaba de contar, el amor todavía no había encontrado lugar para esconderse, pues todos estaban ya ocupados, hasta que encontró un rosal y enternecido por sus flores decidió esconderse entre sus rosas, mil, concluyó la locura y comenzó la búsqueda, la primera en aparecer fue la pereza apenas a tres pasos de una piedra.

Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes, en un descuido encontró a la envidia y claro pudo deducir donde estaba el triunfo, al egoísmo no tuvo que buscarlo el solo salió disparado de su escondite que era en verdad un nido de avispas, de tanto caminar sintió sed y al aproximarse a un lago descubrió a la belleza.

La duda fue más fácil de encontrar estaba sentada sobre un cerro sin decidir donde esconderse y así iba encontrándolos a todos, al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una cueva oscura, pero, el amor no aparecía por ningún lugar, la locura lo busco detrás de cada árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas.

Cuando estaba a punto de darse por vencida, encontró un rosal y comenzó a mover sus ramas, entonces escuchó un grito doloroso, había herido al amor en los ojos, la locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rezó, imploró, pidió perdón y prometió ser su guía para siempre, es por eso por lo que desde entonces el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

— Es hermoso, pero es solo un cuento.

— No lo es hija, en algún momento encontraras al hombre indicado y él te guiara con su amor y tú con el tuyo.

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