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Portada de la novela ¡CASO PERDIDO!

¡CASO PERDIDO!

La abogada Amanda Castillo es conocida por una personalidad excéntrica que rompe cualquier molde tradicional. Su vida profesional y personal da un giro drástico al cruzarse con Andy Berr, un atractivo colega que se verá obligado a cultivar una paciencia infinita para manejar las peculiaridades de Amanda. Entre desafíos críticos y confesiones imprevistas, ambos vivirán pruebas determinantes. ¿Podrá su vínculo resistir los secretos y tormentas que acechan su destino?
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Capítulo 2

Capitulo 02

POV:Amanda.

El sol se colaba por mi ventana, dándome de lleno en el rostro. No hacía mucho que me había quedado dormida. O eso pensaba... Me levanté harta de aquello.

Al salir de la cama, me di en un dedo del pie, y mi grito se escuchó en toda la cuadra. Fui hasta el baño, molesta, y aún no eran las siete de la mañana.

Al regresar al cuarto me di cuenta de que la cortina de mi ventana se había caído. El sol era inclemente y me lastimaba los ojos.

-Por lo menos puedo volver a dormir -comento hacia la habitación vacía.

Poco después escuché la alarma de mi teléfono. Al tocar la cama, abrí los ojos asustada. Yo había pensado que era sábado, pero no era así. Debía estar en la corte en media hora.

Tenía un caso sobre un chico que había robado un auto, pero nunca antes había tenido ningún otro delito. Salí de la cama tan rápido como pude. ¿Cómo era posible que fuese yo tan tonta y olvidadiza?

Me bañé en menos de un minuto, me embutí en el primer traje de chaqueta y falda que me encontré, y salí corriendo de mi apartamento. Mi auto tardó en encender, y mi paciencia se estaba agotando. Golpeé frustrada el volante, y por desgracia me vi en el espejo retrovisor.

Algunas personas decían que yo era hermosa, pero yo no lo veía. Y menos en esos momentos, pues mi cabello era un desastre, y el poco maquillaje que me había aplicado estaba por todas partes, menos en los lugares correctos.

Hice una mueca y me encogí de hombros. Aún estaba yo pensando en el desastre que había dejado en el baño. Eso me angustiaba más que cualquier maquillaje mal hecho; soy compulsiva con la limpieza. Sé que algunos por esto me llaman loca, pero, ¿qué me importa? No tenía tiempo de bajarme del auto y limpiar.

Debía irme. Las manos comenzaron a temblarme; quise bajarme, pero era imposible. Respiré profundo y manejé.

Durante todo el camino pensé en el desastre, sin embargo, al llegar a la corte, aquello se me olvidó un poco. Iba tarde; mi cliente podía perder el caso. Me lo habían asignado, pero yo siempre defendía a mis clientes por igual, sin importar si eran de la firma o me los habían asignado.

-Licenciada Castillo, llega tarde. Es posible que no pueda llegar a un acuerdo -me dijo otra licenciada que trabaja para otra firma contraria. Ella tenía una gran sonrisa en su rostro.

La ignoré y corrí. No tenía tiempo para ella.

. A mis espaldas escuché que dijo:

-Vaya pinta la que carga, parece más un payaso. Ja, ja.

Ignoré su comentario. Ya me encargaría de ella luego. Entré, y lo primero que vi fue a mi cliente asustado, mirándome con cara de súplica. Lo tranquilicé, y el otro abogado comenzó su litigio. Yo no me había fijado en él.

Esa mañana había sido un desastre desde el inicio. Traté de arreglar mi cabello con los dedos y me preparé para escuchar lo que tenía que decir. Sin embargo, la jueza habló primero.

-Buenos días, licenciados. ¿Seguro que este caso no lo pueden arreglar fuera? ¿No pueden llegar a un acuerdo?

-Sí, señoría, el caso es sencillo, pero el acusado agravó a mi cliente. No solo robó su auto, sino que...

El abogado que hablaba era un hombre realmente atractivo. Dejé de preocuparme del desastre en mi baño y miré su complexión. Tenía facciones finas, pero a la vez varoniles. Su cuerpo se podía ver a pesar de su traje, y pensé:

"Este hombre sí que está bueno". Pero pronto sus palabras me sacaron de mi ensoñación. Podía estar muy bueno, pero era un idiota. Aunque aún no sabía yo hasta qué grado.

-Sí, señoría, es el primer delito de mi cliente. Él nunca había hecho algo así, la desesperación lo llevó a...

traté de explicar

-¿Y eso justifica el robar? Vaya... -me interrumpió el abogado.

Me estaba sacando de mis casillas, y a la vez me costaba trabajo concentrarme. No podía pensar en hombres en un momento como ese. De repente, pensé en que no había tenido una cita en mucho tiempo. Lo miré de nuevo y sentí un particular calor en mi nuca.

"Ya basta", pensé molesta.

Él ni siquiera me había visto a la cara. Esto tenía sentido, estábamos trabajando.

Traté de calmar mi ímpetu y lo logré a tiempo para escuchar a la jueza, quien nos siguió instando a tratar el asunto fuera.

Salimos, y en los pasillos conversamos. Era un hombre guapo, pero no me dejé impresionar con eso. Su nombre era Andy.

Vi que tenía la nariz un poco sucia, y tuve que mirar hacia otro lado. Suponía yo que era tierra, la mancha abarcaba la punta de su nariz. Él me interrogó con la mirada. Me vi obligada a decirle. Ya tenía suficiente con mi baño sucio.

-Tiene usted sucia la nariz -dije sin más.

Esto me permitió mirarlo con más detalle. Oh, era un hombre realmente guapo. Mi cliente me esperaba más allá, en uno de los banquillos.

El hombre se puso rojo como un tomate. Se limpió, y me pidió que dijera lo que tenía que decir.

-Está bien, dos meses de cárcel, y libertad condicional... un año... -ofrecí, y él hizo una mueca burlona.

-Un año de cárcel, dos de libertad condicional. Es lo mínimo que puedo hacer.

Era su contraoferta, la cual me molestó muchísimo.

-¿Pero qué es lo que le pasa? ¿Es en serio, no ve

que sólo es un ñino? ¿casó es usted de piedra? -le pregunté y.

Me miró como si yo hubiera dicho una grosería.

-No puedo hacer mucho más, mi cliente salió lastimada psicológicamente -aclaró él.

-Cinco meses de cárcel, y dos años de libertad condicional. Creo que es lo justo -era mi oferta final, y me la estaba jugando con mi cliente, que era un buen chico solo que cometió un error.

Él dudó, pero aceptó al final y se fue sin despedirse ese hombre era guapo. pero muy antipático y molesto desde mi punto de vista. Me olvidé de él y fui a darle las buenas noticias a mi cliente.

Él se asustó por pasar ese tiempo en la cárcel, pero dadas las circunstancias era lo mejor que podía hacer por él.

Después de la corte, fui directo a casa y recogí el baño, pero al verlo así todo sucio y desprolijo, casi me da un ataque supremo de ansiedad. Era mediodía, y debía almorzar con unos clientes de la firma en la que trabajo. Sin embargo, estaba más tranquila. El desastre ya no existía.

Me arreglé mejor y salí. Durante el almuerzo sería la primera vez esa mañana que me detendría, y sin embargo, debía trabajar. El día solo había llegado a la mitad, pero yo estaba muy lejos de terminar.

En el camino al restaurante, me froté los ojos muy fuerte. Luego me vi en el espejo, y casi me desmayo de la impresión. A veces olvidaba que traía maquillaje. Arreglé el problema; esos clientes eran importantes.

El almuerzo salió muy bien. Ahora eran oficialmente mis clientes. Se trataba de una pareja que peleaba por una herencia. Casos típicos que simplemente me parecían muy fáciles. No obstante, ellos no estaban exentos de relevancia por ese motivo.

Finalmente, pude llegar a mi oficina. Los pies me estaban matando. No bien puse un pie en la oficina, las secretarías me abordaron. Yo tenía buena relación con algunas, y me contaban cosas.

-Amanda, ¿viste que llegó un licenciado nuevo? Dicen que quería ser fiscal... es guapo.

Gloria me tomó del brazo y caminó conmigo mientras me contaba.

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