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Portada de la novela Cásate Conmigo

Cásate Conmigo

El magnate Alexander Cross vive marcado por una fobia extrema a las mujeres, hasta que una trampa de sus enemigos lo obliga a pasar una noche con una extraña. Tras este evento, su trauma desaparece y surge en él un sentimiento intenso. Ella escapa, pero el CEO inicia una búsqueda para encontrarla. Al descubrir que ambos son víctimas de un complot, Alexander decide protegerla de las amenazas externas y desposarla, luchando por salvar su vínculo.
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Capítulo 2

Los días siguientes se convirtieron en un torbellino de incertidumbre y emoción para Alexander. Desde que aceptó el acuerdo con Alexa, su vida había dado un giro total. Ella lo llevó a una serie de reuniones clandestinas y ubicaciones que nunca habría imaginado. Le mostró un mundo subterráneo de poderosos jugadores y organizaciones secretas que influían en decisiones globales, manipulando información, recursos y hasta el curso de gobiernos enteros.

Una noche, Alexa lo llevó a una imponente mansión en las afueras de Nueva York. La casa estaba llena de arte clásico y objetos de colección, todos bajo una iluminación tenue que daba al lugar un aire de misterio y lujo intemporal. Allí, Alexander conoció a algunos miembros de la organización, hombres y mujeres con perfiles intachables, líderes de corporaciones y miembros de la élite. Pero todos ellos compartían algo en común: una lealtad silenciosa hacia la misma causa y, curiosamente, hacia Alexa, quien parecía tener un papel de liderazgo en este círculo de poder.

Durante una reunión privada, Alexa le explicó a Alexander el verdadero propósito de su organización.

—Nosotros no solo buscamos el poder por el poder mismo —dijo, con su voz calmada y segura—. Queremos equilibrio, y estamos aquí para garantizar que el poder no caiga en manos equivocadas. Tú, Alexander, has demostrado ser alguien capaz de mantener su integridad en medio de la corrupción. Es por eso que hemos estado observándote.

—¿Observarme? —Alexander levantó una ceja, sin disimular su escepticismo—. ¿Entonces la prueba de esa noche fue parte de todo esto?

—Exacto. Queríamos saber si serías lo suficientemente fuerte como para resistir las tentaciones y manipular la situación en tu favor sin perder el control —continuó Alexa—. Ahora que has pasado esa prueba, queremos que seas parte de nuestro círculo. Con tu visión y recursos, podríamos alcanzar niveles de influencia aún mayores.

Alexander escuchaba atentamente, procesando cada palabra. La oferta era tentadora, y la promesa de un poder sin límites lo llamaba como una llama en la oscuridad. Sin embargo, había algo que todavía no entendía por completo.

—¿Y cuál es tu papel en todo esto, Alexa? —preguntó, mirándola fijamente.

Alexa esbozó una sonrisa sutil, como si hubiera estado esperando esa pregunta.

—Yo soy el enlace entre quienes tienen el poder y quienes pueden ejercerlo. Pero también soy alguien a quien nunca podrás conocer por completo, Alexander. Formo parte de este mundo, pero también tengo mis propios motivos… y, en este momento, tú eres parte de ellos.

Alexander intentó leer más allá de su respuesta, pero los ojos de Alexa eran impenetrables. Sintió una mezcla de atracción y desconfianza; ella era un enigma que lo empujaba a un mundo del que aún no comprendía del todo las reglas.

Los siguientes meses Alexander fue involucrándose cada vez más en la organización. Recibió información confidencial sobre competidores y detalles sobre operaciones empresariales que, si se ejecutaban correctamente, podrían duplicar las ganancias de su empresa. Al mismo tiempo, comenzó a notar los riesgos y el costo de su lealtad: cada decisión traía consecuencias que debía manejar con cautela. A veces, los intereses de la organización chocaban con su propia ética, y en otras ocasiones, Alexa le pedía realizar tareas que iban en contra de sus principios.

Sin embargo, era imposible retroceder. Ya no solo sentía atracción hacia Alexa, sino una dependencia emocional hacia ella que no podía controlar. Alexa se había convertido en una parte esencial de su vida, y aunque él sabía que su relación estaba llena de riesgos y secretos, no podía evitar caer más profundamente en su influencia.

Una noche, después de una de sus operaciones más exitosas, Alexander y Alexa se encontraron solos en su despacho privado. La tensión entre ellos era palpable, y sin mediar palabra, ambos se acercaron y se sumieron en un beso apasionado, cargado de meses de deseo contenido. Por primera vez, Alexa se mostró vulnerable, sus murallas de misterio se desmoronaron por un breve instante, y Alexander sintió que finalmente podía ver a la mujer detrás de la fachada.

Sin embargo, esa noche de pasión no fue más que un respiro. A la mañana siguiente, Alexa volvió a su papel de líder enigmática, y la relación entre ellos se mantuvo en ese constante tira y afloja. A medida que pasaba el tiempo, Alexander empezó a descubrir secretos de la organización que lo inquietaban. Sus miembros no eran tan nobles como Alexa había insinuado. Había manipulaciones financieras, operaciones para arruinar a competidores y, en algunos casos, acciones que bordeaban lo ilegal.

Un día, mientras revisaba documentos en la mansión, Alexander encontró un archivo con información sobre él: cada movimiento, cada transacción, cada persona cercana a él estaba documentada en detalle. Fue entonces cuando comprendió que no era solo un miembro de la organización, sino también un peón en su juego. La idea lo horrorizó. Durante semanas, intentó confrontar a Alexa, pero ella siempre lograba esquivar sus preguntas, hasta que un día lo citó en el mismo café donde habían tenido su primera conversación.

—Sabía que encontrarías ese archivo —dijo ella con voz calmada, como si hubiera anticipado todo—. Alexander, este mundo no es para los débiles. Sabías en lo que te estabas metiendo, y aunque te di una elección, también sabía cuál sería tu respuesta. Nadie sale de este mundo una vez que entra, a menos que yo lo permita.

Alexander sintió una mezcla de rabia y traición. Estaba atrapado en una red que lo controlaba, y la mujer que él creía que lo amaba había sido la tejedora de esa red.

—¿Entonces toda esta historia fue solo un juego? —preguntó, con la voz llena de amargura.

Alexa bajó la mirada, mostrando un leve atisbo de remordimiento.

—No, Alexander, nada de lo que siento por ti es falso. Pero debes entender que mis lealtades son complejas, y tú también debes elegir. Puedo ayudarte a salir… pero el precio será mayor de lo que imaginas.

—¿Y cuál es ese precio esta vez? —preguntó, resignado a escuchar.

—Deberás dejar todo atrás —susurró Alexa—. Tu empresa, tu vida aquí… y estar dispuesto a seguirme. Porque solo hay una forma de escapar de este mundo, y es desaparecer en otro.

Alexander comprendió que ella le estaba ofreciendo una última oportunidad, pero a un costo devastador. Sabía que, de aceptar, dejaría atrás todo por lo que había trabajado, pero por primera vez en mucho tiempo, sintió una pequeña chispa de esperanza. Tenía la posibilidad de empezar de nuevo, y esta vez, lo haría con Alexa, sin secretos ni manipulaciones.

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