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Portada de la novela Casate conmigo: Amor Condicionado

Casate conmigo: Amor Condicionado

Lucía, una imperturbable CEO, ve su imperio al borde del colapso tras una agresiva adquisición. Desesperada por salvar su legado y satisfacer las presiones familiares, plantea una boda de conveniencia a Carlos, su leal asistente acosado por deudas financieras. Este acuerdo estratégico, diseñado para solventar sus problemas personales, se transforma en un terreno incierto. Entre secretos y roces, ambos deberán elegir entre el deber o un amor inesperado.
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Capítulo 1

Lucia Martínez se encontraba frente a la ventana de su oficina, mirando la ciudad de Nueva York que se extendía como un mar de luces y edificios altos, una metáfora perfecta de lo que había logrado en su vida. A sus 38 años, era una de las CEOs más influyentes de la industria tecnológica, una mujer cuyo nombre resonaba en las reuniones de los grandes empresarios y cuyas decisiones podían hacer o deshacer imperios. Su empresa, VanguardTech, había comenzado como una pequeña startup que fundó con unos pocos amigos en un departamento modesto de Brooklyn, pero hoy, casi dos décadas después, era un gigante en el mundo de la innovación.

La pantalla de su computadora parpadeaba con cifras rojas que le daban vueltas al estómago, pero ella no mostró ni una pizca de emoción. En su mundo, las emociones no tenían cabida, solo la lógica y la frialdad de los números. La noticia que había recibido minutos antes no era ninguna sorpresa, pero eso no la hacía menos alarmante. VanguardTech estaba a punto de ser tomada por TechMinds, una empresa de capital privado con recursos infinitos y la capacidad de destruir todo lo que ella había construido. La oferta de compra hostil que había recibido ese día era solo el comienzo de un proceso que podría borrar su nombre de la historia.

Lucia no era una mujer que se dejara intimidar fácilmente. Durante años había trabajado incansablemente para posicionarse en la cúspide, tomando decisiones que otros consideraban arriesgadas, pero que siempre le habían dado resultados. Sin embargo, esta vez, sentía que estaba contra las cuerdas. La oferta de TechMinds era tentadora, pero no estaba dispuesta a ceder sin luchar. No solo se trataba de su empresa; se trataba de su legado. Si cedía ahora, perdería todo lo que había trabajado durante tanto tiempo.

Pero el precio de la lucha era alto. La prensa ya había comenzado a especular sobre la crisis financiera interna de VanguardTech, y las acciones de la compañía caían a diario. Había algo más que la competencia la había notado: un desglose silencioso en las entrañas de su empresa. Sus aliados de antaño, aquellos en quienes más confiaba, comenzaban a retirarse, como ratas abandonando el barco. Los inversores ya no estaban dispuestos a seguir confiando en ella sin más garantías. En esos momentos, la amenaza de la compra parecía más inminente que nunca.

Lucia se apartó de la ventana y caminó hacia su escritorio, donde varias carpetas llenas de informes y propuestas descansaban sobre la mesa. Con la agilidad de un experto, comenzó a hojear los papeles, pero su mente no podía concentrarse en los números. ¿Cómo había llegado hasta aquí? En sus días como estudiante, nunca imaginó que llegaría tan lejos. Provenía de una familia de clase media, sin ninguna conexión en el mundo empresarial. Había trabajado incansablemente para lograr lo que tenía, sacrificando tiempo con su familia y amigos, buscando siempre la perfección y el control absoluto sobre todo lo que hacía.

A veces, incluso se preguntaba si todo aquello valía la pena. Sus relaciones personales habían sido siempre superficiales. Nunca había tenido tiempo para amar ni para ser amada. El trabajo, la empresa, eran su todo. Solo en esas horas de soledad que pasaba en su oficina, mirando la ciudad a través de su ventana, podía permitirse pensar en lo que podría haber sido si las cosas hubieran sido diferentes. Pero no tenía tiempo para lujos como la nostalgia o el arrepentimiento. Las horas avanzaban rápidamente, y la amenaza de TechMinds seguía acechando.

Un sonido interrumpió sus pensamientos: el timbre de su teléfono. Lucia levantó la mirada y vio el nombre de Santiago Ortega, su vicepresidente de finanzas, en la pantalla. Sus ojos se estrecharon, pero contestó sin vacilar.

-Lucia, tenemos que hablar. -La voz de Santiago sonaba tensa, como siempre lo hacía cuando había malas noticias.

-Lo sé. -Lucia se sentó en su silla con determinación, girando ligeramente la misma para mirar el horizonte. Su voz era firme, casi calculadora-. ¿Qué más tenemos sobre la oferta de compra?

-Es una propuesta agresiva. -Santiago respiró hondo antes de continuar-. Lo que me preocupa es que esta vez no es como las demás. Los inversores de TechMinds tienen los recursos para presionar de manera legal y financiera. No solo es una compra; están buscando tomar control total. Nos están acorralando por todos los frentes.

Lucia asintió lentamente, procesando la información. Estaba acostumbrada a enfrentarse a situaciones difíciles, pero esto parecía ser diferente. TechMinds era una de las empresas más poderosas del mundo, con una reputación de absorber competidores sin piedad. Aunque su dinero y sus recursos eran vastos, lo que más la preocupaba era la estrategia con la que estaban atacando a VanguardTech. No era solo una compra, era una jugada maestra para desmantelar y tomar control de todo.

-¿Cuál es la última jugada que podemos hacer? -preguntó Lucia, su tono ahora más decidido.

-Estamos investigando todas las opciones legales, pero no te voy a mentir: las probabilidades de ganar en los tribunales son pocas. -Santiago hizo una pausa, como si pensara cuidadosamente sus palabras-. Necesitamos algo más... algo drástico.

-¿Qué tienes en mente? -Lucia le interrumpió, ahora totalmente enfadada. Su mente ya comenzaba a hacer cálculos y buscar alternativas.

-Lo que necesitamos es un matrimonio estratégico. -Santiago dijo las palabras con tal frialdad que a Lucia le pareció que él estaba hablando de un contrato comercial más que de una relación personal-. Un acuerdo que haga que los inversores vean que aún tienes un futuro sólido. Un matrimonio que cambie tu imagen pública y te dé estabilidad.

Lucia frunció el ceño, pero no dejó que el asco o la incredulidad se notaran en su rostro. Era una mujer de mente rápida, pero también sabía que las decisiones más difíciles a menudo venían con sacrificios dolorosos. Un matrimonio estratégico, ella misma, una mujer calculadora, había sido siempre tan pragmática que no le resultaba imposible considerar esa opción.

-¿A quién sugieres? -preguntó, su tono neutral, como si estuviera discutiendo el próximo proyecto de expansión de la empresa.

-Alguien que ya conozcas. Alguien cercano, alguien con quien ya tengas una relación profesional sólida. -Santiago hizo una pausa, buscando las palabras correctas-. Carlos Herrera.

El nombre de Carlos, su asistente personal, sonó como una campana en la cabeza de Lucia. Aunque su relación con él era estrictamente profesional, ella sabía que era un hombre inteligente, eficiente y absolutamente confiable. Carlos era uno de los pocos que conocían las entrañas de VanguardTech de la misma forma en que ella las conocía.

-Carlos... -Lucia repitió el nombre, pensando. En su mente, ya se formaba la idea de un contrato más que un matrimonio, pero era una jugada peligrosa, y algo en su interior le decía que, si tomaba ese camino, su vida no volvería a ser la misma. No se trataba solo de un acuerdo de conveniencia; se trataba de su futuro.

-Piénsalo. -Santiago finalizó la llamada-. Si te arrastras por el amor propio, perderás todo. Es hora de ser pragmática.

Lucia colgó el teléfono y se quedó en silencio, mirando las luces de la ciudad nuevamente. "Un matrimonio por contrato..." pensó. No era la primera vez que se encontraba en una encrucijada de este tipo. Pero esta vez, lo que estaba en juego era su legado, su imperio. La jugada que estaba a punto de hacer podría salvar todo lo que había construido o destruirlo para siempre.

Sin dudarlo, hizo una última llamada, esta vez al hombre con el que tomaría esa decisión.

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