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Portada de la novela Casados e Indiferentes

Casados e Indiferentes

Alberto y Daniela comparten una relación explosiva marcada por la riqueza y el orgullo. Aunque se desean lejos, la cercanía solo alimenta su desprecio mutuo. Tras una noche de excesos que los dejó sin recuerdos, despiertan con la noticia de su matrimonio legal. Atrapados por el compromiso, este par de multimillonarios debe elegir entre aceptar su destino o convivir con su mayor rival en una unión donde el lujo y la vanidad ocultan un caos difícil de ignorar.
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Capítulo 2

Ciudad de México

Bien dicen que las penas con pan son buenas pero si las acompañas con vino saben mejor.

En un pequeño bar de la Ciudad de México, Alberto ahogaba sus penas al pensar en su chica ideal. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz, pero de nuevo lo había echado a perder, por su arrogancia. En lugar de hablar con ella desde el inicio, se dejó llevar por ese juego absurdo, cuando descubrió su otra identidad, lejos de sentirse feliz por ella, se sentía traicionado y burlado.

Uno de sus mejores amigos, había dado con su paradero después de mover cielo, mar y tierra para dar con él, gracias a unos amigos en común que hizo en una de las tantas veces que fue a visitarlo a la ciudad.

Desde ese día lo había seguido para hacerlo entrar en razón, pero todo era imposible. Del chico carismático ya no quedaba casi nada, se la pasaba borracho en los bares, como si quisiera olvidar sus penas «ni aguanta nada»

— ¿Dónde está? —pregunto Caleb a su amigo, para que le indicare el paradero de Alberto.

—Por allá, lleva muchos días de la misma manera, nos hemos acercado pero no quiere estar con nadie, ayer invito dos rondas seguidas a todos los que estaban y mando a llamar a los mariachis —menciono su amigo.

—Gracias, te agradezco mucho que me informaras, pero sobre todo de hacerte cargo en lo que llegaba - dijo Caleb. —A partir de ahora yo me hare cargo, no olvides en buscarme si necesitas algo, nunca olvidare que cuidaste de un buen amigo.

—Para eso estamos los amigos, ya pase por lo mismo que el pasa, así que solo debemos aguantar en lo que se da cuenta de cómo se destruye solo.

—Solo espero que no sea demasiado tarde para eso —dijo Caleb triste al ver a su amigo del alma en las condiciones en las que estaba, un vagabundo se miraba mejor.

Camino a donde se encontraba sentado Alberto, que se mostraba literalmente como una piltrafa humana, nunca espero llegar a verlo de esa manera, él era un chico orgulloso, que disfrutaba verse bien, pero en esos momentos no quedaba huella alguna de lo que un día fue. Estando a unos pasos de él, el DJ puso la canción del grupo Pesado, sumiéndolo por completo en la desdicha.

Todo era tan bello entre los dos, con caricias y besos me dabas tu amor, Juntos caminamos hasta el sol, pero al fin de cuentas ya nada sirvió. Porque dejaste que me enamorara de ti, si nunca me quisiste, porque me dañas tanto el alma si yo te di mi corazón, con qué derecho me desgarras.

Solicito que la repitieran más de cinco veces. Se podía sentir un sentimiento de culpa, dolor, tristeza, sentimientos encontrados.

«Eso si era una revolución de sentimientos, pero quien lo manda hacer tan sope con la pobre muchacha que no tiene la culpa de nada»

Por más que Caleb intentaba decirle lo que Daniela les comento al darse cuenta que había escapado de todos ellos, él no permitía que mencionara su nombre, ni nada que tuviera que ver con ella. Se sentía perdido por todo lo que estaba pasando, no podía pensar, algo tenía que hacer para volver a ser el Alberto de antes y poner en orden su vida.

Unas cuantas botellas de tequila, bastaron para que Alberto no pudiera pararse de donde estaba, mucho menos estaba consciente de lo que decía o hacía. Era un total bulto «si no sabe tomar señor, mejor no lo haga», que su amigo tuvo que cargar hasta el departamento.

Desde que llegaron no dejaba de decir el nombre de Daniela y de hablar de ella, tanto que Caleb quiso amarrarle la boca para que se callara «o que la canción, ¿Quién lo entiende? Primero que no hablan de ella y ahora que si» y dejara de decir sandeces, su límite ya estaba por encima desde que tomo el vuelo rumbo a México para ir a buscarlo.

Era su amigo, no pensaba traicionarlo, verlo tan devastado cuando él sabía la verdad de lo que paso lo hizo dudar. Cuando Alberto empezó a llorar de nuevo por el amor de su chica, no le quedo duda que tenía que hablar con ella y decirle donde se encontraba, pero antes comprobaría que ahora ella no lo lastimara de nuevo.

Caleb: Hola buenas noches, necesitamos hablar.

Daniela: Hola Caleb, si claro ¿Te marco o me marcas?

Caleb: No, voy hacer un grupo donde agregaré a los chicos. Espera un minuto por favor.

Daniela: Ok, espero, pero te advierto, si es para salir, de una vez por todas te digo que no pienso ir, para mí lo más importante es dar con Alberto.

No solo Daniela debía saber el paradero de Alberto, también sus padres y sus amigos que estaban desesperados por encontrarlo. Era tiempo de ver por su amigo, si en sus manos estaba, con gusto lo haría.

Caleb: Buenas noches a todos, espero no me lo tomen a mal por no decirles antes pero he encontrado a Alberto, quería asegurarme que la información que me dieron fuera cierta. Así que viaje personalmente a verificarlo.

Sra. Glenda: ¿Cómo está mi hijo Caleb?

Daniela: ¿Dónde están? Quiero hablar con él comunícamelo en esto momento, es una orden.

Alicia: Vaya, por fin aparece mi cuñadito.

Caleb: Alberto no está en condiciones de hablar con nadie, mucho menos contigo Daniela deja de ser tan mezquina. Desde que lo encontré todo el día se la pasa tomando, el poco tiempo que esta sobrio no quiero saber nada de nadie. Está encerrado en su cuarto, cuando sale es para regresar a los antros, siento mucho no avisarles antes, pensé que solo eran unos días, ahora veo que necesita la ayuda de todos y yo debo regresar a Grecia antes de que me corran de mi trabajo.

Sr. Kurt: Ahora entiendo tú enfermedad de repente, date por despedido en este mismo instante, jovencito y da gracias que me agarras de buen humor.

Daniela: ¡Por Dios papá! Caleb encontró a Alberto y eso es lo que importa. No te atrevas a despedirlo o me conocerás enojada.

Sr. Leonardo: Hasta que alguien te puso en tú lugar, viejo lobo de mar ja ja ja.

Sra. Martha: ¡Basta!, no estamos aquí para hablar de trabajo, estamos aquí por Alberto. Caleb, no te preocupes por tú trabajo, tomate el tiempo que consideres para estar con él, seguirás conservando tú trabajo cuando regreses, gracias hijo por cuidarlo.

Sr. Leonardo: Tómala barbón, ahora si tus mujeres mandan.

Sr. Kurt: Grrr. Ahora todas mandan en mis empresas.

Daniela: Papá por favor compórtate o quieres que me vaya como lo hizo Alberto y que no sepas nada de mí por muchos años.

Sr. Kurt: Esta bien, está bien, ya no digo nada. Caleb ¿Dónde están para ir por ustedes?

Caleb: Estamos en México, en la guarida de Alberto que solo el Club de Toby conoce. Espero no arrepentirme, pero la única que puede sacar a Alberto de las condiciones en las que se encuentra es Daniela. Si lo regresamos a la fuerza corremos el riesgo de que se vaya de nuevo sin avisarnos, entonces sí lo perderemos por completo.

Andrew: Gracias por encontrar a mi hermano, no sé qué haría sin él. Ya había hablado con Roberta para posponer la boda, pero ahora que lo encontraste, puedo celebrarla sin problemas.

Sr. Kurt: ¡Muchacho del demonio!, ni se te ocurra, eso no sucederá. Mi cachorra es una niña, y no pienso perderla contigo.

Roberta: ¡Papá! Contrólate, Andrew está bromeando, sabes que le gusta hacerte enojar y siempre caes en sus juegos.

Sra. Glenda: Caleb, por favor háblanos con la verdad, no ocultes nada, todos queremos ver a Alberto, pero sobre todo queremos que regresen pronto a nuestro lado.

Daniela: Caleb, te exijo que me digas la dirección en este momento o te aseguro que desearas no regresar a la Ciudad por muchos años.

Bruce: Tranquila fiera, Caleb solo está cuidando de Alberto como cualquiera de nosotros lo haría. Será mejor que descansemos y dejamos que él se haga cargo en lo que viajamos a verlos, yo mismo te llevare a donde se encuentran.

Daniela: ¿De verdad?

Bruce: Claro, se te olvida que soy parte del Club de Toby y se la ubicación que a mencionado.

Sr. Leonardo: Nadie me ha preguntado si también quiero ir, soy su padre. Soy consciente que no es a mí a quien quiere ver si no a Daniela, así que pueden llevarse mi avión. Mañana a primera hora pediré que lo tengan listo para la noche, así todos tendrán tiempo de arreglar sus cosas para marcharse sin problemas.

Daniela: Gracias tío, te amo, gracias por dejarme ir por él. Se fue por mi culpa es mi deber traerlo de regreso, te prometo que pronto lo veras de nuevo, así tenga que amarrarlo a una silla el resto de su vida, regresara a Grecia.

Sr. Kurt: ¿Cómo que lo amas? ¿Qué hay de tú padre?

Daniela: Papá sabes que eres el amor de mi vida, pero mi tío también. No estés de celoso, que con Alberto tengo suficiente por el momento.

Todos: ja ja ja ja

Bruce: Caleb, trata de mantener a Alberto ocupado, mañana por la madrugada estaremos con ustedes. Te mandare un mensaje cuando estemos cerca del departamento, no olvides dejar las llaves con el portero.

Caleb: Entendido, pero no garantizo mucho, más bien nada. Está muy sentido por lo que paso, piensa que es su culpa. Nunca la había visto tan deprimido.

Sra. Glenda: Gracias a todos por buscar a mi pequeño, no saben cómo se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Daniela, hija, sé que Alberto no es nada fácil, pero por favor, ya no le rompas el corazón, mi muchacho te ama.

Daniela: Tía, te aseguro que no voy hacer nada para dañarlo, como les explique ese día no podía hablar por todo lo que me entere. Mi voz me traiciono, no quería decir nada. Lo que escucho fue una equivocación, no me dejo terminar y se marchó. Déjalo en mis manos, regresara conmigo, así tenga que amarrarlo al asiento del avión o dormirlo, te aseguro que lo tendrás de regreso.

Sr. Kurt: Esa es mi hija. Así se habla, demuéstrale quien manda.

Alicia: Papá ¿Estás seguro de lo que dices?, por si no te has dado cuenta, tu princesa se ira con él, ya no la tendrás en casa «ya dile que no podrá tenerla vigilada a como tanto le gusta»

Sr. Kurt: No metas cizaña, aprendiz de rebelde, que mi princesa solo ira por el para que vuelva a casa de sus padres, después ella regresara a la casa con nosotros.

Anastasia: Pago por ver tío, no sabes las ganas que tengo de ver el final de esta historia, que es mejor que las que pasan en la televisión.

Sr. Leonardo: Eres bienvenida a la casa siempre hija, por nosotros encantados que vivas con Alberto aquí, así le haces compañía a este par de viejos.

Sr. Kurt: ¡No!, mi niña se regresa a su casa, ella no está en edad de irse a vivir con nadie. Antes muerto que eso pase.

Sra. Martha: Cuando empiezas con tu drama, la verdad nadie puede pararte, luego no preguntes porque tus hijas son así.

Caleb: Bueno, les dejo, debo descansar algo. Nos vemos mañana a los que vengan.

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