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Portada de la novela Casada con mi mejor amigo

Casada con mi mejor amigo

Tras un doloroso fracaso sentimental, Gabriela busca refugio en los brazos de Mateo, su amigo más fiel desde la infancia. Con el fin de protegerla, él le propone un enlace matrimonial bajo términos prácticos. No obstante, la convivencia diaria bajo el mismo techo despierta sentimientos profundos que antes permanecían ocultos. Ahora, ambos enfrentan el dilema de confesar que su afecto es real, arriesgando su larga amistad por la promesa de un amor verdadero.
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Capítulo 1

Gabriela estaba de pie frente a la puerta de su apartamento, con la mano sobre el pomo, pero sin atreverse a girarlo. Sabía que dentro, en el otro extremo, su vida estaba por cambiar para siempre. Había llegado al final de un largo camino, uno que había recorrido de la mano de alguien a quien había amado profundamente. Sergio.

Respiró hondo, intentando calmar las lágrimas que amenazaban con asomarse, pero no podía evitar que sus manos temblaran. El sonido de la llave girando en la cerradura la hizo reaccionar. Sergio estaba en casa.

-¿Gabriela? -la voz de él se oyó del otro lado, calmada, casi indiferente. Esa era la parte más difícil de todo esto. Él parecía tan tranquilo, mientras su mundo se desmoronaba.

Gabriela no contestó inmediatamente. Sus pensamientos se mezclaban entre la rabia, el dolor y la incredulidad. ¿Cómo había llegado todo a este punto? ¿Cómo había llegado a estar aquí, frente a la persona con la que había planeado un futuro, esperando escuchar lo que ya sabía que estaba por decirle?

-Pasa, por favor -dijo Sergio, sin mucha emoción en su voz, como si ya lo hubiera dicho todo y simplemente estuviera esperando que ella lo aceptara.

Gabriela se sintió vacía al entrar en el departamento, que de alguna manera ya no le parecía suyo. Todo a su alrededor parecía distinto, como si las paredes ya no compartieran los recuerdos de años de convivencia. Había algo opresivo en el aire. Algo pesado. La decisión de ella de terminar con todo estaba tomando forma, pero aún no podía creer que realmente estaba ahí, frente a él.

-Sergio... -Gabriela apenas pudo pronunciar su nombre, sintiendo que su garganta estaba cerrada, como si su voz no quisiera salir-. Necesito saber qué está pasando. Necesito saber la verdad.

Sergio, que hasta ese momento había permanecido de pie junto al sofá, se giró lentamente hacia ella. No había enojo en su mirada, solo una especie de cansancio, como si todo ya le hubiera dejado de importar.

-Lo que pasó ya lo sabes, Gabriela. -Su tono era bajo, casi fatalista, como si estuviera resignado a la situación. A Gabriela le costaba aceptar que alguien que había sido su compañero, su pareja durante tanto tiempo, pudiera hablar con tanta frialdad.

-Lo vi. -Las palabras salieron de su boca con más fuerza de la que esperaba. No lo había querido decir tan directo, pero necesitaba que él lo supiera. Necesitaba que él lo admitiera, aunque ya lo sabía-. Lo vi con ella. Estaba en el restaurante... La vi, Sergio.

El silencio que siguió fue profundo, doloroso. Sergio no parecía sorprendido. No había arrepentimiento en su rostro, ni una pizca de culpa. Solo una calma que helaba el corazón de Gabriela.

-Gabriela, yo... -él suspiró, pasándose una mano por el cabello-. Lo siento. De verdad lo siento, pero no fue algo planeado. No te puedo explicar cómo pasó, pero... lo que siento por ti ha cambiado. No es lo mismo.

Las palabras lo golpearon con fuerza, como un puño en el estómago. Gabriela se quedó quieta, sin poder procesarlas. No podía entender cómo había llegado hasta aquí. Todo lo que había creído, todo lo que había dado por sentado, ahora se desmoronaba frente a ella.

-¿Qué estás diciendo, Sergio? -dijo, en un susurro, como si aún no pudiera aceptar lo que escuchaba. La angustia empezaba a subir por su garganta, y el dolor se hacía cada vez más intenso-. ¿Cómo puedes decir que lo sientes? ¿Qué significa eso, cuando todo esto ya no tiene vuelta atrás?

Sergio dio un paso hacia ella, como si intentara acercarse a su sufrimiento, pero Gabriela lo rechazó con un leve movimiento de la mano. Él se detuvo al instante, pero sus ojos reflejaban esa misma mezcla de tristeza y resignación.

-Yo no quería que llegáramos a esto, pero... -La voz de Sergio tembló ligeramente, como si él mismo estuviera luchando con lo que había hecho-. He dejado de amarte, Gabriela. O, al menos, lo que sentía ya no es suficiente.

Esas palabras fueron como una descarga eléctrica. Gabriela lo miró con los ojos abiertos de par en par, tratando de comprender. ¿Cómo podía alguien, que había sido el amor de su vida, decir algo tan desgarrador?

-No, no... -murmuró, negando con la cabeza mientras las lágrimas empezaban a correr por sus mejillas-. Esto no puede estar pasando. Todo esto no puede ser real. Tuvimos años, Sergio. ¿Qué pasó con todo eso? ¿Qué pasó con nosotros?

Sergio la observó en silencio, y un rastro de culpa cruzó por su rostro, pero era tan fugaz que Gabriela casi lo imaginó. Lo siguiente que dijo fue suave, casi como si estuviera hablándose a sí mismo.

-Yo no lo quería, Gabriela. Pero cuando conocí a otra persona... todo se hizo claro para mí. Y no pude evitarlo. No puedo seguir viviendo una mentira, y no puedo seguir haciéndote daño a ti.

Gabriela sintió que el aire la abandonaba, que las fuerzas la dejaban por completo. El dolor que sentía era tan grande, tan abrumador, que apenas podía sostenerse. El chico con el que había compartido tantos sueños, el hombre que había creído que sería su compañero para siempre, la había dejado atrás.

-¿Y ella? -Gabriela no pudo evitar preguntar, aunque sabía que no quería escuchar la respuesta.

Sergio la miró, sus ojos vacíos de emoción.

-Es diferente. Es... más joven, más libre, más... lo que yo necesitaba en este momento. No es justo para ti seguir en esta relación. Ya no tengo nada más que ofrecerte.

Gabriela sintió como si el suelo bajo sus pies se desvaneciera. El amor de su vida, el hombre con el que había compartido todo, ya no la quería.

-¿Así que esto es todo? ¿Así de fácil? -preguntó, su voz ahora más fuerte, aunque la tristeza la invadía por completo-. ¿Por qué no me lo dijiste antes, cuando sabías que ya no me amabas? ¿Por qué seguir con la mentira?

Sergio cerró los ojos, como si esa pregunta lo hubiera golpeado con más fuerza de lo que esperaba.

-Lo intenté, Gabriela. Pero no sabía cómo hacerlo. Me aferré a lo que conocía, a lo que era cómodo. Y ahora... ahora todo se ha derrumbado.

Gabriela dejó escapar un sollozo y dio un paso atrás, sintiendo que no podía más.

-Esto ya se terminó. -Las palabras salieron de su boca con una firmeza que no esperaba, pero que sabía que necesitaba decir. Con el corazón destrozado, con la mente confusa, pero con la certeza de que no podía seguir más. La relación con Sergio había terminado, y no había marcha atrás.

Sergio la observó en silencio mientras ella se daba vuelta y comenzaba a caminar hacia la puerta. El sonido de sus pasos en el suelo parecía retumbar en la habitación, marcando el fin de una etapa. Cuando Gabriela puso la mano en el pomo de la puerta, giró la cabeza una última vez.

-Adiós, Sergio.

Y salió.

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