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Portada de la novela Casada con el italiano

Casada con el italiano

Emilio encabeza un ataque contra el sindicato irlandés, pero su objetivo cambia al hallar a la hija del líder enemigo. Fascinado por ella, plantea un matrimonio de conveniencia para detener la guerra. Aunque Lyla se resiste, accede al enlace para salvar a su familia de la ruina. Lo que surge como un frío pacto de paz se convierte en un romance ardiente cuando ella descubre la vulnerabilidad y el deseo que el jefe italiano oculta tras su fachada.
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Capítulo 3

Capitulo 3 

Lyla 

¿Que soy una cobarde? Si, un poco. Pero todo es por culpa del jodido italiano que me pone de los nervios. ¿Que le pasa? ¿Cómo se atreve a decir esas sucias palabras y tratarme como si tuviera todo el derecho de hablarme así? 

¿Que sus besos me calentaron? Si, lo admito, pero hasta ahí. Es como si viera a cualquier persona atractiva en la calle. Obviamente su físico llamará la atención, pero no quiere decir que le debo entregar mi cuerpo. ¡Me niego! 

Aún sabiendo que estuvo a punto de joder a mi familia, y soy una zurco, por los míos, hasta mato. 

Gracias a Dios termina la canción, y es el turno de mi padre de bailar conmigo. Ya no soportaría los comentarios del que ahora es mi esposo. El idiota ese. 

Tomo la mano de mi padre y le doy una sonrisa para animarlo aunque en sus ojos hay dolor. Comenzamos a bailar mientras mi nuca arde con la intensa mirada de mi marido al otro lado observándonos como Alcón 

-Te vuelvo a pedir perdón hija- la voz de mi padre está llena de arrepentimiento, sé que se culpa por esta unión, pero se que todo este asunto se le escapa de las manos. 

-Papá- lo beso en la frente como él hacía conmigo cuando yo estaba pequeña -Ya deja de pedir perdón, esto lo estoy haciendo por nosotros. Fui yo quien decidió. Sabes que haría cualquier cosa por ustedes- cuando se que seguirá con el tema continúo cambiándolo yo -Estas muy guapo, y me encanta que hayas obligado a los Gemelos a vestir con trajes. 

Por fin una sonrisa leve se dibuja en su rostro. 

-Me costó 300 grandes con cada uno- niego la cabeza con la diversión en mis labios. Ese par son terribles -Casi que me tocó vestirlos. 

-Bueno, sabes que están en su etapa de rebeldía- los justifico, pero se que no valdrá de nada con el gesto de papá. 

-Han estado en rebeldía desde sus 5, pero dentro de poco les vendrá responsabilidad, espero que maduren. 

Mi padre se refiere al inicio en la mafia. Al menos los irlandeses tenemos por costumbre que a los varones se les incluye desde los 15, que es la edad suficiente para aprender todo lo que se necesita. 

No es que me guste la violencia, pero me gusta ver cómo mis pequeños terremotos crecen. Al principio fue duro cuando ellos llegaron a mi vida, primero porque por mucho tiempo fui la niña mimada de mis padres, pero luego llegaron ellos y la atención fue dividida, para dos años más tarde mi madre morir. 

Desde allí creció en mí, un instinto materno grande. Me dediqué a protegerlos, a enseñarles lo que sabía y a darles mucho amor. Nos hicimos unidos y no nos hemos separados hasta ahora. Me encanta saber que sabrán defenderse, que si conocen todo de la mafia, nadie vendrá a joderlos. 

-Mi niña- la voz de mi padre me devuelve al presente -por favor dime y avisame si ese capullo te hace daño, no me importará nada más y vendré a matarlo con mis manos. 

La canción se acaba y asiento, cuando voy a responder siento una mano en mi espalda baja, sin voltearme sé quién es. 

-Hora de marcharnos, farfalla- me pongo tensa porque no quiero irme a solas con el, pero sería una estupidez de mi parte si me resisto, mi padre es capaz de armar guerra. 

Aligero mi cuerpo y le doy una sonrisa a padre, dándole un beso en la mejilla me despido y busco a ese par de terremotos que están cerca de la barra tratando de robar bebidas. 

-Hey, ustedes dos- se voltean a mi al instante y vienen a abrazarme -Aun no tienen edad para beber -los regaño, pero suavemente, saben que me tienen envuelta en su dedo meñique 

-No estamos bebiendo- mienten descaradamente los dos al mismo tiempo. 

-les diré a Camí que los vigile- hago nota para pedirle a mi amiga que lo haga -me tengo que ir- a ambos se les borra la sonrisa y miran detrás de mí, sé que allí está Emilio. 

-No es tarde hermana- dice Liam el mayor -Aun podemos... 

-No- los corto antes de que actúen en vez de sugerir -Se portan bien, nos vemos en un par de días. 

Me doy vuelta antes de que hagan algo impulsivo y siento que me toman de la mano, me pongo nerviosa, pero no puedo apartarla porque ciertos gemelos me están mirando aún. 

Al salir del lugar, la brisa fría me refresca un poco, inhalo preparándome para lo que sea que venga, pero el muy idiota permanece en silencio buscando matarme de los nervios. 

Lucho nuevamente con mi vestido, pero cuando llegamos al aeropuerto y subimos al avión, mis pasos van directamente a un pequeño cuarto al final, me encierro en el baño y me deshago de mi vestido quedando en mi lencería. Respiro desahogándome de tanta tela y reviso mis manos sudadas por tantos nervios. 

-Cálmate Lyla, él dijo que no te obligaría a nada intimo- susurro para mí, quisiera en este momento quedarme los días que pasen aquí encerrada para no verle la cara. 

Me quedo pensando en todo lo que ha pasado hoy y me preocupo por mi futuro, y a todas estas, ¿Qué será de Raúl? Espero que el imbécil de allá afuera no le haya hecho daño. Luego Buscaré la forma de hablar con él. 

Me lavo las manos y las seco con la toalla limpia y doblada que está a un lado, pero recuerdo que no me traje nada para cambiarme. Miro alrededor y lo único que consigo es una bata que estoy segura me dejará casi medio trasero afuera. 

Miro mi vestido de nuevo y lo intercalo con la bata ¡Joder! No quiero salir con ese pedacito de trapo, Pero tampoco quiero volver a ponerme el vestido. 

Tomo a regañadientes la bata y la envuelvo bien, dándome cuenta que mi gran trasero casi se sale. Mi cuerpo no es muy delgado, pero mi trasero es lo que más se pronuncia de todo. 

Decido llenarme de valor y salir a la pequeña habitación, por suerte vacía, miro mi maleta en una esquina y mis pasos se apresuran a ella, recojo un vestido fresco blanco de tirantes y cuando me doy vuelta para regresar, choco con una pared de músculos. 

Se me cae el vestido de las manos y me llevo la palma a la nariz 

Ouch eso dolió. 

-Lo siento- su voz me sobresalta y decido mirarlo -No pensé que fueras a terminar rápido- Frunzo el ceño y el sonríe de forma malévola, seguro me estaba viendo el trasero -es que esa vista merecía verse de cerca

-¡Idiota!- le paso por un lado después de agarrar el vestido y escucho su risa detrás de mí. 

Le encanta irritarme.

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