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Portada de la novela Cambié tu Destino

Cambié tu Destino

Abril Johnson, una heredera acostumbrada a imponer su voluntad mediante el dinero de su padre, no tiene reparos en destruir a quien se cruce en su camino. Sin embargo, su realidad de excesos colisiona con la de Santos Lombardo, el recto y exitoso capitán de The Bears. Para este referente del hockey, la familia y la integridad son pilares sagrados. Este choque de mundos desatará un caos profundo que desafiará sus principios y cambiará el rumbo de sus vidas.
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Capítulo 2

Para Bárbara Llorís las cosas no estaban saliendo como realmente quisiera, no.

Aun no lograba entender cómo llegaron hasta esa esta triste situación. Era simplemente inconcebible, porque entonces ¿De qué valió tanto sacrificio hecho en su juventud? Dejó todo por ella; su única hija, e incluso arriesgó su vida y hasta su figura por asegurar su futuro ¿Y qué conseguía? La respuesta era obvia: Nada, porque ahora no tenía manera de solventar sus gastos y el imbécil de Gastón no volvería a depositar ni un maldito euro en su cuenta bancaria de enterarse de que "su retoño" se encontraba inconsciente en una Clínica de Suiza.

Él siempre había sido un maldito sentimental y llorica, que sería capaz de regresar de América sólo por comprobar que Abril estaba sana y salva en su casa nuevamente. Lo pensó mejor y no, no debía informarle nada aún, porque sería capaz de quitarle su apoyo económico y encima no dejarle ver a su hija; es decir, su medio de sustento.

Algo a lo que no estaba dispuesta a arriesgarse, no cuando su reputación y prestigio social se vería en peligro, bastante le había costado lograr el estatus al que se había acostumbrado en las dos últimas décadas.

Bárbara Llorís era una mujer de armas tomar a quien la vida a peso de golpes le enseñó que "el fin justifica los medios" y esa era la garantía de una vida llena de lujos y dinero. A sus 37 años de vida y no sin muchos sacrificios, tenía un estatus social difícil de sostener y todo gracias a su hija, una que engendró cuando apenas tenía 17 años de edad; y es que, el amor no llena el estómago y su familia no tenía los medios para cumplir sus objetivos. Ella quería ser una mujer rica y reconocida por la alta sociedad, pero lastimosamente, en esa hacienda donde vivió su infancia siendo la hija del administrador nunca lo lograría; conoció a Gastón Johnson en una fiesta de cumpleaños de una ex amiga – Era su novio – y quedó irremediablemente enamorada de su chequera.

Poco le importó perder aquella amistad, ya que las oportunidades a veces son únicas en la vida y hay que saber aprovecharlas al máximo. Él era un hombre mayor – Al menos para ella – pero ese no fue un impedimento para disfrutar del placer que le proporcionó y porque no, garantizar su futuro económico bastante rentable. Aunque poco duro esa relación, debido a que el tipo vivía en viajes de negocios – Unos bastante aburridos, debía admitir – y en vista de su embarazo, se emocionó de tal manera que la transformó en una reina, llenándola de lujos y desapareció hasta el nacimiento de su heredera, dejándola al cuidado de su santa madre – Una mujer que nunca la trató de la mejor manera – algo sin importancia para Bárbara, que no tenía especial afecto por el caballero en cuestión, ya podía después buscar consuelo en otros brazos – como bien supo hacer – el problema realmente importante era que si Abril no despertaba pronto de su inconsciencia, ya podía despedirse de cualquier estabilidad económica; sus deudas eran elevadas y al parecer el accidente fue tan grave que su pobre hija permanecería en coma por Dios sabe cuánto tiempo.

Tenía que actuar rápido – se dijo a sí misma, ideando un plan en mente y finalmente sonrió – ¿Por qué no? Era perfecto, aquel guapo caballero se encontraba en deuda con su pequeña y ella haría cualquier cosa por garantizar su futuro, así tuviese que venderle el alma al mismísimo demonio.

***

Transcurrió alrededor de un mes después de aquella fatídica noche y gracias al cielo sus lesiones fueron menores – Apenas un dedo lesionado – y ya había podido reincorporar a los entrenamientos nuevamente. No obstante, no lograba sentirse en paz consigo mismo, la consciencia le carcomía durante las horas y pese a no ser una persona débil, su desconcentración afectaba a todo el equipo no solo en las prácticas, sino en la vida cotidiana, ya que al ser sus amigos también se preocupaban por saberlo en problemas. Y es que por más que le diera cabeza al asunto en cuestión; aun no lograba entender cómo sucedió todo tan de prisa, de un momento a otro lo que pronosticaba ser una noche épica, se transformó en un segundo después en una pesadilla y tenía todo un problema encima – Pensó abatido – sin lograr mantener la concentración en los asuntos de su interés.

De eso se había percatado el Coach, Santos no se sentía seguro y no se entregaba por completo a los entrenamientos como era de costumbre y eso repercutía en el funcionamiento del equipo, debía actuar de inmediato y quizá con una charla poder hacerlo entender que nada había sido su culpa.

-¿Divagando nuevamente Lombardo? – Preguntó Terrance Falcom – últimamente es tu única distracción, andando señaló con su cabeza dejemos todo por hoy y vayamos por una cerveza al club.

Santos suspiró con cansancio, por más que intentaba no lograba concentrarse y por lo visto todos lo habían notado. - Lo lamento T, en verdad trato de concentrarme... Pero simplemente no puedo dejar de pensar una y otra vez qué será de mi vida si ella no vuelve, puede que sea el final de mi carrera. Conoces a los medios, me tacharan de asesino y mi madre no lo soportaría, la conoces, es tan frágil que otra decepción de parte de sus hijos no es aceptable – Confesó abatido. Terrance asintió a sus palabras, nada era fácil para el joven y daba pesar verlo darse golpes de pecho debido a la culpa que sentía, aunque esta no le perteneciera en lo absoluto.

–Descuida Santos – Trató de restarle hierro al asunto – sabes que ese accidente no fue tu por tu culpa, entiéndelo de una vez... La chica prácticamente se te lanzó en el camino y las cámaras de seguridad lo corroboran, nadie podrá juzgarte, no sabiendo que has hecho todo lo posible para que ella este bien ¡Si hasta la internaron en la clínica de tu padre, sabes que es la mejor! – Le hizo ver – además ayer hable con Joe y me explicó que la muchacha está estable, que no hay problemas de mayor relevancia, verás cómo en un abrir y cerrar de ojos todo cambia, anímate muchacho –Dijo, dándole una palmada en la espalda.

-Sí lo sé, es lo que dice mi padre –Reconoció Santos - pero no comprendo... ¿Por qué si todo está perfecto no despierta? ¿Qué le impide reaccionar después de un puto mes? – Se tomó el cabello con exasperación – y luego está su madre, se le ve destrozada y me hace sentir culpable cada vez que me mira con esos ojos llenos de lágrimas.

El entrenador conocía de sobras quien era la "madre abnegada" que Santos decía, sin duda no era la mejor situación para la joven, pero Bárbara tampoco era una mujer de quien fiarse y tenía sus sospechas de que buscara sacar provecho de toda esa tragedia.

-No hagas caso de lágrimas – Comentó con astucia – que sé de algunas mujeres que las utilizan como un arma letal y "esa" en particular no me da buena espina, la verdad sea dicha – Confesó su inquietud.

-¿Crees que una madre sería capaz de algo tan bajo? ¿Incluso cuando su hija puede no despertar?- Santos no concebía tal falta de afecto, le era inverosímil.

-No lo dudes amigo, en la vida todo es posible - Afirmó Falcom y lamentablemente él era testigo de esto, más bien su destruido corazón.

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