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Portada de la novela Bebe por contrato.

Bebe por contrato.

Kelly Parker es la secretaria principal de una firma de prestigio que atraviesa cambios tras la muerte de su dueño. Barry Freeman, el heredero, se topa con un obstáculo legal para recibir su fortuna: el testamento de su padre le exige casarse y tener un hijo. Bajo la amenaza de perder su herencia, Barry comienza una búsqueda urgente de la mujer ideal que acepte cumplir estas condiciones y ayudarlo a asegurar su vasto legado familiar.
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Capítulo 1

Me encanta pasar tiempo de calidad con mi familia, hace muy poco tiempo tomé la decisión de independizarme, sinceramente, es lo mejor que pude haber hecho. Puedo ser más libre que antes... tenía que regirme a las órdenes de mis hermanos... son un grano en el trasero, mientras que mi padre y mi madrastra Carlota siempre me incitaban a salir. Pero mis hermanos siempre han sido el problema, pues tengo tres hermanos y yo soy la única mujer.

Gracias a que tenía una urgencia por salir de casa (a comparación de mis hermanos que aún siguen viviendo en la casa de mis padres) mi padre me consiguió trabajo en la empresa en la que él trabajaba, él era buen publicista y es muy íntimo amigo de mi jefe. Adoro a mi padre porque nos cuidó por un largo tiempo a mí y a mis hermanos gemelos cuando mi madre biológica murió, es tan fuerte que no puedo evitar sentir orgullo por tener un padre como él. El hecho de que mi papá haya conocido a Carlota fue una bendición para todos, ella no fue una madrastra mala, al contrario, nos crio a los cuatro con mucho amor y respeto. Por eso es que a veces olvido que es mi madrastra y no mi madre, pero es que siempre nos ha tratado como tal, como unos hijos. Yo tuve la dicha de conocer a mi madre, pues murió en mi nacimiento, así que prácticamente Carlota es mi mamá.

Carlota y mi papá se casaron al año de que se conocieron, hubo mucha química y mi padre estuvo mucho tiempo solo con nosotros, él se merecía encontrar a una buena mujer y esa es mama. Poco después tuvieron un hijo, Steven, está en plena adolescencia y es el consentido de todos, en especial de Carlota, por obvias razones, pero aun y con eso ella sigue amándonos a nosotros igual que antes del nacimiento de mi hermano menor.

Por el otro lado, están los gemelos, Denis y Dale, que por mucho tiempo fueron mis guardaespaldas, me sobreprotegían y asustaban a mis pretendientes. Lo que para algunas de mis amigas era una bendición, para mí era una maldición, pues si me invitaban a una fiesta Dale y Denis también iban. Mis amigas se volvían locas cuando ellos me acompañaban, no podían esperar a que los dos hermanos mayores y guapos de su amiga fueran a su fiesta. Creo que por eso me invitaban, por los idiotas de mis hermanos. Los gemelos son mas grandes que yo por cinco años, pero parece que yo soy la mayor, son inmaduros y como dije, aún viven en la casa de mis papás.

Es el sonido de mi móvil que el que interrumpe mi paz, miro la pantalla, es Barry Freeman, el hijo (guapo, carismático e insoportable) de mi jefe. He tenido problemas con él repetidas veces y en serio lo detesto, su personalidad no va conmigo en ninguna de las formas. Es presuntuoso y es demasiado... no sé cómo decirlo, pero es demasiado egocéntrico, y ya bastante tengo con mis hermanos como para soportar a uno más con complejo de superioridad.

—¿Si?— contesto de mala gana, quiero que sepa que su llamada no es algo que estaba esperando y que odio escuchar su voz.

—Hola Parker, —tan al menos hoy si saludo,— necesito el contacto del inversionista que fue la semana pasada a ver a mi padre.— Termina de decir casi en voz baja... el tiempo que ese niño rico lleva trabajando aquí, he descubierto sus tácticas para hacerme enojar y para encontrar un motivo para gritarme. Una de sus tácticas es decirme algo en voz baja para así yo poder decir que no he escuchado y el, pueda pasar a regañarme por no poner atención.

Con todas las intenciones del mundo, consigo decir de mala gana —Ya no estoy en horas de trabajo— suspiro irritada, esperando su desagradable respuesta.

Se escucha que cierra una carpeta de muy mala gana, alguien está enojado y me alegro —Mi padre lo necesita— fanfarronea, pues basicamente con eso me puede mandar a hacer lo que se le de la gana.

Lleno mis pulmones de aire, a veces no lo soporto y hoy es uno de esos horribles días. —Pues no es mi problema —yo sé que él es quien lo necesita, si tan solo pidiera las cosas por favor y con otra actitud, todo sería distinto.

—Bien, espero que no te importe firmar tu carta de renuncia mañana.— Su tono amenazante no me da ni una pizca de miedo, pues él solo es el hijo del jefe, no el jefe.

—Está bien, llevaré mi propio bolígrafo —este tipo me cae tan mal— buenas tardes, señor Freeman, que tenga un excelente domingo —me despido y termino la llamada victoriosa porque siento que yo he ganado, ese hombre no obtuvo su apreciado número y yo me voy a descansar a mi casa tranquilamente.

Hoy las cosas han sido bastante sencillas... pero el lunes será el día en el que mi jefe, el poderoso señor Freeman al fin, se retirará del trabajo y finalmente la empresa caerá en manos de su hijo, Barry Freeman. Estoy segura de que no duraré ni una semana siendo su secretaria, porque es un rubio insoportable... egocéntrico y nuca, pero nunca me ha caído bien. Lo más seguro es que deba de ir redactando mi carta de renuncia de una vez, para que a la primera, que ese chico rico me grite o me intente humillar, yo salga corriendo de este lugar.

Tomo mi bolso y mi chaqueta, cierro la puerta de la oficina general y me largo a mi casa a disfrutar de un largo fin de semana en compañía de pinky, mi mascota. Un chihuahua que adopte hace un par de años y gracias a eso, ahora solo somos ella y yo. Pues... no hay novio, solo exs con los que termine mal y visitas a la casa de mi familia... Ese es mi plan para este fin de semana...

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