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Portada de la novela Bajo la misma lluvia

Bajo la misma lluvia

La recta abogada Valeria Santo ve cómo su mundo se tambalea al cruzarse con Alessio Di Carlo. Él aparenta ser un magnate brillante, pero tras su fachada de éxito se esconde un peligroso líder de la mafia. Fascinado por la rectitud de la joven, Alessio termina perdidamente enamorado. Ahora, ella debe decidir si renunciará a sus leyes por este romance oscuro, mientras él evalúa si dejará atrás su red criminal para proteger este vínculo prohibido.
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Capítulo 3

Valeria entró al tribunal temprano esa mañana, ajustando la correa de su bolso mientras repasaba mentalmente los argumentos que usaría para abrir el caso. La sala estaba fría y apenas había personas en los bancos, pero sabía que pronto estaría llena. Este no era un caso cualquiera. El nombre "Alessio Di Carlo" había estado en los titulares durante años, asociado a escándalos financieros y rumores oscuros que nunca lograban transformarse en cargos formales. Hasta ahora.

-¡Buenos días!, Licenciada Santos.

Valeria levantó la vista y se encontró con el fiscal a cargo, un hombre robusto y canoso que parecía cargado de confianza.

-¡Buenos días! ¿Todo listo?-

-Lo está; este es el momento que hemos esperado hace mucho tiempo-

Sin embargo, mientras el fiscal hablaba, ella sintió una punzada de inquietud, no estaba nerviosa por el caso; estaba acostumbrada a las presiones del tribunal. Era algo más, una sensación que había comenzado la noche anterior, como si una sombra estuviera constantemente a su espalda.

Poco después, Alessio llegó acompañado de su equipo de abogados. La presencia de este hombre era imposible de ignorar; a pesar de su impecable traje y el aire de elegancia controlada, Alessio parecía llevar el peligro consigo. Su mirada fría y calculadora recorría la sala, deteniéndose por un breve instante en Valeria, se lamió los labios de forma sutil y divertida.

Sus ojos se encontraron por un momento. Valeria no apartó la mirada, aunque algo en su interior le decía que debía hacerlo. Alessio inclinó la cabeza levemente, un saludo que parecía más un desafío que una cortesía y pese a su seriedad tenía una leve sonrisa marcada en su rostro de facciones duras como si había ganado, cuando no siquiera había empezado el juicio.

El juez entró en la sala, y todos tomaron asiento. Los procedimientos comenzaron, pero Valeria apenas podía concentrarse. Cada vez que hablaba del acusado, sentía los ojos de Alessio fijos en ella. Era como si intentara leerla, analizar cada palabra que decía y los nervios le empezaban a hacer una mala jugada.

Cuando la sesión terminó por la tarde, Valeria estaba agotada. Había sido un día intenso, lleno de argumentos y estrategias legales. Mientras recogía sus cosas, notó que Alessio se le acercaba. Su equipo legal había salido de la sala, dejándolos prácticamente solos.

-Licenciada Santos -dijo él, su tono tranquilo pero firme.

-Señor Di Carlo -respondió Valeria, enderezándose.

Alessio sonrió, aunque la expresión no alcanzó sus ojos.

-Es interesante verte en acción, tienes un carácter... combativo.

-Es parte del trabajo-replicó ella, manteniendo su tono profesional.

-¿Y qué piensas? -preguntó, inclinándose ligeramente hacia ella

-¿De verdad crees que puedes ganarme?-

La sonrisa y la mirada al conjunto con satisfacción la incomodaron. Sostuvo su mirada, sintiendo un extraño calor en el pecho. No era miedo, sino una mezcla de irritación y algo más que no quería admitir.

-Creo firmemente que la verdad siempre gana. Y si estoy aquí, es porque creo en eso-

La sonrisa de Alessio se amplió ligeramente, como si hubiera encontrado algo en su respuesta que lo divertía.

-La verdad es relativa, licenciada y siempre dependerá de quién la cuente- le guiñó el ojo.

Valeria no respondió. En cambio, guardó sus papeles en su bolso y comenzó a caminar hacia la salida. Pero antes de cruzar la puerta, se detuvo y miró por encima del hombro.

-Tal vez para usted sea así, señor Di Carlo. Pero no para mí-

Alessio la observó marcharse, con algo que se acercaba peligrosamente a la admiración. Nunca antes había sentido esta clase de interés por alguien que, en teoría, era su enemiga.

Esa noche, Valeria cenó en casa de sus padres. Era algo que hacía cada vez que necesitaba recordar quién era y por qué luchaba. Su madre, una mujer cálida y optimista, llenaba el comedor con su energía mientras servía la comida.

-Te ves cansada, hija- comentó, sentándose junto a ella.

-Ha sido un día largo- admitió Valeria, removiendo su plato distraídamente.

-¿Es ese caso del que hablabas? El empresario... ¿Cómo se llama?-

-Alessio Di Carlo-

El nombre salió de su boca con una mezcla de desprecio y curiosidad que no pasó desapercibida para su madre.

-Ten cuidado con gente como él, Valeria. Los hombres así saben cómo manipular a las personas-

Valeria asintió, pero su mente estaba lejos de la conversación. Las palabras de su madre resonaban en ella más de lo que quería admitir.

Mientras tanto, Alessio estaba en su ático, mirando las luces de la ciudad. En su mente, una imagen lo perseguía: los ojos decididos de Valeria y la firmeza con la que lo había enfrentado. Había conocido a muchas personas que querían destruirlo, pero ella era diferente y eso la hacía peligrosa.

Sin embargo, lejos de querer evitarla, sentía una atracción que lo inquietaba, una atracción que lo llevaría a cruzar límites que nunca antes había considerado.

-Valeria Santos, te estás metiendo en la boca del lobo- sonrió tomando del vaso con whisky.

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