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Portada de la novela Bajo La Luna Roja

Bajo La Luna Roja

La guerra entre los clanes Sangreluna y Sombraviento alcanza un punto crítico bajo el fulgor de una luna roja. Aiden, un alfa implacable, halla a su pareja predestinada en Lyria, la hija de su mayor adversario. Ella lucha contra la conexión mística para no traicionar a su familia, pero la pasión los desborda. En un entorno de engaños y rencores antiguos, la pareja debe decidir si su unión traerá la paz o si el odio de sus manadas los consumirá.
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Capítulo 2

Aiden no podía concentrarse. El bosque, normalmente su refugio, ahora parecía estar lleno de susurros que le recordaban lo ocurrido la noche anterior. Su mente volvía una y otra vez a la figura de Lyria, al brillo de sus ojos bajo la luna. Cada fibra de su ser se rebelaba contra lo que sabía en el fondo: ella era su mate. Pero, ¿cómo podría aceptar algo tan absurdo? Ella era una Sombraviento, hija del alfa enemigo.

Se movía inquieto por el campamento, ignorando las miradas de preocupación de su beta y los miembros de la manada. Había intentado enterrar el recuerdo, pero su lobo interior no lo dejaba. Una parte de él rugía, exigiendo que fuera tras ella.

-Aiden -la voz firme de Caleb lo sacó de sus pensamientos-, esto tiene que parar. No has estado enfocado desde que regresaste anoche. ¿Qué ocurrió?

-Nada -respondió Aiden con un gruñido, apartando la mirada.

-No me mientas. Te conozco mejor que eso -insistió Caleb, cruzándose de brazos-. Algo pasó en el bosque, y no puedo protegerte ni proteger a la manada si no sé qué es.

Aiden suspiró, pasándose una mano por el cabello oscuro. Caleb tenía razón; siempre lo tenía. Pero, ¿cómo podría explicar algo tan... inexplicable?

-La luna -comenzó, dudando por primera vez en su vida-. Me mostró algo anoche.

Caleb arqueó una ceja.

-¿Algo? ¿O alguien?

Aiden apretó los dientes.

-Vi a Lyria.

El nombre cayó como una piedra en el aire. Caleb parpadeó, incrédulo, antes de dar un paso hacia él.

-¿Lyria Sombraviento? ¿La hija del alfa enemigo?

-Sí.

-¿Y qué hiciste?

-Nada -admitió Aiden, su voz tensa-. Pero la luna... me confirmó que ella es mi mate.

El silencio que siguió fue pesado, cargado de incertidumbre. Caleb finalmente suspiró, sus hombros cayendo ligeramente.

-Esto es... complicado.

-Es más que complicado. Es imposible -dijo Aiden, con un gruñido bajo-. Nunca podremos estar juntos.

-¿Y estás seguro de eso?

Aiden lo miró, sorprendido por la pregunta.

-¿Qué estás sugiriendo?

-No estoy sugiriendo nada. Solo digo que, si la luna lo decidió, tal vez...

-No -interrumpió Aiden con firmeza-. Mi responsabilidad es hacia la manada, no hacia un vínculo que no puede ser.

Caleb asintió lentamente, pero no parecía convencido.

***

Mientras tanto, Lyria enfrentaba su propio torbellino de emociones. Había pasado la noche en vela, luchando contra los pensamientos intrusivos sobre Aiden. Su padre notó su distracción en el desayuno y le lanzó una mirada inquisitiva, pero no dijo nada. Sin embargo, Kieran, su beta y confidente, no fue tan discreto.

-¿Qué está pasando contigo? -le preguntó mientras se dirigían al río para patrullar.

-Nada -respondió Lyria, fingiendo indiferencia.

-No mientas. No eres buena en eso.

Lyria suspiró.

-Anoche... lo vi.

-¿A quién?

-Aiden.

Kieran se detuvo en seco, su expresión endureciéndose.

-¿El alfa de los Sangreluna? ¿Dónde?

-En el bosque. Fue... accidental.

-¿Accidental? -repitió Kieran con incredulidad-. ¿Y qué ocurrió?

Lyria dudó antes de responder.

-Nada. Solo... hablamos.

-¿Hablaste? -Kieran frunció el ceño, claramente desconcertado-. ¿Por qué no lo atacaste?

-No fue tan simple -dijo Lyria, evitando su mirada.

-¿Qué quieres decir?

Lyria cerró los ojos, su voz bajando hasta ser casi un susurro.

-La luna. Ella... me lo confirmó.

-¿Qué confirmó?

-Que Aiden es mi mate.

El rostro de Kieran se endureció aún más, y un gruñido bajo salió de su pecho.

-Esto no puede estar pasando.

-Créeme, lo sé.

***

Los días pasaron, pero el destino parecía empeñado en reunirlos. Una noche, bajo el mismo cielo estrellado, Lyria decidió alejarse del campamento para despejar su mente. Caminó sin rumbo fijo, permitiendo que el bosque la envolviera con su familiar tranquilidad. Pero su calma se rompió cuando sintió una presencia.

-Sabía que volveríamos a encontrarnos -dijo una voz profunda desde las sombras.

Lyria giró rápidamente, sus sentidos en alerta, pero su corazón latió con fuerza al reconocer a Aiden.

-¿Me seguiste? -preguntó, su tono desafiante, aunque su interior temblaba.

-No. Mi lobo me trajo aquí -respondió él, dando un paso hacia la luz de la luna.

-Deberías haberte quedado con tu manada -dijo ella, cruzándose de brazos-. Esto no es seguro.

-Ni para ti, ni para mí -replicó Aiden, su voz grave-. Pero aquí estamos.

Lyria lo miró fijamente, su corazón luchando contra su razón.

-¿Por qué? -preguntó finalmente, su voz quebrándose ligeramente-. ¿Por qué la luna haría esto?

-No lo sé -admitió Aiden, acercándose otro paso-. Pero no puedo ignorarlo.

-Yo sí puedo -respondió Lyria rápidamente, aunque su voz traicionaba su convicción.

-No, no puedes -dijo él con suavidad-. Lo sientes tanto como yo.

El aire entre ellos parecía cargado, como si el mismo bosque contuviera la respiración. Lyria apartó la mirada, pero Aiden dio un paso más, cerrando la distancia.

-Esto no tiene sentido -murmuró ella.

-No -dijo Aiden, levantando una mano hacia su rostro-. Pero tampoco podemos luchar contra ello.

Lyria no se movió cuando él rozó su mejilla con los dedos. Su toque era cálido, y algo dentro de ella se derrumbó.

-Nos destruirá -susurró, con una mezcla de miedo y anhelo en sus palabras.

-Tal vez -respondió Aiden, inclinándose hacia ella-. Pero prefiero arriesgarme a perderlo todo antes que perderte.

La confesión la dejó sin aliento, y antes de que pudiera responder, él cerró la distancia entre ellos, sus labios encontrando los de ella en un beso profundo, lleno de todo lo que ambos habían estado reprimiendo.

Por un momento, el mundo desapareció. No había manadas, ni guerra, ni odio. Solo ellos, bajo la mirada vigilante de la luna.

Pero el momento fue breve. Un crujido en la distancia los hizo separarse rápidamente, sus corazones latiendo al unísono.

-No podemos seguir haciendo esto -dijo Lyria, su voz temblando.

-Entonces, dime que no vuelva a buscarte -respondió Aiden, su mirada fija en la de ella.

Lyria abrió la boca para responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Sabía que no podía decirlo.

-Llévate esto como respuesta -susurró finalmente, antes de girarse y desaparecer en la oscuridad del bosque.

Aiden se quedó allí, mirando hacia donde ella había desaparecido, su corazón dividido entre la razón y el deseo. Sabía que ambos estaban jugando con fuego, pero no podía ignorar lo que la luna les había mostrado.

Regresó a su manada con la decisión grabada en su pecho: no importaba cuán imposible pareciera, haría lo necesario para proteger ese vínculo, incluso si significaba desafiar el odio de generaciones.

Lyria, por su parte, llegó al campamento de los Sombraviento con la misma resolución, aunque teñida de dudas. Había una guerra en su interior, pero también una certeza: Aiden era su destino, aunque ese destino pudiera llevarlos a la destrucción.

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