Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Bajo la lluvia de Paris

Bajo la lluvia de Paris

Con el fin de huir de un ayer tormentoso, una autora decide reiniciar su vida en París. Bajo un aguacero, un fotógrafo aparece para ofrecerle cobijo, marcando el inicio de una conexión intensa basada en sueños compartidos. No obstante, este romance naciente se ve amenazado por los traumas que ambos arrastran. Para hallar la paz y consolidar su amor, deben enfrentar sus temores más profundos y sanar antes de entregarse por completo en la capital francesa.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

El café seguía siendo un refugio, pero el tiempo parecía moverse demasiado rápido a su alrededor. Clara observaba cómo la lluvia azotaba las ventanas, pero ya no sentía el mismo vacío que había sentido antes. Thomas, sentado frente a ella, no la dejaba pensar en nada más. Habían hablado por horas sobre París, sobre la lluvia, sobre cosas insignificantes y, al mismo tiempo, tan personales que Clara no podía evitar sentirse vulnerable. Había algo en él que la hacía bajar sus defensas sin darse cuenta.

El ambiente en la cafetería era tranquilo, con el sonido lejano de conversaciones que se desvanecían bajo el golpeteo de la lluvia. La luz cálida de las lámparas iluminaba las mesas de madera, y el suave aroma del café llenaba el aire. Pero todo eso parecía desvanecerse cuando Thomas hablaba, cuando sus ojos se encontraban con los de ella.

- ¿Y tú? ¿Por qué decidiste venir a París? -preguntó Thomas, recostándose un poco en su silla. Sus ojos brillaban con una curiosidad suave, casi como si ya lo supiera pero quisiera escucharla decirlo.

Clara se quedó en silencio por un momento. La pregunta era tan directa, tan simple, pero a la vez tan difícil de responder. La razón por la que había huido de Nueva York parecía más difícil de compartir de lo que había anticipado.

- Necesitaba alejarme... de todo -dijo, con la voz un poco más baja, como si las palabras pudieran arrastrarla hacia algo que no quería enfrentar. - Mi vida estaba... estancada. Tenía que encontrar algo que me hiciera sentir... viva de nuevo.

Thomas la miró fijamente, sin decir nada. No estaba juzgando, simplemente observaba, esperando que ella pudiera decir más. Clara sintió una mezcla de gratitud y nerviosismo. Nadie en Nueva York le había hecho sentir esa calma en tanto tiempo. Nadie la había escuchado tan pacientemente.

- ¿Y tú? -preguntó Clara, aunque temía que la respuesta fuera más complicada de lo que quería escuchar.

Thomas se encogió de hombros ligeramente, pero su mirada se oscureció, aunque solo por un instante.

- Yo vengo de aquí. Nací en París, pero siempre he estado en movimiento. A veces, las ciudades pueden ser tan grandes que te hacen sentir pequeño. Supongo que... vine de vuelta porque pensaba que necesitaba algo que me diera paz. Pero no he encontrado eso aquí. - Su sonrisa fue ligera, pero Clara notó la tristeza oculta detrás de ella.

Clara sintió una punzada de empatía. Había algo en su tono que resonaba en ella, como si su dolor fuera el mismo, solo que camuflado en diferentes formas.

- ¿Qué buscas, entonces? -preguntó Clara, intrigada.

Thomas no respondió inmediatamente. Se quedó mirando su taza de café, como si las palabras no fueran suficientes para describir lo que sentía. Luego, levantó la mirada hacia ella.

- Quizás lo mismo que tú... encontrar algo que me haga sentir menos perdido. - Su voz fue suave, casi como una confesión.

Clara no supo qué decir. La sinceridad con la que él hablaba la dejaba sin palabras. Nadie le había hablado así en tanto tiempo, con tanta honestidad, tan lejos de las máscaras sociales que todos parecían usar. Esa autenticidad la desarmaba, la hacía sentir que, tal vez, encontraría algo aquí, en París, en la lluvia. Algo que no había encontrado en Nueva York.

Un silencio cayó sobre ellos, pero no era incómodo. Era un espacio lleno de algo no dicho, algo que flotaba entre los dos y que Clara no sabía cómo describir.

- ¿Te gustaría caminar un poco? -preguntó Thomas, rompiendo la quietud del momento. - Sé que está lloviendo, pero a veces... caminar bajo la lluvia hace que las cosas parezcan más claras.

Clara lo miró, un poco sorprendida por la invitación. Caminando bajo la lluvia. ¿Realmente quería hacer eso? Pero al mismo tiempo, algo en la oferta le parecía natural, como si fuera la continuación lógica de esta conversación que no había planeado tener. No podía dejar de pensar que algo en él la hacía sentir más ligera, como si la lluvia no fuera un obstáculo, sino una oportunidad.

- Supongo que no tengo nada mejor que hacer -respondió Clara, con una sonrisa pequeña.

Thomas sonrió al escuchar su respuesta. Se levantó de la mesa, y Clara lo siguió sin pensarlo mucho. La camarera les sonrió mientras salían, como si estuviera acostumbrada a ver a nuevos amigos o viejos conocidos compartir un momento bajo la lluvia.

La calle estaba tranquila, el agua formando charcos que brillaban bajo la tenue luz de las farolas. El sonido de los pasos en el pavimento mojado era lo único que se oía, junto con el susurro de la lluvia. Clara sintió la frescura del aire y cómo, a medida que caminaban juntos, se iba despojando poco a poco del peso que había traído con ella. No era solo el lugar lo que la hacía sentirse más ligera, sino la compañía, la forma en que Thomas parecía entenderla sin necesidad de palabras.

- ¿Tú también escribes? -preguntó él de repente, rompiendo el silencio mientras miraba hacia adelante.

Clara lo miró sorprendida. ¿Cómo había adivinado?

- Sí, pero... no me gusta hablar mucho de eso. - Ella bajó la mirada hacia el suelo, un poco avergonzada. - No estoy segura de tener algo importante que decir.

Thomas la observó en silencio por unos segundos antes de hablar.

- A veces, no se trata de lo que se dice, sino de cómo se dice. - Luego, como si estuviera reflexionando en voz alta, añadió: - Tal vez lo que necesitas es solo un lugar donde las palabras puedan fluir sin miedo.

Clara lo miró de nuevo, algo conmovida por sus palabras. La lluvia no parecía tan fría ahora, y la ciudad no parecía tan grande. Algo, en el fondo de su ser, se despertó. No era solo París lo que la estaba cambiando; era esta conexión que estaba comenzando a forjarse, una conexión con alguien que la veía, que la escuchaba, que entendía.

- Tal vez -respondió Clara, sonriendo suavemente.

Ambos caminaron por las calles mojadas de París, sin prisa, dejándose llevar por el momento. No importaba que estuvieran empapados. Estaban juntos, y eso, de alguna forma, lo hacía todo más fácil.

También te puede gustar

Portada de la novela De Niñera a Esposa del CEO
9.3
El poderoso Paul Romano vive bajo la presión de un secreto oscuro que podría arruinar su reputación de magnate. Su destino se cruza con el de Valeria Williams, una joven estudiante de arte que acepta trabajar cuidando a su hija, Abril. Al instalarse en su mansión, Valeria empieza a descifrar los enigmas que oculta su jefe. Entre el lujo y el misterio, una pasión imparable nace entre ellos, desafiando sus realidades y el hermético mundo del CEO.
Portada de la novela Esposa Egoísta No Someterá
7.9
Después de cinco años de sacrificio, la realidad de la protagonista se quiebra cuando su marido, Mateo, le arrebata su espacio personal para instalar a su madre. Pese a su entrega, es tachada de egoísta, pero el hallazgo de obsequios caros y un aroma extraño en su armario confirma la infidelidad. Ante un matrimonio convertido en farsa, su dolor transmuta en una gélida resolución. Con el divorcio listo, emprende una batalla por recuperar su libertad.
Portada de la novela LA CHICA NUEVA
9.8
Antonella Gutiérrez llega a Canadá junto a su padre, buscando un nuevo comienzo tras el fallecimiento de su madre. Mientras él se adapta a su rol de padre soltero, ella se ve atrapada entre dos polos opuestos: el arrogante Fernando y el tierno León, quien desea conquistar su corazón. Con el apoyo de su amiga Ro, Antonella deberá navegar entre los oscuros secretos que dividen a ambos rivales para descubrir quién es su verdadero amor en esta etapa.
Portada de la novela LICÁNTROPO
9.5
Eddie Williams deja atrás su hogar en California, impulsado por su profundo amor por Leidy y su obsesión con la naturaleza de los lobos. Radicado en Cartagena, este estadounidense sumerge sus estudios académicos en el instinto letal de los cánidos, cruzando límites peligrosos. Sin embargo, lo que inició como una investigación científica se transforma en un horror absoluto cuando sus experimentos fallan, desatando una pesadilla de consecuencias fatales.
Portada de la novela Metiste La Pata, Soy Millonaria
9.1
La ingeniera Sofía salva su empresa con el proyecto Prometeo, pero es humillada y degradada a asistente de la inepta Luciana. Tras renunciar con dignidad, recibe un golpe devastador: su novio Mateo la deja por mensaje para estar con su rival. Traicionada en lo profesional y personal, Sofía no se detendrá. Impulsada por una rabia fría, ejecutará un plan secreto y usará su mayor as bajo la manga para cobrar una venganza implacable contra quienes la hundieron.
Portada de la novela Por siempre tuya.
8.9
Lucía se aventura hacia lo desconocido con el firme propósito de esclarecer los misterios que marcan su origen. Al arribar a su destino, las indagaciones sobre su identidad la conducen por un sendero imprevisto. Rodeada de enigmas y verdades ocultas, la joven halla un vínculo afectivo tan intenso que resulta inevitable. Esta búsqueda personal pronto deriva en un romance trascendental, una unión capaz de transformar su existencia y su futuro de forma permanente.