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Portada de la novela Aún después de mi muerte

Aún después de mi muerte

Mia, una joven de la élite, vive atormentada por un vacío interno y el acecho de una entidad sobrenatural. Tras sufrir una traición de su familia y un accidente inusual, logra salvar a un amigo. Sin embargo, el cuerpo de este ha sido ocupado por su amante de una vida anterior. Este espíritu vuelve del más allá para honrar un pacto eterno. Ambos deberán encarar fuerzas oscuras y desafíos personales para salvaguardar un amor que desafía a la muerte.
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Capítulo 2

Mia atraviesa la puerta rápidamente, escucha el retumbar cuando se cerró tras ella de golpe, pero no volteó, nunca sentía la necesidad de mirar atrás. Frente a ella, luz del sol la cegó, obligándola a cerrar los ojos y a cubrirse el rostro con el brazo; mientras fue abriendo los ojos poco a poco y descubriéndose, se fue maravillando del paisaje que la rodea, se encuentra en una especie de colina con verde césped que brilla con el sol por un aparente rocío. Todo lo que divisa eran más colinas donde hay grandes y frondosos árboles distribuidos perfectamente para que el paisaje no se viera abarrotado, hay algunos arbustos regados y diferentes flores alrededor. Parece una escena sacada de una película, sin embargo, Mia no se siente fuera de lugar, todo lo contrario, tiene la sensación de que aquello es muy acordé a ella y le pertenece.

Ella baja la mirada para observarse, su vestimenta ha cambiado, se ve envuelta en una prenda distinta, un vestido largo, hasta los tobillos, de un rosa pálido, con muchas cintas y encajes, ceñido en la cintura, bastante cubierto, pero cómodo; además nota el cabello recogido en un delicado moño, no puede verlo, pero pasa sus manos por él y nota que está bien elaborado, “solo en sueños” piensa con una sonrisa, pues usualmente Mia no pasa de recogerse el cabello en una coleta alta. Mia camina unos y pasos se nota descalza, levanta su mirada y en el horizonte ve a alguien a lo lejos, un hombre que se acerca, el corazón le retumba, no obstante en esta ocasión no es por miedo, ya aquel temor quedó en el pasado; siente el nerviosismo y las mariposas en el estómago, sin embargo, la causa es totalmente diferente.

El joven hombre camina resuelto y rápidamente hacia ella con una enorme sonrisa que la deslumbra, sus blancos dientes brillan en contraste con su piel morena clara, que parece hecha de caramelo.

Aquel joven posee un rostro perfectamente simétrico, con unos gruesos y bien definidos labios, una nariz fina y recta, sus ojos, sus deslumbrantes ojos ovalados de un color miel que derriten, están enmarcados por unas perfectas cejas rectas, algo curva en las puntas y no muy gruesas.

Todo su semblante encaja perfectamente con una ondulada cabellera negra y brillante a la luz del sol. Ese rostro no parecía de este mundo, sino un ser creado más bien para torturar con solo mirarlo.

El caballero alto y atlético se acerca deslizando sus pies descalzos sobre el césped, lleva una camisa manga larga blanca bombacha, pareciera que le queda algo grande, pero se ajusta perfectamente en los puños, de una tela algo translúcida, que con la luz del sol permite ver algo de unos músculos grandes y bastante definidos, se ve a leguas que el chico es poseedor de una ancha y fuerte espalda, lo que contrasta muy bien con su estrecha cintura, definida por un pantalón de vestir, con un corte bastante alto que se ajusta divinamente a su cintura, la bota del pantalón es toda ancha, más de lo normal, pero con el andar del joven, igualmente se marcan a la vista unas piernas gruesas; en realidad la ropa que usa el chico se nota anticuada, de otra época, cómo la de Mia, sin embargo, para nada lo desluce.

Cuando el joven esta a solo un par de metros de Mia, estira su mano hacia ella, esperando, mientras Mia esta como absorta, completamente embelesada contemplándolo.

— Vine por ti. — El sonido de su voz algo ronca, pero con un tono dulce, la hace reaccionar.

Mia dio un pequeño sobresalto y rápidamente se acerca a él, estirando su mano, la cual él toma y besa delicadamente en el reverso. Mia no se contiene más, no es su estilo después de todo contenerse, salta sobre los brazos del guapo joven y como puede se cuelga de su cuello haciendo que él baje un poco para corresponder su abrazo. Él la aprieta con la firmeza suficiente para que se sienta segura, sin asfixiarla, posa sus labios en su cabello para luego soltar una de sus manos y acariciar suavemente su espalda. El joven parece estar consolándola.

Mia se aprieta cada vez más a su cuerpo, puede sentir cada músculo marcado y fuerte, su respiración acompasada, la calidez de su tacto la hace estremecer y su olor, una mezcla de campo y miel la tiene mareada. Él siente los pequeños temblores y piensa que ella se encuentra asustada, temerosa, así que separa su abrazo para ver su rostro. Mia no se siente inquieta por su separación, todo lo contrario, aprovecha su oportunidad y se pone de puntillas sobre sus pies para estamparle un beso, él responde y sus labios bailan suavemente por un rato como un juego, con sensualidad.

Nuevamente con toda suavidad posible, él se separa de Mia, lo cual le molestó, ella quiere estar cerca de él, abrazándolo, besándolo, provocándole, Mia lo desea profundamente. El chico la toma de la mano, haciéndola caminar hacia una colina cercana para luego sentarse en el césped recostando su espalda a un enorme árbol. Con una mirada significativa y acomodando las piernas, invita a Mia para qué se siente en su regazo, ella no dudo y se lanzó sobre él.

— Te extrañé. — Declara el joven mientras la sostiene contra su pecho.

— Yo también. — Responde Mia.

No era la primera vez que Mia ve a este joven, lo había visto muchas veces en sus sueños luego de cumplir los dieciséis años, no era algo seguido, se trataban de sueños eventuales. En un principio se veían como amigos, los sueños eran cortos y sin gran significado, con el paso del tiempo eran más largos, mantenían conversaciones, sobre el lugar donde estaban o el clima, siempre se encontraban en un escenario y situación diferente.

En algún momento, los sueños se hicieron más profundos y llego el primer beso, él comenzó a hablar de cuanto la quería y su belleza, siempre mostrándose caballeroso y respetuoso, a Mia le encantaba, parecía de otra época, era como si la cortejara, en sueños. Él la hacía sentir, la hacía estremecer. Así con el paso del tiempo, Mia no lo pudo evitar, este joven adonis que no aparentaba más de veinticinco años de edad, se convirtió en el hombre de sus sueños.

Podía parecer una locura, y de cierta forma, si lo era, ¿Cómo podía alguien desear y querer a un personaje que no existía más que en los sueños?. Mia muchas veces se preguntaba porqué soñaba con aquel chico, que significado tenían esos sueños, quien era él. Incluso, trato de investigar al respecto, sin embargo, nunca encontró nada.

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