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Portada de la novela Atracción Peligrosa

Atracción Peligrosa

Andrew cae bajo el hechizo de una mujer tan bella como enigmática, ignorando el alto precio de su deseo. Lo que inicia como una intensa noche de pasión pronto se transforma en una fijación peligrosa que lo sumerge en un mundo de sombras. Cautivado por una atracción incontrolable, se ve forzado a navegar entre secretos y riesgos extremos. Al final, sucumbirá al romance y a un estilo de vida criminal donde la mafia y el misterio controlan cada uno de sus pasos.
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Capítulo 2

ANDREW

Supongo que he perdido los mejores años de mi juventud por estar tras una computadora. Mi vida entera gira entorno a ellas; he dejado de ser un hombre social, por convertirme en el nerd informático, cuál trabaja para una de las mejores empresas de seguridad de Filadelfia.

No es que no me apetezca salir a divertirme como lo haría un hombre común, solo que no cuento con el tiempo ni con las amistades correctas para salir a divertirme un poco; aunque mis compañeros de trabajo, insisten bastante para que les acompañe. Charles, mi único amigo ha dicho que no sucederá nada si salgo tan solo por un día. He tratado de evadirlo diciéndole una que otra mentira, pero el ver cómo hablan del magnífico club y del tipo de ambiente, no puedo negar que me da cierta curiosidad por conocer el mundo nocturno.

- Andrew, no seas amargado. Sabemos que tú trabajo es muy importante, pero tampoco es como que te vayas a perder por salir un rato - Annie es una castaña muy hermosa y con el hecho de que esté dirigiéndose a mí, me pone muy nervioso -. Ándale, estaremos allí pocas horas. ¿Qué dices?.

Sus ojos claros se me quedan viendo con gran ilusión, esperando a que mi respuesta sea afirmativa.

- No entiendo porque siguen perdiendo su tiempo en él, sí ya sabemos su respuesta - desde que entré a trabajar a esta empresa pude notar que no le caigo muy bien a Marc.

- No la vas a rechazar a ella, ¿o sí? - Charles me codea y trago grueso. Me pone en una posición tan difícil el tener que hablar con la chica más hermosa de la oficina -. Di que sí.

Todas las miradas se posan en mí. Las palabras no me salen y termino moviendo la cabeza en señal de afirmación; mi madre se pondrá feliz de ver qué su único hijo por fin sale de las cuatro paredes de su habitación.

- Verás que nos vamos a divertir - Annie sonríe y me quedo viéndola. Su sonrisa es muy dulce y bonita.

- Toma - Charles me entrega una hoja y frunzo el ceño -, para que te limpies las babas, tu saliva ha inundado todo el piso.

Aparto la mirada de Annie y me concentro nuevamente en mi trabajo. El nuevo sistema de seguridad está siendo verificado por mi persona; yo mismo creé el nuevo programa el cuál fue aceptado por el supervisor. Ese día casi muero de felicidad, pues pasé varios años  creándolo, y ver cómo halagan mi trabajo, vale la pena todo lo que luché para conseguir tal resultado tan efectivo.

El resto de tarde pasó más rápido de lo normal o esa fue mi impresión, o quizás sean los nervios que están presentes en mi cuerpo desde que Annie empezó a hablarme. ¿Cómo hacen para declarar amor tan fácilmente? Aún no le he dicho ni un hola y ya siento que me dará un infarto con solo mirarla. Me gusta demasiado y no sé qué debo hacer para acercarme a ella.

- No la vayas a embarrar, hoy tienes una oportunidad de hablar con ella y darle un poco de cariño - frunzo el ceño, no sé a qué se refiere.

- ¿Cómo así? No crees que es muy pronto - Charles sabe más de mujeres que yo. Nunca he tenido una novia y ya tengo veinticinco años.

- ¿Pronto para qué? Mira, entre copa y copa, y una buena charla, puedes llegar aunque sea a primera base.

- No comprendo a lo que te refieres, pero si crees que soy de esos hombres que tratan de llevar a una mujer a la cama, pues estás muy equivocado.

- Yo sé que no, por tu rostro se te nota lo virginal que eres - desvío la mirada realmente avergonzado. Tiene toda la razón, nunca he tenido contacto íntimo con una mujer -. Me refiero, a qué puedes llegar aunque sea a darle un beso. He notado cierto interés cuando te mira.

- ¿Eso crees? - pregunto algo ilusionado, y asiente -. No estoy seguro de ir a ese club nocturno.

- No la vas a plantar, no de nuevo. Se puede cansar de que la rechaces y mira que hay bastantes buitres rondando esa carne. Con unas copas de ron se te irá lo tímido.

- No soy de beber - resopla negando con la cabeza.

- Eres mi amigo, pero si no abres los ojos y ves el mundo que hay a tu alrededor; terminarás estrellándote bien feo con la realidad.

- Está bien, tienes toda la razón.

- ¿Están listos para la diversión, guapos? - Annie es demasiado alegre y tierna a la vez.

Asentimos y salimos un total de quince personas hacia el club nocturno, del que tanto habían hablado durante el día. Traté de estar sereno y no mostrar asombro a lo que vieran mis ojos.

Al llegar hicimos una mediana fila hasta que por fin nos permitieron entrar. Realmente me sorprendí mucho al traspasar las puertas; la atrayente música hacia que todos quedaran hipnotizada en ella. El lugar está a reventar y los cuerpos parecen moversen en perfecta sincronía unos con otros. Mujeres con vestidos cortos y ajustados a sus siluetas, hombres frotando sus cuerpos en ellas y estás mismas lo disfrutan.

- Por aquí, Andrew - Annie enganchó mi brazo con el suyo y me dejé guiar hasta nuestra mesa -. ¿Te gusta? - levantó la voz un poco.

- Sí, es muy cálido - sonrió y me di una bofetada mental. Mejor me mantengo callado o terminaré diciendo solo estupideces como la que acabo de decir.

- Dicen que a la media noche todo queda a oscuras durante dos minutos, supongo que puedes hacer lo que quieras en ese tiempo  - mi mente no captó su indirecta.

- No sabía que hacían eso en estos lugares - pienso en voz alta. Nos sentamos en nuestro lugar y me dió una mirada que no supe descifrar. No me siento para nada cómodo estando en lugar de estos. No creo soportar hasta la media noche.

- ¡Ron para todos! - Marc luce más animado y relajado ahora que en la oficina.

Dejó cada una de las copas sobre la mesa y sirvió una a una del líquido extraño que hay en el interior de la botella. Todos nos encontramos sentados en un círculo y hablar es mucho más fácil. Tengo la vista perfecta de la pista de baile, mis ojos escanean con detenimiento cada uno de los cuerpos brillantes que se mueven sin cansarsen en el centro de la pista.

Mi vista cae en una rubia preciosa, vestida de negro. Su cabello cae en hondas hasta sus hombros y sus caderas se mueven sensualmente al mismo son de la música. Una mano la aprisiona en su vientre bajo y me doy cuenta que un hombre está tras ella moviéndose al unísono. Sus ojos están cerrados mientras sus labios están entre abiertos tomando aire. Su piel brilla de sudor y por las luces que reflejan cada parte de su cuerpo. 

Trago saliva repetidas veces, esa mujer me ha hecho secar la garganta con la manera tan deliberada y sexy en que se mueve; de abajo y hacia arriba muy lentamente frotándose contra el hombre. Un cosquilleo intermitente y desconocido se plasma en la punta de mi pene; jamás había sentido está necesidad tan grande de tocarme con el baile de una mujer. Quizás y no sea su baile, si no ella.

¿Qué hago pensando en estas cosas? Estoy pareciendo un pervertido y un completo degenerado, pero por más que quiera apartar mis ojos de ella, no puedo.

Es un imán que atrae con fuerza.

- Bebe de tu copa, Andrew - me sobresalto un poco al escuchar a Annie en mi oído -. El ron no es tan malo.

- Jamás lo he probado - confieso y su aire sopla mi nuca cuando ríe haciéndome estremecer.

- Solo será una copa - la miro de reojo y vuelvo la mirada a la copa frente a mí.

Con que pruebe una vez no me pasará absolutamente nada. Agarro el vaso de cristal y lo llevo a mis labios lentamente, el fuerte olor golpea mis fosas nasales, provocando que arrugue la nariz; cierro los ojos bebiendo del ron completamente de un solo golpe. Mi garganta arde hasta que el líquido llega a mi estómago, un frío me corre todo el cuerpo y, al abrir los ojos, todos celebran de la magistral noche que nos aguarda.

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