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Portada de la novela Atracción Mortal.

Atracción Mortal.

La vida de Emily Brown cambia radicalmente cuando su rutina escolar se convierte en una pesadilla llena de riesgos. Envuelta en una atmósfera de constante peligro, Emily se vuelve el blanco de amenazas mientras intenta descifrar los misterios que rodean a un chico muy enigmático. En este relato de romance y suspense, las apariencias engañan y cada sospecha es vital. Solo cuestionando la realidad podrá descubrir las verdaderas identidades ocultas.
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Capítulo 2

CAPITULO 2

De un segundo a otro la cafetería se volvió silenciosa. Todos, incluso las cocineras, dejaron de hacer su trabajo. Me senté rígidamente y me giré hacia a él. Su mandíbula estaba contraída y sus labios estaban apretados en una línea recta.

—¿Disculpa? —pregunté cautelosamente.

—¿Acaso estás sorda? —exclamó, sus puños formándose a los costados.

Escuché el movimiento de una silla a unos metros de la mesa y por el rabillo del ojo vi a Alexander ponerse de pie.

—No le hables así a mi hermana.

Max lo miró con enojo por haberlo interrumpido.

—Mi asunto es con ella —respondió entre dientes.

—Los problemas que tengas con ella —caminó hasta ponerse frente a él y comencé asustarme—, los arreglas conmigo.

—Alexander, no hagas esto —susurré, con la esperanza de no crear una discusión.

Max respiró profundamente, poniendo toda su atención ahora en mi hermano.

—Más vale que le digas a tu hermanita que deje de mirarme como una mujerzuela... —sus palabras fueron abruptamente reemplazadas por el golpe que Alexander le propinó en la boca.

La tensión de alrededor fue cada vez más palpable. Sin embargo, Max se incorporó y se pasó el dorso de la mano en el labio inferior para limpiar las gotas de sangre que brotaban de esa zona. Gruñendo de ira, se lanzó sobre él y empezó a golpearlo en el estómago. La reacción de Alexander fue un sonido sordo antes de que cayera de rodillas al suelo.

Con el corazón acelerado me dirigí hacia a él. Claire y Kim me detuvieron sujetándome de los hombros mientras los demás murmuraban y miraban lo sucedido. Era lo único que eran capaces de hacer porque estaba segura de que nadie se atrevería a acercarse. Había quedado claro desde un inicio que me tendría que mantener alejada de él o de lo contrario tenía que atenerme a las consecuencias. Y mi hermano era el que estaba sufriendo esas consecuencias por protegerme.

Max siguió atacándolo sin importarle los gritos que emitía para que se detuviera. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas al observar a Alexander quejándose y tratando de cubrirse de las agresiones. El pecho me dolió tanto que temí sofocarme. No podía verlo sufrir. La impotencia y la ira fluyeron en mi interior y con la bilis en la garganta me zafé de los brazos de mis amigas.

—¡Déjalo en paz! —lo empujé, apartándolo de Alexander. Max quedó desprevenido por un instante, seguramente por que no pensó que interviniera, y luego me miró con advertencia.

—Fuera de mi camino o si no te golpearé.

El terror me invadió, pero la adrenalina sobresalió.

—No te atreverías —dije, sintiéndome insegura por dentro.

—¿Me estás retando? —sonrió irónicamente mientras sacudía la cabeza—. Eres débil, como todas las personas de aquí. Podría tenerte en el suelo con tan solo un golpe igual que a tu hermano.

Escuché a Alexander gemir de dolor y el coraje se apoderó de mis venas. Cuando menos pensé mi pequeño puño se conectó directamente a su ojo. Sentí que el tiempo se detenía. Los demás soltaron un grito ahogado, impactados por mi reacción. Y para no mentir, yo también estaba sorprendida. Fue algo inesperado, pero sinceramente se lo merecía.

El cuerpo de Max se quedó estático asimilando lo ocurrido. Cuando se convenció de que lo había enfrentado, se acercó a mí bruscamente de tal modo que quedamos de frente. Su altura me intimidó mientras percibía su respiración agitada en mi rostro. Sus ojos brillaron de una manera aterradora y me pregunté si sería capaz de golpearme.

—¡Wilson! —la voz del director resonó por toda la cafetería—. ¡A mi oficina ahora!

Max me observó por unos momentos que me parecieron eternos. Estaba realmente asustada, pero permanecí firme hasta que finalmente se apartó. Tomé la oportunidad para agacharme al lado de Alexander, quien seguía quejándose por lo bajo.

—¿Qué mierda están mirando? —dijo Max antes de salir de la cafetería en compañía del director.

Los inútiles de mis compañeros se levantaron de sus lugares y se acercaron a nosotros. Quería gritarles que eran unos cobardes.

¿Cómo pudieron no hacer nada? Me parecía absurdo que se dejaran manipular por un chico raro.

—No te muevas —le dije a Alexander cuando comenzó a toser—, vas a estar bien.

Sus amigos lo ayudaron a por lo menos sentarse y su novia, Karen, se arrodilló mientras sollozaba. La campana sonó dando por terminado el descanso y el espectáculo. A nuestra coordinadora le avisaron lo que había pasado, por lo que nos dio el permiso de irnos a casa para que un médico atendiera a Alexander. Kim y Claire me acompañaron a ir por mis cosas al salón, cuando me despedí de ellas lo hice secamente. Estaba molesta con todos lo que no hicieron absolutamente nada.

Mientras Alexander estaba esperándome con su novia en la camioneta, guardé algunos libros en el casillero. Las clases habían reiniciado y los pasillos estaban vacíos. Medité los acontecimientos anteriores, pero no encontré una razón lógica para que Max golpeara a mi hermano cruelmente por haberme defendido.

Guiándome solamente por su actitud violenta, ajusté la mochila en mis hombros y me dirigí a la puerta del edificio. Cuando pasé por la oficina del director, la puerta se abrió. Max salió acompañado de un oficial y me miró con la misma intensidad de antes. Me estremecí y apresuré el paso. Tenía que calmarme, no podía hacer nada con un agente del Gobierno presente. Cuando estuve a punto de salir al exterior, volteé hacia los pasillos solamente para confirmar que seguía observándome como si estuviera planeando su siguiente ataque.

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