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Portada de la novela Atados por Amor

Atados por Amor

La diseñadora Natalie Collins vuelve a su hogar tras siete años en Milán, abandonando su autonomía para cumplir con un compromiso forzado. En este retorno se cruza con Dominik Kirgyakos, un influyente y arrogante heredero. Por presión familiar y para proteger sus intereses comerciales, ambos pactan una convivencia obligatoria a pesar de su desprecio mutuo. En medio de roces y una fuerte tensión, verán que el odio y el afecto se confunden fácilmente.
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Capítulo 3

NATALIE

°° ♡ °°

Efectivamente el tráfico era de lo peor. Llegue a casi nada para documentar en recepción y lograr entrar en la sala de espera un poco antes. 

La ventaja era que ya no traía mi equipaje y podía ir al sanitario sin preocupación alguna. Tome mi bolso y mi pequeña maleta de mano para dirigirme al baño de damas.  

El lugar estaba casi vacío cuando entre, tenía poco tiempo para hacer mis necesidades y poderme dar una manita de gato. Estaba horrible, parecía que había corrido en un maratón. Los mechones de mi coleta se salieron, y el rimen se me había corrido un poco por el sudor, pues si después de correr como Ana Guevara, como no me iba a pasar eso. 

No suelo recargar mi maquillaje en grandes cantidades como las modelo, pero nunca salgo con algo de rimen y labial en mis labios. Me gusta verme bien pero sencilla y fresca. 

Terminé de acomodar mi cabello y maquillarme, antes de meter las cosas al bolso, veo mi reloj de pulsera y me cercioro de la hora. Mis ojos se abren de sorpresa al darme cuenta que solo faltan diez minutos para abordar el avión. Con rapidez cierro la maleta y la tomo para salir casi corriendo. Aquí voy de nuevo. 

Al cruzar la puerta y pasar de largo por el pasillo chocó con el brazo de alguien. ¡Assh eso dolió!. Al momento de impactar con el cuerpo de esa persona las cosas que traía adentro de mi maleta salen disparadas por el cielo, terminado todo regado en el suelo. 

«Lo que me faltaba» 

El tipo ni se molesta en ver con quién chocó ni nada, ya que iba bien enfocado en su llamada. Llevaba un celular en su mano pegado en la oreja. Sigue su camino dejándome ahí con mis cosas esparcidas y con cara de loca maniaca. 

«Imbécil»  

No vi su rostro ya que en ningún momento se detuvo ni para disculparse o mínimo para ver con quien había impactado. Su espalda ancha y su cabellera castaña fue lo único que vi cuando dio vuelta al final del pasillo. 

¿Cómo puede ver gente tan grosera y sin educación? Dejando atrás ese tropiezo horroroso, me agache para recoger todas mis cosas. Veo nuevamente el reloj y faltan menos de cinco minutos. «¡Oh no! Otra vez debo correr.»

Y eso es lo que hago. Después de levantar mi tiradero salgo como rayo disparado a la salida de abordaje. Debo llegar si no me dejarán, y en estos momentos no puedo darme el lujo de pagar otro boleto. 

Creo que en mi otra vida fui corredora olímpica, o algo por el estilo. Jamás en mi vida había corrido como lo hice en este instante. Llegue en menos de tres minutos a la puerta, la joven azafata estaba apunto de cerrar cuando ne acerque y frene casi resbalándome por la velocidad con la que iba. 

Quería recuperar el aliento pero no había tiempo, debía pedirle que me dejara pasar. 

-Falto.. yo.. -no podía ni hablar -Estaba.. en el baño.. -señale. 

-¿Tiene su boleto?  

Asentí y lo saque del bolsillo de mi chaqueta. Se lo entregué y ella accedió dándome el pase. 

-Bien. Ventanilla, asiento A20 -me informa después de cortar el boleto y entregarme lo de vuelta -Rápido que está apunto de cerrar puertas y despegar.  

Le agradezco y salgo otra vez casi corriendo por el pasillo que te lleva a la puerta del avión. Llege justo a tiempo, todavía estaban recibiendo. Me reciben los azafatas y me invitan a sentarme.  

El avión estaba a casi nada de despegar. En el altavoz dan aviso para que todos tomen asiento, así que rápidamente me pongo a buscar mi lugar asignado. 

En la parte de arriba donde se coloca el equipaje hay una numeración con letras que te indica que asiento es. Es en donde fijo mi vista hasta dar con el que me tocó. Una vez lo encuentro meto mi equipaje en uno de los compartimiento que estaban arriba de los asientos.  

Una vez hecho eso, fijo mi vista en mi asiento. Estaba del lado de la ventanilla, pero para cruzar hasta allá debía pasar muy cerca de un individuo. El hombre estaba muy concentrado en su móvil, que ni se percató de mi presencia cuando me pare junto a él esperando a que se moviera para pasar. 

-Disculpe, me permite -señale, tuve que hablar para que se diera cuenta de mi presencia y el motivo de porque estaba ahí de pie. 

El hombre tardó en reaccionar y levantó la cabeza para fijar su mirada en mí.  

El tipo frunció la ceja como si no comprendiera porque razón le hablé, pero después cambió su expresión a una seria cuando se puso de pie para dejarme pasar. No había dicho nada, y la verdad preferí que no lo hiciera. 

Sin esperar me moví y me coloque en mi asiento, el tipo regresó a su sitio y volvió a lo suyo. Se nota que no tenía modales. En fin, ignore al susodicho que se encontraba a mi lado y puse toda mi atención en la ventanilla. 

-No entiendo como pueden dejar pasar a gente incumplida -el hombre sin educación hablo, en un tono bajo. 

Gire para verle y lo fulmine con la mirada. ¿Quién se cree que es?  

-¿Disculpe? -no me iba a quedar callada. 

Me ignoró y siguió con su móvil, por unos segundos más. Una azafata se acerco para pedirle que apagara el celular y él le respondí en un tono grosero pero aún así obedeció.«Que tipo tan irritante.» Pero antes de que la chica se fuera él se quejó de algo. 

-¿Cuándo me pasarán a la parte vip? Esta clase baja no va con mi posición -dijo, de un modo engreído.  

Lo que faltaba es un ricachón soberbio y maleducado. Su dinero no le ayuda a ser un mejor ser humano, eso sin duda. 

No le había puesto atención hasta ahora que vi como se quejaba con la chica. Vestía un traje azul oscuro de marca, si le ponía muy bien atención podía comprobar que estaba casi nadando en dinero. Lo decía su ropa, sus accesorios y su rostro arrogante cuidadoso. 

Yo soy muy buena para distinguir muy bien una prenda de marca y lo que traía puesto podía ver que era una de las más buenas y costosas. Hice un gesto de mal gusto cuando se giró y notó  que lo estudiaba con la mirada.  

-¿Te gusta lo que ves? -alzo su ceja con arrogancia cuando preguntó.  

Rápidamente aparte los ojos y me giré nuevamente hacía la ventanilla, mientras murmure. 

-Quisieras.. presumido. 

Para no oír sus quejas ni su irritante voz, saqué mis audífonos encendí el reproductor de mi móvil. Espero pronto se vaya a su estúpida zona VIP. 

No sé en qué momento me quede dormida cuando me doy cuenta que el tipo grosero de a lado ya no estaba. Ahora se encontraba una tierna anciana en el asiento. Mucho mejor que ese presuntuoso millonario.  

En poco tiempo estaré de muevo en casa. Después de que mi tía Eliza, la hermana menor de papá me llamará y me diera la noticia de que mi padre se puso mal y recayó en cama, comencé a preocuparme. Todavía no sabía la causa de su malestar, solo me dijo que su doctor de cabecera le recomendó absoluto reposo. Ni tenía idea de que estuviera enfermo. 

Si tengo contacto con él, hablamos con frecuencia pero, al parecer no todo me lo cuenta. No sabía que estaba viendo a su médico más de lo normal. No sé que más me ha ocultado, pero esto no me gusta nada. 

El avión aterrizó en la autopista del aeropuerto de Boston. En ese tiempo el clima estaba un poco fresco se acercaba el otoño y en esta ciudad la temperatura bajaba mucho. 

Decidida y con el pie derecho salgo para dirigirme a lo nuevo que me tiene deparado el destino en esta ciudad. Esperemos que todo fluya con facilidad y pueda volver muy pronto a Milán.

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