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Portada de la novela Atada a mi CEO mentiroso

Atada a mi CEO mentiroso

Ava enfrenta un dilema tras una tragedia familiar: debe casarse en un año para evitar que su padre controle su herencia y el destino de su hermana Olivia. Tras la traición de su prometido, acepta la propuesta de una desconocida para desposar a Dante. Él es un CEO arrogante que oculta su riqueza y finge una orientación sexual distinta para sus propios fines. Entre mentiras y secretos, Ava intentará descubrir si el amor es posible en esta unión pactada.
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Capítulo 2

Ava sintió el carro estacionarse, prestó atención como Dante salía del carro, su mente era un caos de emociones, ese hombre hasta unas horas atrás era gay y su amor imposible, ahora resultó ser un CEO de una de las empresas más importante en el área de la tecnología. Sus nervios se hicieron presentes «¡Ay dios! Ahora que hago ahora, si varias veces fui yo la que se le insinuaba». Exclamó mentalmente.

Dante rodeó el carro y abrió la puerta trasera, se inclinó y tomó la mano de su esposa que forjaba para no salir, la agarró y lanzó en su hombro, unos de sus guardaespaldas le abrió la puerta principal de su mansión. Dante entraba a paso firme.

—¡Bájame imbécil! Eres un mentiroso, ¿cómo pudiste engañarme? —gritó enojada al imaginarse lo que él piensa hacer.

—¡Bájame maldito, mentiroso! —gritó nuevamente.

—Es mejor que te quedes quieta conejita, falta poco para llegar a nuestra habitación —respondió subiendo las escaleras.

—¡Bájame! Puedo caminar sola —expresó altanera.

Antes de subir el último escalón le dio dos nalgadas.

—¡Me la vas a pagar! Lo que le faltaba a un mentiroso, ser un maltratador de mujeres —protestó mientras le daba manotazos en su espalda.

Él no le hizo caso, entró a su habitación cerrando la puerta con el pie y la tiró sobre la cama.

Ava cayó como una pluma en una acogedora y amplia cama, mientras un delicioso aroma a limón mentolado se colaba por su nariz, esa habitación olía a ese hombre.

—Déjame ir, Eres un pervertido, degenerado, ¡No me toques!, no quiero estar aquí, yo… —ella se quedó muda cuando lo vio quitarse la camisa delante de ella, antes lo había hecho, pero nunca de esa forma tan sensual que ven sus ojos, unos amplios hombros, sus pectorales fuertes, ese abdomen plano y marcado que la dejaron inmóvil.

—¿Te gusta lo que ves mi amada esposa? —pronunció él mientras continuaba quitándose el pantalón y los zapatos.

El cuerpo de Ava se estremeció y un vapor iba creciendo desde su interior al verlo en bóxer, sus mejillas se tornaron rojizas, trago saliva al sentir una sensación de deseo, pero ella no podía darse por vencida.

—Solo quiero el divorcio, por favor no hagas esto —expulsó con debilidad de su garganta.

—¡No Ava! Recuerdas el contrato que firmamos y la cláusula que dice que nos podemos divorciar cuando yo lo decida, lo siento querida, ¡yo no quiero! —esbozo una sonrisa pervertida en su rostro mientras le quitaba las zapatillas.

—¿Qué? Yo no sabía de esa cláusula, me engañaste otra vez como una boba y te puedo obligar, te voy a engañar con otros hombres, que la prensa se entere y por vergüenza no te quedará de otra que firmar.

Dante soltó una carcajada maliciosa mientras le rompía el vestido listo para atacar como un depredador.

—Hoy se hizo público que eres mi esposa. ¿Quiero ver quién es el primer cobarde que se atreva a enfrentarme?

—¡No te atrevas a tomarme por la fuerza!. O ¡No te lo voy a perdonar! —señaló irritada, mientras lo veía posicionarse encima de ella. Ava jadeo por la ansiedad de tenerlo tan cerca y sabía que ya podía escapar de su destino.

—¡Lo siento! No puedo resistirme, eres tan hermosa, si quieres mañana me insultas y me golpeas, pero déjame disfrutarte —se apoderó de su boca y le mordió el labio inferior con delicadeza, cuando ella separó sus labios aprovechó e invadió con su lengua su interior, mientras cada mano se apoderó de cada uno de sus senos masajeandolos con ansias.

Ava estaba perdida en aquel beso, su mente se nubló de lujuria al sentir su erección presionando su delgado blúmer, haciéndola soltar un gemido que ella misma no entendía.

Dante interrumpió el beso para darle aire, fue bajando su boca para proporcionarle pequeños mordiscos y rozar su lengua con pasión por su hermoso cuello. Luego llegó a sus senos redondos, estaban erguidos llamándolo para ser poseídos por su boca, pasó su lengua por uno de sus pezones rosados, mientras que con dos dedos hacía círculos en el otro pezón.

Ava soltaba pequeños gemidos, por el contacto de esa lengua en sus pezones, que él intercambiaba para jugar con su boca con cada uno de ellos. Cuando él se detuvo y le quitó su blúmer, ella le echó un vistazo y observó una pequeña sonrisa maliciosa dibujada en sus labios.

—¡Ava! ¡Está humedad! ¿Acaso estás entusiasmada de estar conmigo? —indicó pasando dos dedos de arriba a abajo por su hendidura rosada.

Ella no contestó, como respuesta él recibió un jadeo de placer. Ava estaba perdiendo la fuerza de voluntad.

Dante tomó su mano y se la puso sobre su hombría que aún estaba dentro de su bóxer.

—Siente cuanto te deseo mi hermosa conejita, me tienes loco de amor por ti, esto es tu culpa, no sabes cuantas veces te desee cuando paseabas por la sala con esas mini pijamas de conejo, yo tenía que correr al baño para ducharme con agua fría, así de duro me tenías —susurró con una voz sensual y quebrada ya no se podía contener.

Él se quitó el bóxer y se posicionó entre sus muslos, posó sus codos en cada lado de ella y volvió apoderarse de su boca, mientras la penetraba con cuidado.

Ava se quejó dentro de su boca al sentir una punzada de dolor.

—El dolor pasará pronto mi amor, solo relájate, me aprietas tan fuerte que estoy conteniendo las ganas de moverme —él le decía mientras esperaba que el cuerpo de ella se adaptara a su hombría.

Ava sintió como el dolor iba desapareciendo y su cuerpo quería más de él, se movió debajo de Dante. Ella lo miraba fijamente con lujuria, indicando que continúe.

Dante sonrió y empezó a moverse mientras ella esparcía sonidos libidinosos que eran un canto para sus oídos, provocando que la embustera cada vez más rápida con cada gemido que eran cada vez más intensos.

Ava le gustaba lo que estaba experimentando, enrosco sus piernas en las caderas de él para disfrutar de cada embestida. Ya no tenía control de su cuerpo que se movía al mismo ritmo que él.

Él agarró las piernas de ella y las apartó de sus caderas y la llevó a sus hombros. No aguanto más al sentir que entraba completo en ella, esa sensación lo tenía desbordado de gozo y se corrió dentro de su intimidad, mientras ella gimió desesperada ante el orgasmo que está experimentando.

Dante agitado soltó sus piernas y se posicionó sobre ella, unieron sus frentes mientras él soltaba un sonido varonil desde su interior, depositando en ella su espeso líquido caliente. Cuando recuperó el aliento se lanzó a su lado para calmar su respiración.

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