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Portada de la novela Arderemos en lo prohibido

Arderemos en lo prohibido

El clan Tigre Blanco domina el oriente bajo el mando de la familia Zhao, tras la caída del Dragón Rojo hace décadas. Al buscar su retiro, el líder Loan Zhao consulta a los monjes para descifrar su tatuaje sagrado y elegir sucesor. La profecía revela un destino trágico: sus hijos enfrentarán romances prohibidos vinculados al pasado. Ahora, la estirpe debe elegir entre alianzas de poder o consumirse en pasiones peligrosas que amenazan con destruirlos por completo.
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Capítulo 7

Candy no podía moverse, no solo porque su mejor amiga acababa de morir en sus brazos, o porque su hermano estuviera muerto a un lado de ella, Candy sabía que ese era el fin que a todos les llegaba, de diferentes formas, pero todos morirían algún día, lo que tenía sumida a Candy en un silencio y quietud total, era la información que Melody le acababa de dar, ahora debía pensar cómo actuar, no podía solo ir por su nieto, o nieta, no solo porque no sabía cuál de los tres Zhao era su nieto, también estaba el hecho de que Felipe siempre pensó que el esperma que Ming le había quitado el día que lo violo había sido destruido. Candy sabía que, si daba un paso en falso, una guerra se podía desatar, en especial porque Melody había sido como una madre para Jade y una abuela para los niños Zhao, sabía que tanto Jade como Loan adoraban a sus hijos por igual, y si Melody no hubiera dicho lo que dijo, jamás creería que uno de esos niños no era hijo de Jade, no, definitivamente no podía solo aparecer y decir vengo por mi nieto, eso sería como querer desarmar una bomba nuclear con un martillo hidráulico, no resultaría nada bien.

— Seremos solo la familia. — murmuro Hades horas después, aun viendo a sus padres, fríos, pálidos, pero al menos ya no tenían sangre manchando sus rostros.

— No, mi hermano y mi amiga merecen más, fueron a muchos los que salvaron, más a los que le enseñaron sus destrezas, que el mundo sepa que mi Ángel guardián se fue con mi hermano a reunirse con Dulce. — los ojos de Candy estaban tan hinchados por el llanto que casi parecían que estaban cerrados.

— Entonces así será tía, así será.

La mansión Zabet abrió sus negros y pesados portones de hierro, como tantas veces lo había hecho, aunque en esta ocasión no fue por una boda, por lo que las personas no vestían atuendos llamativos, ni sus mejores joyas, claro que no; todos ingresaban de negro, todos, menos una familia que llego vistiendo de blanco.

— ¿Quiénes son? — pregunto Lizbeth asombrada no solo por la vestimenta del clan, sino por la belleza que poseían.

— El clan del tigre blanco. — respondió en un susurro Walter al distinguir a Huang Lei.

— Muero por ver como Hades los saca a patadas por venir de blanco, idiotas. — el desprecio en la voz de Renzo hizo que Lizbeth lo vea raro.

— El único idiota eres tú. — Dalia estaba cansada de la actitud de Renzo, ellos eran los Bach, y era mucho lo que se esperaba que hicieran, pero su hermano no sabía ni lo más básico y eso estaba claro. — Son del país X, en su cultura el blanco representa el luto, Dios, madura Renzo, estudia, por lo que más quieras haz algo útil en tu vida. — sin decir más la castaña se marchó a acompañar a Alma, la nieta mayor de Matt y Melody estaba destrozada y no lo disimulaba.

Candy sentía su corazón roto, una parte importante de su vida se iría con su hermano y cuñada, pero también sabía que el dolor no la podía paralizar, menos porque ellos habían dado la vida en busca de una verdad que nadie conocía.

— Lucero. — llamo a la esposa de su hijo mayor, la castaña la siguió sin decir nada, se podría decir que solo Candy y Kimberly podían hacer eso con la actual cabeza de la familia Bach.

— ¿Qué sucede Candy? — se atrevió a preguntar Lucero, ya que Candy había detenido su caminar y se había apoyado en una de las vigas de la casa, se encontraban en el jardín trasero, y Candy tenía sus ojos fijos en la enorme casa del árbol que una vez Amir y Matt construyeron para sus hijos y que luego usaron sus nietos.

— Necesito un favor de los Bach. — no solo Lucero dejo de respirar, Dalia que estaba caminando por el lugar escapando de las discusiones de Renzo y Lizbeth también dejo de respirar, pero tuvo la astucia justa para esconderse detrás de un arbusto, sabía que no debería estar allí, mucho menos escuchar lo que estaba escuchando, pero la joven era codiciosa, queria ser la próxima cabeza de la familia, para Dalia, su primo Horus no merecía aquel puesto.

— ¿Qué? — Lucero no creía lo que escuchaba, la familia Zabet- Ángel tenía dinero, sicarios, empresarios y asesinos, por lo que no le cabía en la cabeza que pudiera necesitar su suegra para ponerse en deuda con ellos, los Bach.

— Necesito un favor, y que guardes el secreto incluso de mi hijo Eros hasta que yo lo decida. — su suegra le pedía un favor, peor aún, le estaba ordenando ocultarle algo a su esposo.

—Candy… sabes que por más que seamos familia si pides un favor…

— Te lo pagare, a ti o a quien tome tu lugar, les daré mi alma si así lo pides.

— Me estas asustando, será mejor que hables de una vez, sabes que, si está en nuestras manos conseguirlo, lo hare. — Lucero no mentía, eran pocas cosas la que los Bach no podían conseguir.

— Necesito que alguien de tu entera confianza se infiltre en la familia Zhao, necesito una muestra de ADN de los tres jóvenes de la familia. — Lucero se instruyó por años para ser la gran señora, casi no se le escapaban cosas a su entendimiento, pero ahora, no alcanzaba a comprender lo que Candy le pedía.

— Pero, puedes tomarlas ahora, cuando beban algo o…

— No, los Zhao consideraban a Melody parte de su familia, a decir verdad, el sentimiento era mutuo, ellos tienen una regla ante el luto, no beberán ni comerán hasta que su ser querido sea llevado a su última morada, y sé que luego de que Melody sea sepultada ellos regresarán a China. — además de dolida, Candy se notaba ansiosa y Lucero se preguntaba ¿Por qué?

— Le puedo pedir a Jade que se quede… — era un secreto que casi nadie conocía, el hecho de que Lucero y Jade eran primas y amigas.

— No lo harán, ellos ya escogieron al próximo líder de su organización, los van a guiar para que trabajen en equipo y yo no lo puedo permitir, no cuando uno de los tres es hijo de Felipe. — Lucero mantuvo la calma, parte de ser la cabeza de familia era tener nervios de acero.

— Comprendo, y no debes preocuparte, los Bach cumpliremos con lo solicitado y a cambio… tu familia nos deberá un favor. — Candy sabia los riesgos, esa joven podía ser su nuera, pero la familia que representaba tarde o temprano cambiaria de sucesora, y solo entonces sabría el precio a pagar por ese favor.

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